La participación de mujeres en posiciones de liderazgo en el sector de las telecomunicaciones aún depende de mecanismos que estimulen o impongan una mayor presencia femenina, evalúa la politóloga Larissa Jales, coautora del libro Mujeres en la Regulación (Editorial Leader, 2026).
Aunque la presencia de mujeres es más equilibrada en los niveles junior y gerencial —apunta—, la desigualdad se acentúa a medida que se llega a los puestos de mando.
“Es muy difícil que, sin estas cuotas, sin esta participación forzada, eso ocurra de forma natural”, dice Jales. “Para mí, las cuotas de participación femenina en cargos de liderazgo son necesarias para tener un camino mejor pavimentado. Tiene que ser realmente así. Es como una cuestión impositiva”, afirma.
Con apenas 31 años, Larissa Jales ha trabajado en empresas y entidades del sector, entre ellas TIM y SindiTelebrasil. Es graduada de la Universidad de Brasilia (UnB) y cuenta con una sólida trayectoria profesional. Jales contribuyó a las discusiones que llevaron a la transformación del PL 79/2016 en ley, reformulando la Ley General de Telecomunicaciones.
Actualmente, es gerente de Políticas y Regulaciones de la GSMA para América Latina, pero en esta ocasión no habla en nombre de la asociación, sino a título personal. Y es a partir de su experiencia que afirma que este fenómeno no es exclusivo de Brasil, sino que se observa en toda la región.
Una barrera que aparece en la cima
Jales cita como ejemplo la dificultad de organizar paneles para eventos del sector. “Muchas veces es prácticamente imposible no tener un panel solo de hombres”, relata. La dificultad aumenta cuando el criterio es buscar nombres de alto nivel. “Miras al C-level, la gran mayoría son hombres. Miras a los presidentes de otras asociaciones sectoriales, en su mayoría son hombres.”
En su percepción, la proporción llega a aproximadamente al 80% de hombres frente al 20% de mujeres en posiciones de liderazgo. Al mismo tiempo, la presencia femenina es más visible en los niveles iniciales y gerenciales, lo que evidencia una barrera para el avance profesional.
Su propia trayectoria ayuda a ilustrar este escenario. Al participar por primera vez en el Mobile World Congress (MWC), en Barcelona, estuvo en un espacio reservado al diálogo con autoridades y percibió que era una de las mujeres más jóvenes en ese entorno.
“Automáticamente, aparece el síndrome del impostor. ¿Realmente merezco estar en este lugar?”, relata. Para ella, ser joven y mujer no necesariamente le abrió puertas. “Por el contrario, en algunas situaciones hasta las cerró un poco; sentí ese recelo de ‘ah, creo que ella no sabe de lo que está hablando’”.
La respuesta, dice, fue insistir. “Insistes en presentarte a la persona que insiste en ignorarte. Entonces, vuelves a darle tu tarjeta, te presentas otra vez hasta que esa persona retenga tu nombre”, comenta.
Pero la presión externa e interna es constante. También era necesario demostrar conocimiento y, en algunas situaciones, pasar por alto comentarios de mal gusto, situaciones en las que pocos hombres probablemente se reconocerían.
“Siempre me vi en una situación en la que tenía que parecer mayor, parecer más madura, parecer que tenía la propiedad para estar en ese lugar”, recuerda. Para Jales, esta experiencia ayuda a explicar por qué la presencia de mujeres en posiciones de mando no debería depender únicamente de una evolución espontánea del mercado.
Diversidad amplía alcance de las políticas públicas
Diferentes experiencias profesionales y personales pueden mejorar la propia calidad de las políticas públicas y de la regulación, reflexiona Jales. “Más allá de saber defender los temas técnicamente, elegí este camino para realmente formar parte de un cambio y de un proceso real de construcción de políticas”, afirma.
“Aunque por dentro estuviera pensando ‘Dios mío, contrataron a la persona equivocada’, también había voluntad y competencia. Aprendí a hablar sobre el espectro en cuestión de meses, teniendo como principal preocupación traducir estos temas tan técnicos a algo más comprensible e incluso digerible”, explica. “Descubrí que mi papel es ser traductora: explicar lo invisible, conectar lo técnico con lo humano”, dice en el libro.
Fue esa experiencia, según ella, la que reforzó la importancia de reunir personas con diferentes formaciones y trayectorias en la construcción de políticas públicas.
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“Creo que cada persona que viene de un contexto diferente, ya sea por su formación, su raza, su identidad de género, entre otros aspectos, forma parte de algo más amplio cuando pensamos en estas políticas de futuro”, asegura Jales.
Para la experta en política pública, las decisiones sobre conectividad e inclusión deben tener en cuenta diferentes perspectivas y personas provenientes de distintos contextos sociales. “De lo contrario, no estaremos legislando, sino simplemente haciendo regulación para una burbuja de personas y olvidando a una infinidad de otras”, enfatizó.
La reflexión sobre su propia trayectoria también fue uno de los efectos de su participación en el libro Mujeres en la Regulación, que reúne relatos de 22 mujeres que trabajan en diferentes áreas relacionadas con la actividad regulatoria.
Jales cuenta que inicialmente pensó en rechazar la invitación por considerar que todavía era demasiado joven para tener una trayectoria que mereciera un capítulo. El incentivo de sus amigas la hizo reconsiderarlo. “A veces nos menospreciamos tanto por nuestros propios logros que olvidamos lo que nos trajo hasta aquí”, reflexiona.
Después de la publicación, una joven que pensaba en hacer una transición profesional se puso en contacto con ella para decirle que se había sentido motivada por su historia. Para la politóloga —que durante su formación temió que su elección profesional no la llevara a ninguna parte—, ese retorno mostró el potencial de compartir trayectorias incluso antes de que una carrera llegue a una etapa más avanzada.
Al mirar los últimos diez años de su carrera, Jales afirma que todavía se pregunta constantemente si tomó las decisiones correctas. En el libro, en uno de los últimos pasajes, reflexiona: “Si mi generación tiene una misión, quizás sea esta: garantizar que el avance de la tecnología vaya de la mano del avance de la humanidad”.