lunes, septiembre 26, 2022
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Flexibilidad y mejores ingresos: lo que quieren los colaboradores de la economía digital

Las nuevas modalidades de trabajo, especialmente en la economía de las plataformas digitales, son valoradas por las personas debido a condiciones de flexibilidad, temporalidad e ingresos.

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La economía digital está creando un nuevo paradigma del trabajo. Gracias a la mayor penetración de Internet y el acceso a dispositivos tecnológicos, las personas se conectan desde cualquier lugar donde estén para generar ingresos de manera remota; otras se han volcado al comercio electrónico para impulsar sus emprendimientos o expandir sus negocios; mientras que varias más aprovechan las plataformas digitales para realizar actividades temporales que les permitan generar ingresos, incluidas mujeres.

Todas estas actividades han sido posibles gracias a las TIC y la innovación tecnológica, que permiten llevar a cabo transacciones más eficientes en relación con el costo y beneficio, e intercambiar grandes volúmenes de datos para obtener valor de ellos. 

Hoy, la base de la economía digital depende de qué tanto se aprovechen los datos para generar riqueza y nuevos negocios. Además, las nuevas modalidades de generación de ingresos que ha propiciado la economía digital tienen en común elementos que son muy apreciados por quienes las desempeñan, como la flexibilidad, la libertad, la temporalidad, las alternativas de ingresos o la facilidad de entrada.

Particularmente en las plataformas digitales, algunos grupos de la población como las personas migrantes, los jóvenes, las mujeres o las personas con un bajo nivel de estudios encuentran una vía importante de oportunidades y beneficios para generar ingresos, a través de actividades que se adapten a sus otras ocupaciones, para quienes no se exigen demasiados requisitos o quieren ser sus propios jefes en términos de disponibilidad, tiempo y dedicación.

Adair, un joven de 26 años que estudia en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, utiliza la plataforma de movilidad de DiDi para generar ingresos y apoyar con los gastos del hogar familiar, mientras continúa la carrera universitaria:

Soy dueño de mi tiempo, puedo manejar el día que yo quiera, a la hora que yo quiera y los días que yo quiera. Otra ventaja que he visto es que realmente es un trabajo bien pagado. Cuando tú eres dueño del carro, es un trabajo bien pagado porque no le pagas a nadie”, señala el joven en entrevista exclusiva.

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El joven estudiante es uno de casi la mitad de conductores de las plataformas (47%) que valora la flexibilidad de esta fuente de ingresos y del 28 por ciento que aprecia la cantidad de dinero que puede ganar mediante ellas, de acuerdo con una encuesta de El Colegio de México.

Él, como muchos otros conductores, se conecta a la aplicación de movilidad cuando puede y quiere, pues es una ocupación complementaria y temporal mientras termina su formación universitaria. En las vacaciones de la UNAM, utiliza con mayor frecuencia la plataforma para ganar dinero que luego pueda gastar en su recreación o ahorrar.

Años atrás, solía trabajar en una empresa de mercadotecnia donde ganaba mil 700 pesos a la semana y le demandaba de 12 a 13 horas diarias. Las horas extras no se le pagaban. 

En comparación con ese salario, asegura, la opción de las plataformas de transporte le permite obtener ingresos superiores en una menor cantidad de tiempo sin descuidar sus estudios.

Sin embargo, Adair opina que los beneficios que se pueden obtener en esta modalidad de actividad dependen de las diversas condiciones de las personas, de cuánto tiempo se conectan para tomar viajes y de otros factores como que el vehículo sea de su propiedad o no. Todo ello es parte de la flexibilidad de los modelos de negocio. 

Qué ofrece la gig economy a las mujeres

De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT) de las Naciones Unidas, en la última década el número de plataformas digitales de trabajo se ha quintuplicado: pasó de 142 en 2010 a 777 en 2020. 

Existe una amplia variedad de aplicaciones: por ejemplo, las de transporte, entrega de productos y comida a domicilio, servicios de reparación a domicilio, trabajo doméstico y prestación de cuidados, o bien la prestación de servicios profesionales como el desarrollo web o la traducción de textos a distancia.

Estas tareas forman parte de la llamada economía colaborativa (gig economy), entendida como el intercambio de actividades, bienes y servicios por parte de diferentes actores a través de las plataformas digitales. 

Se trata de una relativamente nueva modalidad para generar ingresos que atrae cada vez a más afiliados.

Sobre todo, la pandemia de la Covid-19 le dio un impulso mayor, ya que la pérdida de empleos en América Latina propició que una parte importante de la población buscara en las plataformas una tabla de salvación para conseguir ingresos, incluso superiores a los salarios mínimos de cada país o algunas veces por encima de los de ciertas ocupaciones.

Un estudio de la OIT muestra que las dos principales motivaciones de las personas para sumarse a las plataformas digitales son la posibilidad de obtener ingresos complementarios y la preferencia o necesidad de ocuparse desde casa o de tener flexibilidad horaria.

Especialmente, quienes utilizan las aplicaciones tecnológicas de trabajos focalizados, como el transporte o la entrega a domicilio, valoran principalmente factores como la flexibilidad laboral, la mayor remuneración en comparación con otros empleos disponibles y el hecho de que son una alternativa frente a la falta de otras oportunidades económicas.

La OIT, en su informe Perspectivas sociales y del empleo en el mundo, recopiló datos de campo que, entre otras cosas, apuntan a que los conductores y repartidores de las plataformas digitales tienden a conseguir ingresos por hora más elevados que los de los sectores convencionales (como el taxi tradicional), debido a que las aplicaciones ofrecen costos más competitivos.

Además, cada grupo encuentra en las plataformas ventajas particulares según su contexto. Para las mujeres, la flexibilidad suele ser una característica relevante debido a que el servicio de transporte o de reparto puede ser una tarea que coincida con otras responsabilidades, como las labores de cuidados de otros que generalmente recaen sobre ellas, de los hijos pequeños o el trabajo doméstico en el hogar.

María Fernanda Tellez, madre de 32 años, se unió a la plataforma de Uber Eats cuando estaba embarazada de su tercer hijo, con la finalidad de ganar ingresos extras para prepararse para los gastos del nuevo integrante de la familia. 

Durante los primeros meses de gestación ella acudía a los alrededores de Plaza Delta, en la alcaldía Cuauhtémoc de la Ciudad de México, para tomar pedidos que podía llevar caminando a direcciones cercanas.

Sí se gana más que en un trabajo normal, porque si trabajaras tus ocho horas te pagan mil 300. Aquí se gana más que eso, y aparte tienes tus horarios. No tienes que andar preocupándote. Pero hay semanas que están muy bien y otras están muy relajadas (…). Además, ¿quién va a contratar a una embarazada?”, reflexiona.

Antes de ser repartidora, Fernanda trabajó esporádicamente como mostradora de una tienda durante los fines de semana. En comparación con eso, le agrada más el delivery, porque obtiene más dinero, no tiene que cumplir con un horario y puede llevar a su hijo de cinco años cuando no tiene alguien más quien lo cuide o él no quiere quedarse en casa.

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A nivel global, las mujeres representan apenas 10 por ciento de las colaboradoras de las aplicaciones de transporte y reparto

Una alternativa ante la discriminación

Otro grupo que valora especialmente las plataformas digitales es el de las personas migrantes. La OIT estima que 17 por ciento de quienes se conectan a las aplicaciones son migrantes. En algunos países como Argentina y Chile representan hasta 70 por ciento y principalmente son de origen venezolano.

Para estas personas, las aplicaciones colaborativas significan una vía para generar ingresos sin barreras excesivas de entrada, debido a que se les discrimina cuando buscan acceder a otras fuentes de trabajo convencionales, no cuentan con la documentación requerida o se les explota aprovechando su condición irregular en un país (porque temen denunciar). 

Si tuvieran que cubrir numerosos requisitos, esta alternativa se acabaría para ellos.

Las personas adultas mayores también encuentran en la gig economy una oportunidad de generar ingresos, dadas las dificultades para la inserción en otras ocupaciones debido a la discriminación etaria. 

En el mundo del trabajo, la juventud se percibe como un sinónimo de productividad, mientras que la vejez suele verse como un momento de retiro, pese a lo que puede aportar una persona en esa etapa de su vida en una sociedad de servicios.

Germán Rodríguez, de 63 años, decidió ser conductor de Uber y DiDi después de retirarse en 2021 de su trabajo como contador. 

Aunque recibe una pensión, comenta que aún se siente con suficientes energías para no quedarse en casa y quiere conseguir ingresos adicionales para no vivir con limitaciones junto con su esposa o cubrir cualquier imprevisto de salud. Además, aprovecha el automóvil que, de otra manera, tendría guardado en su casa.

“Muchos hombres de mi edad trabajan de cerillitos (quienes empaquetan los productos) en el supermercado. No está mal, pero lo que te dan de propinas lo gano en Uber en uno o dos viajes. Y mi edad no es problema; al contrario, la gente que se sube conmigo me tiene más confianza porque me ve como su abuelito”.

“A veces hasta me cuentan sus preocupaciones y yo les doy consejos. Claro que también hay quienes están de malas y ni te hablan, o piensan que por ser un viejito vas a manejar mal, pero luego se dan cuenta de que no es así”, cuenta Germán.

En la actualidad, existe una preocupación por regular el trabajo que se realiza a través de las plataformas digitales. Algunos países, como España, a través de la fallida Ley Rider, han encerrado esta nueva modalidad en el mismo cajón que el resto de ocupaciones a pesar de las diferencias que presenta este nuevo paradigma económico y social, mientras otros analizan diversas propuestas para brindar un piso de seguridad social a los colaboradores.

Lograr el equilibrio entre asegurar condiciones adecuadas para el ejercicio de esta actividad y preservar elementos sumamente valorados por quienes forman parte de la economía digital, particularmente de la economía colaborativa ―como flexibilidad, independencia y la oportunidad para acceder a mayores ingresos―, es un reto.

Sin embargo, cualquiera de los intentos por regular, desde el Congreso o el gobierno, debe partir de tomar en cuenta las necesidades y demandas de quienes realmente participan y se benefician de la la gig economy, y no de personas que buscan consolidar gremios sindicales para reducir los ingresos de los agremiados 

Por ejemplo, María Fernanda, la madre de 32 años, señala que quisiera tener acceso a servicios de salud y otros beneficios sociales pero sin tener que cumplir con un esquema tradicional de trabajo.

Si llegáramos a tener seguro social, ya te pondrían establecido un horario y te pondrían un sueldo fijo. Siento que ahí ya no nos convendría: te conviene más siendo independiente, porque todas las ganancias son para ti. Si tienes un pedido en efectivo, el dinero es para ti”.

Las autoridades regulatorias y de ministerios de trabajo tienen la oportunidad de allegarse información empírica de múltiples organismos internacionales que analizan y proyectan el futuro del trabajo a través de tecnologías y plataformas digitales, pero también conocer testimonios reales como los de Adair, María Fernanda o Germán, quienes buscan opciones para generar ingresos, flexibilidad, libertad laboral y beneficios superiores a los de un empleo formal tradicional. 

Violeta Contreras García
Violeta Contreras García
Violeta Contreras es editora de contenidos multimedia especializada en telecomunicaciones de Iberoamérica
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