DPL News Analytics | ¿Regular o no las plataformas de la economía colaborativa?

¿Qué es la economía colaborativa?

La economía colaborativa, también conocida como economía compartida (sharing economy), se define como un modelo económico en el cual los bienes y los recursos son compartidos entre individuos, de tal manera que los activos físicos se conviertan en servicios. También se puede definir como la plataforma que une la oferta y la demanda de manera eficiente a través de la tecnología, por ejemplo, una plataforma digital.

Las transacciones generalmente pueden o no conducir a un cambio de propiedad de los bienes o servicios que interactúan; no obstante, mediante el uso de Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), los intermediarios pueden capturar las preferencias y características de los posibles proveedores y usuarios, haciendo coincidir la oferta y la demanda de activos de manera eficiente, obteniendo un ingreso en forma de un porcentaje del valor de la transacción. 

Por su parte, los consumidores pueden buscar rápidamente y en tiempo real los bienes y servicios que mejor se adapten a sus preferencias, lo que reduce drásticamente los costos de búsqueda y de transacción.

Con Uber o Didi, cualquier persona puede usar su propio automóvil y cobrar tarifas para transportar a otras personas. Airbnb ha cambiado el sector del hospedaje, permitiendo que alguien más      alquile una parte de su propiedad cuando no esté en uso. 

El crecimiento de la economía colaborativa ha sido importante debido a una mayor penetración del Internet, la proliferación de teléfonos inteligentes, así como por los adelantos en el Internet de las Cosas (IoT), Inteligencia Artificial (IA), Big Data y el desarrollo de aplicaciones de software.

La economía colaborativa es uno de los fenómenos de mercado a nivel mundial de más rápido crecimiento en la historia. Desde 2010, se han invertido grandes cantidades para financiar esta mega tendencia. 

Los ingresos en la Unión Europea de plataformas y proveedores colaborativos se estimaron en 28 mil millones de euros en 2015. El crecimiento es sorprendente si se considera que el año previo, estos ingresos representaron la mitad. Para Statista, el valor de la economía colaborativa a nivel mundial llegará a los 335 mil millones de dólares en 2025.

El impacto de la economía colaborativa

Históricamente, muchas civilizaciones han compartido el uso de activos, pero con la llegada de Internet, a través del uso de Big Data, ha sido mucho más fácil para los propietarios de activos y la entidad o persona que busca utilizar dichos activos comunicarse entre sí y realizar transacciones. 

La economía colaborativa permite a las personas y organizaciones generar ingresos a partir de recursos subutilizados. Los activos poco utilizados, como los vehículos o casas, se pueden arrendar mientras no estén en servicio, representado un concepto integral que se refiere a una gran cantidad de intercambios comerciales en línea que también pueden incluir transacciones de empresa a empresa (B2B).

La economía colaborativa ha inquietado a los sectores económicos tradicionales. Mucho del crecimiento de esta mega tendencia se ha dado en función de que la falta de inventario, gastos generales y recursos humanos han generado nuevos modelos de negocios, en los cuales las empresas buscan operar de manera más eficiente, transfiriendo estos elementos a sus socios y clientes de la cadena de suministro, generando una oportunidad económica para que las personas y las pequeñas empresas intercambien sus activos subutilizados con otras personas a través de intermediarios que igualan la oferta y la demanda de manera eficiente con la ayuda de las TIC.

Spotify y Netflix, aunque no son plataformas para compartir o parte de la economía colaborativa, tienen el mismo principio de acceder a recursos compartidos en lugar de poseer copias físicas. 

En muchos casos, esta oportunidad para proveedores individuales sólo se brinda a través de plataformas colaborativas, ya que el suministro de bienes y servicios a través de otros medios está sujeto a licencias y otras barreras regulatorias. A continuación, algunos ejemplos en los cuales la economía colaborativa ha tenido un impacto importante en la sociedad.

  • Transporte
  • El auge de DiDi y Uber en el sector del transporte es una de las mejores formas de ilustrar el impacto disruptivo de la economía colaborativa en el sector del transporte. Estas aplicaciones de movilidad y otros servicios de viajes compartidos ofrecen una alternativa rentable, cómoda y segura a las opciones de transporte convencionales, como el transporte público o los taxis.
  • Bienes de consumo
  • Los factores más importantes en la decisión de comprar bienes de consumo son la conveniencia, la asequibilidad y la eficiencia. Por lo tanto, no sorprende que los actores de la economía colaborativa también estén presentes en el sector de bienes de consumo.
  • DiDi Food se encuentra entre los innovadores en el mercado de consumo entre pares. Su innovador sistema permite a los usuarios comprar alimentos a través de su plataforma y enviar los mismos directamente a los hogares de los consumidores. Esto proporciona a los usuarios una forma más conveniente, asequible y eficiente de comprar alimentos.
  • Servicios personales y profesionales
  • Los efectos de una economía colaborativa se demuestran también en el campo de los servicios técnicos y personales. Los servicios profesionales se caracterizan por trabajos que requieren habilidades, conocimientos especiales, experiencia, certificación o capacitación, como contadores, redactores o carpinteros, diseñadores, doctores, etcétera. 

La tecnología ha ayudado a la economía colaborativa a moverse hasta donde se encuentra actualmente y el impulso se acelerará cuando las personas y las organizaciones estén más relacionadas desde el punto de vista digital. 

Los sectores donde la economía colaborativa ha mostrado una gran adopción por parte del consumidor han sido, sin lugar a dudas, el transporte y la distribución o servicios profesionales. No obstante, muchos otros sectores convencionales pronto enfrentarán cambios debido a la economía colaborativa.

La economía colaborativa permite reducir costos de transacción y competir cuando las economías de escala son significativas

Uno de los principales beneficios de la economía colaborativa es que permite a los proveedores competir de manera más efectiva con los profesionales o proveedores tradicionales y les otorga una mayor posibilidad de capturar una parte sustancial de la demanda del mercado. 

En este sentido, el papel de las plataformas digitales que facilitan las transacciones es crucial para permitir que las personas compitan con los proveedores tradicionales de la industria cuando las economías de escala son significativas, en función de que en muchos casos los potenciales proveedores carecen de los recursos para promocionar los productos y servicios que ofrecen los proveedores ya establecidos, ya que no tienen el presupuesto, la experiencia en mercadotecnia, variedad de formas de aceptar pagos que son convenientes para los clientes, así como procedimientos adecuados. 

También carecen de marcas, que han demostrado ser muy relevantes incluso en los casos en que las diferencias de calidad no son significativas.

Retos de la economía colaborativa

Dado el potencial de la economía colaborativa para complementar o reemplazar el empleo tradicional, las plataformas han sido objeto de un intenso escrutinio por parte de los gobiernos y las partes interesadas.

Mucho de este intenso debate es en función de que la economía colaborativa es una mega tendencia en pleno crecimiento y que ha tenido su auge muy recientemente, por lo que existe una enorme carencia de regulación al respecto, generando polémica en varios países e intentos por regular mercados en crecimiento y formación. 

Temas como la carga fiscal e incluir a los trabajadores de estas plataformas dentro del marco laboral tradicional, son aspectos que han producido gran controversia a nivel mundial.

Mucha de la polémica de la economía colaborativa se deriva de que la mayoría de los trabajadores de estas plataformas no son empleados tradicionales, sino que reciben una tarifa por tarea o servicio que realizan, sin tener los beneficios de un asalariado típico como lo son los servicios de seguridad social, el derecho a vacaciones, seguro social, aguinaldo, antigüedad, pensión y todas las prestaciones que tiene un trabajador tradicional, pero que en realidad trabaja de forma flexible.

Una de las preguntas más frecuentes es si los trabajadores de plataformas colaborativas son independientes o no. La interrogante ha provocado interesantes debates y controversias en varias áreas geográficas, utilizando el modelo de negocios de Uber como ejemplo principal. La distinción no es meramente retórica, ya que el empleo de una empresa implica ciertas prestaciones, como vacaciones pagadas, salario mínimo, etcétera. Aquí será importante encontrar alternativas para que el marco regulatorio se puede adaptar para reflejar esta nueva realidad social en la cual miles de trabajadores independientes usan la economía colaborativa para generar ingresos. 

No menos importante es la oposición de los proveedores tradicionales en permitir la entrada de las plataformas colaborativas en diferentes países en función de que argumentan que el marco regulatorio no permite una competencia justa entre ellos y las plataformas colaborativas, ya que ellos están sujetos a una regulación que representa límites que su nueva competencia no los tiene.

En el contexto anterior, los reguladores de los diferentes países tienen el reto de generar la regulación necesaria que permita integrar a los proveedores de servicios de la economía colaborativa a esquemas de índole laboral en los cuales los trabajadores gocen de los mismos beneficios que tiene cualquier trabajador.

Al mismo tiempo, las autoridades tienen la presión de los proveedores tradicionales de establecer una regulación que promueva una competencia justa, cuando en realidad se trata de modelos diferentes pero complementarios.

¿Se debe regular la economía colaborativa?

Como se ha señalado, la economía colaborativa introduce nuevos modelos de negocio, produce innovación, incrementa la competitividad y permite competir a los individuos cuando las economías de escala son significativas. No obstante, más allá de estos beneficios, habrá que entender que la economía colaborativa también genera oportunidades de ingresos.  

Estas oportunidades son aún más importantes cuando la crisis sanitaria mundial ha producido una inestabilidad económica mundial que ha provocado pérdida de los mismos. Esta problemática será aún mayor y de consecuencias todavía difícil de predecir derivado del conflicto armado entre Rusia y Ucrania, por lo que la economía colaborativa representa una opción para aminorar los efectos adversos de ambas crisis.

Por otra parte, regular mercados que apenas están en expansión o en etapas tempranas de adopción, puede inhibir su innovación y desarrollo o, peor aún, introducir barreras de entrada e incluso provocar la salida de los actores de estos mercados, en detrimento de la sociedad, como ocurrió con la Ley Rider en España, que distorsionó el mercado.

En todo caso, habrá que esperar a que la economía colaborativa llegue a su etapa de maduración.  Regular en el corto plazo podría reducir sustancialmente sus beneficios y, peor aún, las oportunidades de ingresos que genera se podrían perder, complicando aún más el escenario generado por la crisis sanitaria mundial y el conflicto armado en Europa. 

Cuando ese momento de maduración llegue, las autoridades deberán tomar en cuenta que un marco regulatorio general no puede ser efectivo dada la diversidad de modelos de negocios de la economía colaborativa. Es necesario que se definan reglas específicas que tomen en cuenta las características clave de cada modelo de negocio.

Al respecto, hay que señalar que los modelos de negocios pueden diferir en gran medida, incluso cuando operan en la misma industria. No es lo mismo el servicio que presta DiDi y Uber al servicio que proporciona BlaBlaCar, aunque las tres empresas son de transporte.     

En el primer caso, el pasajero de Uber envía una solicitud de viaje que se transmite automáticamente a un conductor cercano alertándolo sobre su ubicación. Si éste decide aceptarlo, recoge al usuario, llevándolo al destino solicitado. Mientras que el servicio de BlaBlaCar es una aplicación de uso compartido de vehículos de larga distancia que conecta a los propietarios de automóviles que viajan con las personas que buscan viajes en la misma dirección.

Este ejemplo muestra que las reglas que son relevantes para un modelo comercial pueden no ser útiles para otro, incluso si los dos operan en el mismo mercado. 

La clasificación de modelos de negocio en grupos particulares de plataformas con el fin de imponer reglas uniformes a cada grupo puede ser muy compleja, con muchas dimensiones a considerar en la definición del grupo. Por lo tanto, no se debe generalizar el marco regulatorio para todos los jugadores de la economía colaborativa.

Para finalizar, las autoridades tienen preocupaciones con respecto a los modelos comerciales de las plataformas colaborativas, por lo que es importante que tomen en consideración que las medidas que definan promuevan la adopción de nuevas tecnologías que permitan fortalecer la economía colaborativa, y en donde la regulación debe adaptarse a las circunstancias cambiantes sin restringir la libertad de elección y tarifaria, pero que siempre permita a los jugadores tradicionales y a los nuevos operadores competir por la preferencia del usuario.

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