T-MEC digital: ¿México puede afianzar su rol en la cadena norteamericana de chips?

En la quinta entrega de la serie especial T-MEC digital, examinamos cómo la revisión del tratado comercial abre una oportunidad para fortalecer la cadena de suministro de semiconductores en Norteamérica. México quiere ser un actor estratégico en diseño y ensamblaje de chips mediante el nearshoring, aunque enfrenta importantes retos.

Además de la agricultura y la manufactura automotriz, en el marco del T-MEC, México, Estados Unidos y Canadá tienen una gran oportunidad de colaborar en producción de alta tecnología, y particularmente en la industria de chips. Canadá juega en diseño, Investigación y Desarrollo (I+D) y embalaje avanzado; mientras que México participa principalmente en diseño y en procesos de ensamblaje, pruebas y empaquetado, y busca relocalizar 10,000 millones en tercerización de estas actividades y downstream.  

Los semiconductores son uno de los sectores estratégicos de la nueva política industrial del gobierno llamada Plan México, que contempla impulsar el establecimiento de capacidades de manufactura de semiconductores, particularmente para aplicaciones de IA, en regiones clave como Jalisco. La criticidad de la industria para el mundo actual y el impacto económico que podría tener para la integración de Norteamérica debería reflejarse en un capítulo específico en el acuerdo comercial trilateral ahora que está revisándose.  

Cadena de suministro norteamericana

La cadena de valor de semiconductores o chips implica un complejo sistema de procesos que abarca tres grandes etapas: el diseño, la fabricación y el ensamblaje, las pruebas y el embalaje (ATP, por sus siglas en inglés). Y asimismo, los semiconductores varían en su complejidad, función y tamaño, por lo que el proceso de manufactura es distinto para cada uno de ellos.  

A nivel global, Taiwán concentra el 60% de la fabricación mundial por fundición (foundry) y cerca del 90% de los chips más avanzados. En la región de Norteamérica, Estados Unidos es el único que tiene fábricas de obleas (fabs) de gran escala.

De acuerdo con la Asociación de la Industria de Semiconductores (SIA), el T-MEC apoya una cadena de suministro de semiconductores norteamericana competitiva y resiliente que está estrechamente vinculada a lo largo de todo el proceso de producción, con subcomponentes y semiconductores que cruzan entre los tres países.

La propia SIA afirma que varios de sus miembros tienen operaciones de diseño, Investigación y Desarrollo (I+D) y embalaje avanzado en Canadá e instalaciones de back-end en México.   

Intel tiene tres fábricas (fabs) en Estados Unidos y una de mayor tamaño en construcción. Intel, que hace un año recibió inversión del gobierno a cambio de cederle el 10% de sus acciones, es la única compañía que participa en todo el proceso. Mientras que TSMC (Taiwan Semiconductor Manufacturing Co., el mayor fabricante de chips del mundo) anunció e instaló una planta en Arizona, que se ha ido inaugurando por fases y actualmente sigue bajo construcción. 

Tal como asientan los doctores del Instituto Politécnico Nacional (IPN), Cuauhtémoc León Puertos, Janeth López y Cirilo León, México tiene una participación limitada en la cadena de valor global de semiconductores, lo que restringe su desarrollo tecnológico y económico. 

En México, Intel cuenta con un Centro de Diseño en Guadalajara (GDC). El país participa en la fase de diseño y algunas operaciones de back-end; sin embargo, tal como lo han señalado tanto la iniciativa privada como el gobierno, debería participar en todas las fases del proceso de producción. 

Empresas Semiconductores Canieti

Para lograrlo, la Cámara Nacional de la Industria Electrónica de Telecomunicaciones y Tecnologías de la Información (Canieti) elaboró un Plan Maestro para el Desarrollo de la Industria de Semiconductores y la administración de Claudia Sheinbaum diseñó el Plan México, como denominó a su nueva política industrial mediante la que busca posicionarse como una de las 10 principales economías del mundo.

Cabe señalar que los planes, lanzados con apenas tres meses de diferencia —el Maestro en octubre de 2024 y el México en enero de 2025— comparten la misma meta: duplicar la industria en un lustro, lo que indica que el gobierno recogió el objetivo del sector privado.  

No obstante, pese a estas buenas intenciones, el panorama para que México acoja procesos de manufactura avanzada luce muy complicado, ya que no posee la infraestructura necesaria para lograrlo, sobre todo en materia energética e hídrica. 

Sin embargo, algo muy distinto ocurre con las otras dos fases: por ello, el Plan Maestro de la Canieti se puso como meta diversificar y duplicar la actividad de diseño de semiconductores en México y relocalizar operaciones de ATP en el país por más de 10,000 millones de dólares para 2030. Esto sería una suerte de nearshoring de chips

Puertos, López y León coinciden en que México podría experimentar un crecimiento acelerado del sector de semiconductores gracias al nearshoring, una estrategia que contribuiría al crecimiento económico del país. Y reconocieron que, en el marco del T-MEC, ha sido identificado como un país con la oportunidad de diseño y ATP.

No obstante, los académicos señalaron que para ello es necesario diseñar políticas públicas, fortalecer el ecosistema empresarial, mediante el incremento de la competitividad y la transferencia de conocimiento, y promover programas de capacitación global de talento especializado en la cadena de valor de los semiconductores.

Aunque se trate de una cifra mayúscula, la meta no es muy ajena a la realidad, sino que es factible e, incluso, plausible. Si bien no se espera que se instale una planta de fabricación de obleas de silicio de alta gama, las operaciones ulteriores están abandonando el este de Asia, lo que convierte a México en el principal candidato norteamericano de ATP por los menores costos laborales, la coincidencia de husos horarios y la existencia de clusters electrónicos consolidados.

La oportunidad de México

El timing, no obstante, es crucial para que México aproveche esta oportunidad, ya que, según la Canieti, una vez definidas las inversiones para una geografía determinada, no se repiten en los próximos 10 a 15 años. La propia Cámara estima que la inversión que requiere un ATP oscila entre los 300 y los 1,000 millones de dólares. Por esa razón, argumentó que elaborar un plan maestro de un quinquenio resultaba más pertinente que uno de un plazo mayor que podría resultar ineficaz.    

El tamaño de la oportunidad es inmenso: en 2026,  la industria global de semiconductores superó, por primera vez, el billón (trillion, en inglés) de dólares en ingresos. 

La SIA afirma que el T-MEC es vital para el éxito de la industria estadounidense de semiconductores y el liderazgo tecnológico global de Estados Unidos, pese a que el acuerdo no cuenta con un capítulo específico en la materia, como sí lo tiene sobre el comercio digital

“Es de vital importancia mantener un régimen arancelario sencillo para los semiconductores y las tecnologías relacionadas, incluido el trato adecuado a los productos que cumplen con el T-MEC”, reza en los comentarios que remitió a propósito la revisión del acuerdo.

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En el artículo “Semiconductor Investment Revisited: The USMCA, Mexico, and Maquiladoras” publicado en el Boston College Law Review, Nicolás Valdez expone que, a través del T-MEC, Norteamérica —y sobre todo Estados Unidos y México— está en condiciones de facilitar una amplia inversión en semiconductores en todo el continente, y sostiene que, en la revisión conjunta de 2026, debería incluirse una disposición específica sobre inversión y fabricación de semiconductores.

Un instrumento clave es el Fondo Internacional de Seguridad e Innovación Tecnológica (ITSI, por sus siglas en inglés) de 500 mdd para fortalecer las cadenas de suministro de semiconductores en América y el Indo-Pacífico a través de la capacitación del talento. El ITSI fue creado por la Ley CHIPS, promulgada por Joe Biden en 2022 para rescatar la industria estadounidense de semiconductores con subsidios por 52,700 millones de dólares.  

Desde ese año, México y Estados Unidos comenzaron a explorar posibilidades de cooperación bilateral para fortalecer las cadenas de suministro de los semiconductores. Sin embargo, cabe recordar que aquella era otra época; tanto la Ley CHIPS como esos primeros acercamientos fueron promovidos por la administración Biden.

Donald Trump asumió su segunda presidencia en enero de 2025 y modificó significativamente la política industrial y la cooperación bilateral con México, impulsadas durante el gobierno de Joe Biden, algo que se reforzó con la decisión notificada el primero de julio de no renovar automáticamente el tratado por 16 años más y comenzar el mecanismo de revisiones anuales.

No obstante, si hay algo que puede servir como una especie de consuelo es que desde 2024 se han realizado siete foros bilaterales en la materia, el último este mismo mes de julio, aun durante el gobierno de Trump. 

Mientras tanto, es posible concluir que México se encuentra en un momento crucial para posicionarse como un actor clave en la industria global de semiconductores, impulsado por estrategias de nearshoring y el marco establecido por el T-MEC. Y, tal como sostienen los investigadores del IPN, si bien “la participación actual del país en la fabricación de semiconductores sigue siendo limitada, tiene una oportunidad única para expandir su papel a través de la infraestructura”.