Los usuarios y los contenidos pierden si las plataformas tienen que pagar a las redes: ALAI

Para la asociación latinoamericana que nuclea las plataformas de Internet, la contribución justa es una propuesta de intervención estatal y regulatoria en un mercado que no tiene anomalías.

Crédito: Adobe Stock

Cómo hacer más sostenibles las grandes inversiones necesarias en infraestructura digital trajo a América Latina el debate sobre la contribución justa (Fair Share), que propone que las grandes plataformas de Internet contribuyan para el despliegue de las redes. 

“El Fair Share no tiene ningún fundamento económico, es una propuesta de intervención estatal y regulatoria en un mercado sin anomalías y que funciona bien”, dijo en entrevista con DPL News Raúl Echeberría, director Ejecutivo de la Asociación Latinoamericana de Internet (ALAI), que agrupa a Meta, Google, TikTok, X, entre otras.

“El Fair Share es darle más dinero de un actor del ecosistema a otro actor del ecosistema que no tiene problemas de viabilidad. No lo tiene porque reportan ganancias en un sector con demanda sostenida y donde hay capacidad de inversión”, afirmó Echeberría.

Pero para la industria de telecomunicaciones, la ecuación a largo plazo no cierra. En febrero, las grandes empresas de telecomunicaciones de América Latina hicieron un llamado a los gobiernos de la región para que las Big Tech contribuyan de manera justa a la financiación de las redes de infraestructura.

A través de la GSMA, destacaron el modelo de inversión desequilibrado que persiste en la actualidad. Hacer frente a la futura demanda de Internet requerirá inversiones adicionales en las redes de telecomunicaciones, que los operadores no podrán costear solos, por los desafíos de sostenibilidad.

Sobre este punto, para el titular de la ALAI, el mercado de acceso a Internet es “saludable, donde el producto que se ofrece está siendo pagado por los usuarios”. Afirmó que las empresas dan ganancias, no hay restricciones a la inversión, se mantienen las inversiones y es “una excelente noticia” que un mercado tenga demanda sostenida.

Echeberría dijo que las aplicaciones y el contenido son un mercado donde las inversiones también son fundamentales y están enfocadas en agregar valor a los usuarios: “nadie contrataría conectividad si no fuera para utilizar aplicaciones”.

Brasil fue uno de los primeros países de América Latina donde la discusión ya es formal, ya que la Agencia Nacional de Telecomunicaciones (Anatel) realizó una consulta pública sobre las obligaciones que tienen las plataformas de contenidos.

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Los proveedores de valor agregado cada vez invierten más en infraestructura con el fin de transportar sus contenidos más cerca de los usuarios. Es así que Google o Meta desembolsan millones de dólares en cables submarinos, CDNs y Centros de Datos en la región.

Además, según Echeberría, la inversión en infraestructura no sólo se queda entre las telcos y las Big Tech. “Hay muchos actores en medio, por ejemplo, los proveedores de servicios de Nube, las redes de distribución de contenidos, los data centers, los puntos de intercambio de tráfico. Todos los actores colaboran para que los contenidos lleguen a los usuarios con la mejor calidad posible”.

Puso como ejemplo del balance del mercado los acuerdo de peering, cuando dos redes acuerdan intercambiar tráfico, los cuales en 90 por ciento de los casos son gratuitos. 

“No son gratuitos porque uno de los negociadores sea malo, sino porque el mercado ya resolvió cuánto un actor del ecosistema tiene que pagar a otro y el resultado es cero. Hay miles de acuerdos de peering en el mundo, entre proveedores de contenidos y empresas de acceso donde el valor es cero. El mercado ya resolvió que la contribución, el agregado de valor que se hace mutuamente, en los distintos actores del ecosistema, se compensa”.

Sobre el debate en Europa, dijo que “la reacción de la comunidad fue muy negativa y se ha pospuesto hasta plantearlo para el futuro, las últimas decisiones de la Comisión dejaron una puerta abierta pero no hay un roadmap claro”. Agregó que el único lugar del mundo donde se ha implementado algo similar es en Corea del Sur, “que ha tenido un aspecto muy negativo”.

Todas las realidades no se pueden extrapolar. La discusión del Fair Share resuena más en América Latina donde existen enormes desafíos financieros para conectar a los 240 millones de latinoamericanos que no están conectados, sumado a que los ARPUs de las telcos están a la baja, y hay un menor poder adquisitivo de la población en comparación con Europa o Corea del Sur.

El director ejecutivo de ALAI considera que el cierre de la brecha de conectividad “no se va a resolver haciendo las mismas cosas que hemos hecho hasta ahora”.

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Añade que “lo primero que precisamos para cerrar una brecha, antes de hablar de financiamiento, es tener planes concretos y con los costos. No tenemos planes concretos de cómo conectar y mantener esas conectividades”. Sugirió atender la brecha de demanda con mejores contenidos y aplicaciones y que se invierta lo acumulado en los fondos de servicios universales.

Si los proveedores de contenidos tuvieran que pagar a las redes, sería una desmotivación, un desincentivo para traer los contenidos más cerca. Van a sufrir los usuarios porque ir a buscar los contenidos más lejos va a ser más caro, va a implicar más costos, va a encarecer los costos de acceso que serán trasladados a los usuarios, pero además se van a perjudicar por tiempos de latencia”.

En palabras de Echeberría, hoy la economía digital es la economía. “Uno de los problemas que tenemos en América Latina es que no dedicamos suficiente tiempo a la discusión de cómo utilizar mejor las herramientas tecnológicas para acelerar nuestras estrategias de desarrollo, tanto humano, social y económico. No sólo desarrollo económico, también general.

Dedicamos mucha energía a la discusión de temas regulatorios que no son fundamentales, porque estamos tratando de encontrar problemas para las soluciones que ya tenemos. En realidad, deberíamos estar dedicando más tiempo a ver cómo utilizamos estas tecnologías porque ya tienen un impacto enorme”, finalizó.

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