sábado, febrero 4, 2023
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Ley CHIPS, oportunidad única para México en una industria de alto valor

Para Estados Unidos se ha convertido en un objetivo prioritario de seguridad nacional reducir al mínimo su dependencia de la manufactura asiática de productos tecnológicos. Pero para lograrlo, requiere de reforzar las alianzas que le permitan mantener un ecosistema y estándares globales, donde países como México surgen como un socio natural.

Aunque no es una novedad que el proceso de globalización trasladó buena parte de los procesos de manufactura lejos de las potencias occidentales y hacia grandes centros de manufactura en China y otros países asiáticos, las disrupciones en las cadenas de valor global causadas por la Covid-19 y el nacimiento de nuevos conflictos geopolíticos, demostraron a Estados Unidos la vulnerabilidad en la que se encontraba para asegurarse la continua provisión de equipos y componentes de alta tecnología.

Complejo contexto global

Aun antes de las disrupciones a las cadenas de suministro provocadas por la pandemia, Estados Unidos ya había comenzado a ejercer una política exterior más restrictiva hacia el avance de China en el sector tecnológico, en medio de una guerra comercial iniciada por la pasada administración del presidente Donald Trump, que llevó a la imposición de restricciones de acceso a tecnología en contra de ciertos fabricantes chinos (incluyendo patentes 5G).

Al conflicto comercial, que incrementó el costo de importación de componentes de China a Estados Unidos, se sumaron los efectos causados por la Covid-19, con nuevas complicaciones logísticas para decenas de cadenas de suministro y constantes cierres de fábricas bajo la restrictiva política de ‘Cero Covid’ impuesta por China.

Aunque se esperaba que su sucesor, Joe Biden, suavizara su posición alrededor de la guerra comercial iniciada por Trump, las medidas emitidas por esta nueva administración se han extendido hacia más fabricantes y nuevos componentes como los semiconductores, clave de prácticamente cualquier dispositivo electrónico en la actualidad.

El entorno se complica todavía más cuando se considera la creciente tensión geopolítica alrededor del estatus de Taiwán, el fabricante de semiconductores más grande del mundo, y los intentos de anexión por parte de China.

Por otro lado, lo que sí ha cambiado a partir de la administración Biden, es la restauración de relaciones diplomáticas con socios clave de los Estados Unidos, que le serán indispensables si espera mantener el liderazgo tecnológico global y lograr el objetivo de redistribuir las cadenas de suministro fuera de Asia.

A finales del año pasado, Estados Unidos y Europa acordaron la formación del Consejo en Comercio y Tecnología (TTC) que, si bien no pretende producir ningún acuerdo comercial o algún tipo de regulación conjunta legalmente vinculante, buscará fortalecer la relación comercial, facilitar la cooperación y promover la investigación, la inversión y la innovación en áreas como Inteligencia Artificial, semiconductores, cambio climático y cadenas de suministro seguras, entre otros.

En ese sentido, Europa y algunas naciones asiáticas, como Japón y Corea, se han sumado a los esfuerzos del país norteamericano para frenar la influencia y el alcance de la tecnología china en sus redes y dispositivos, además de haber presentado sus propias iniciativas que también les permitan reducir su dependencia de la manufactura china.

Nearshoring, la oportunidad única para México

Para reducir su dependencia de la manufactura asiática, en especial de China, Estados Unidos ha impulsado diferentes iniciativas para la reasignación de las cadenas de producción fuera de este país o hacia su propio territorio, lo que incluye colocación de fondos, acuerdos con la industria y países aliados.

Sin embargo, este proceso de reshoring o el retorno de las cadenas de suministro a los Estados Unidos, se trata de un esfuerzo titánico para lo que el país necesitará de socios que le ayuden a formar y asegurar nuevas cadenas de suministro.

El Índice Reshoring 2021 de Kearney reveló que el gasto en bienes de capital muestra una tendencia al alza en los Estados Unidos, que podría estar relacionado con la inversión en activos de fabricación en este país y México.

Asimismo, señala que la participación de China en las importaciones manufactureras de Estados Unidos disminuyó del 66 por ciento en 2018 a un 55 por ciento. Esto no implica necesariamente que los centros manufactureros se reubiquen directamente en el país norteamericano, pero hay una tendencia para salir de China, y trasladar esa capacidad a otros países asiáticos y de bajo costo (LCC) que buscan capitalizar sobre esta oportunidad.

En ese sentido, México, como uno de los principales socios comerciales del país norteamericano y con quien comparte toda su frontera sur, se coloca como un socio estratégico clave para los esfuerzos de devolver la capacidad de producción hacia el hemisferio occidental, en otro proceso conocido como nearshoring o descolocación cercana.

México ha demostrado tener ciertas ventajas clave para este proceso: salarios competitivos, acuerdos de libre comercio con al menos 50 países, compartir frontera con la economía más grande del mundo y acceso a los Océanos Pacífico y Atlántico, además de una población joven y talento en desarrollo.

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) destacó que el nearshoring ofrece a América Latina la posibilidad de capitalizar más de 64 mil millones de dólares por nuevas exportaciones, de las cuales, México podría atraer más de la mitad con un valor de 35 mil 278 millones de dólares a través de múltiples industrias del comercio internacional.

Al presentar la nueva política industrial del gobierno mexicano, la Secretaría de Economía (SE) reconoció que este es un “momento histórico” para que México aproveche los cambios en las cadenas de suministro para atraer las inversiones y corporativos que buscan nuevas oportunidades para los procesos de manufactura.

Nuevas cadenas de suministro para semiconductores

Para cambiar dicho panorama, la iniciativa estadounidense más significativa en el sector tecnológico está impulsada por la emisión de la Ley de Ciencia y CHIPS (Creating Helpful Incentives to Produce Semiconductors) con fondos totales por 280 mil millones de dólares para todo el sector, de los cuales, 52 mil millones serán destinados para subsidiar la instalación de fábricas de chips en el país.

Fabs anunciadas en Estados Unidos
EstadoInversiónInicio de producción
TSMCArizona12 mil mdd2024
IntelOcotillo, Arizona 20 mil mdd(2 instalaciones)2024
IntelLicking County, Ohio20 mil mdd(2 instalaciones)2025
SamsungTyler, Texas17 mil mdd2025
MicronBose, Idaho15 mil mddND

Esta nueva legislación incluye también 1.5 mil millones de dólares para el Fondo Público de Innovación de la Cadena de Suministro Inalámbrica que busca estimular el movimiento hacia tecnologías inalámbricas de arquitectura abierta y basadas en software. Básicamente, impulsar el crecimiento del mercado de Open-RAN, que también disminuya la presencia de fabricantes chinos como Huawei y ZTE en las redes de telecomunicaciones.

Empresas como Micron e Intel ya anunciaron sus primeros planes para acceder a subsidios que fortalezcan sus planes de expansión de fábricas dentro de territorio estadounidense. Micron anunció una inversión de 40 mil millones de dólares para la instalación de una planta de chips de memoria.

Adicionalmente, el gobierno norteamericano comenzó a sondear las oportunidades que brinda la región para el ejercicio de estos recursos. México y Costa Rica, recibieron la visita de altos funcionarios del gobierno para trazar los primeros planes para que estos países participen en la recolocación de las cadenas productivas de semiconductores.

Anthony Blinken, secretario de Estado de los Estados Unidos, realizó la visita a México donde indicó que el objetivo del acercamiento con el país era el “desarrollo de una cadena de suministro mucho más resiliente para los semiconductores”, para asegurar el abasto de este vital componente.

Asimismo, señaló que para la fabricación de estos productos en América Latina se beneficiará la investigación, el diseño y la producción.

“Así que queremos explorar con ustedes cómo podemos alinear nuestras políticas entre Estados Unidos y México para maximizar esa cadena de suministro, los trabajos que se generan en EE. UU., y especialmente en México, ya que el meollo es crear fuentes de empleo para la gente”, indicó, por su parte, Gina Raimondo, secretaria de Comercio de Estados Unidos.

Costa Rica recibió la visita del subsecretario de Crecimiento Económico, Energía y Medio Ambiente del gobierno de Estados Unidos, José W. Fernández, donde también se conversó sobre la potencial participación de este país. El año pasado, Intel anunció una inversión de 600 millones de dólares para la instalación de una planta de prueba y ensamblaje en el país centroamericano.

Adicional a la búsqueda de socios que se pudieran beneficiar de la Ley de CHIPS, el gobierno estadounidense también ha impuesto barreras para evitar que China pudiera obtener algún beneficio indirecto. Todas las compañías que busquen acceder a los fondos previstos por la ley, tendrán prohibido ampliar sus inversiones en el país asiático.

“No se les permite usar este dinero para invertir en China, no pueden desarrollar tecnologías de punta en China, no pueden enviar la última tecnología al exterior”, advirtió Raimondo.

El conjunto de estas decisiones podría ya haber empezado a impactar en el mercado, conforme las compañías americanas buscan reducir el riesgo de futuros conflictos. Según reveló recientemente el New York Times, los más recientes smartphones de Google y Apple comenzarán a migrar parte de su producción fuera de China, con componentes hechos en Vietnam e India, respectivamente.

Dónde está la oportunidad para México

Intel es una de las compañías que ha lanzado su propia campaña de reshoring, mediante su estrategia IDM 2.0, cuyo objetivo es incrementar la participación en la fabricación de semiconductores de Estados Unidos en hasta un 30 por ciento a nivel mundial y de un 20 por ciento para Europa hacia 2030.

Para ello, la firma se ha comprometido a una inversión de hasta 20 mil millones de dólares en Ohio, 30 mil millones de dólares en Arizona y 36 mil millones de dólares para Europa, que permitirá la instalación de fábricas de semiconductores o fabs en estos territorios.

La instalación de una fab es un reto complejo y costoso que pocas compañías y países tienen la capacidad de realizar, con un costo mínimo aproximado de entre 10 a 15 mil millones de dólares y un periodo de aproximadamente tres años o más para que comience a fabricar sus primeras obleas de silicio.

Por otro lado, también se requiere de un vasto ecosistema de proveedores de materiales, componentes y maquinaria, así como de desarrolladores de software y capital humano de alta especialidad.

Le tomó a Taiwán más de 40 años convertirse en el líder global del mercado de semiconductores, para llegar al 2022 con cerca de un 63 por ciento del mercado de fabricación mundial, y convertirse en uno de los pocos países, junto con Corea del Sur, con la capacidad de producir los chips más avanzados de 5 nanómetros.

En ese sentido, es poco probable (aunque quizás no imposible) que en México se vaya a instalar una fab de semiconductores en el corto o mediano plazo, para lo cual, se tendría que desarrollar una política de largo alcance, para el desarrollo de empresas locales que puedan integrarse a la cadena de valor y, sobre todo, el desarrollo de talento con amplios recursos para universidades y centros de investigación, entre otros elementos.

De hecho, es a través de Intel como México ha logrado asegurar su posición en esta relevante industria. El Guadalajara Design Center (GDC), ubicado en el estado de Jalisco, se compone principalmente de dos laboratorios, uno de investigación y desarrollo (I+D) alrededor de algoritmos y tecnologías que podrían o no llegar al mercado, y uno más donde se realiza la validación de productos (chips) que ya están en sus etapas finales para su comercialización.

Este tipo de operaciones y otras relacionadas con la provisión de componentes, materiales y desarrollo y diseño de semiconductores es donde podría encontrarse la oportunidad para México.

Actualmente, la exportación de equipos eléctricos y electrónicos representa una importante entrada de ingresos para el país, llegando a superar la exportación de la industria automotriz. En junio de 2022, la exportación de equipos eléctricos y electrónicos (Capítulo 85), que comprende desde aspiradoras, fusibles, teléfonos móviles y circuitos integrados, representó el 16 por ciento del total de exportaciones del país, con un valor de 8.36 mil millones de dólares, según datos del INEGI y del Banco de México.

En particular, las partidas 8541 (Diodos, transistores y dispositivos semiconductores similares) y 8542 (Circuitos electrónicos integrados), que usualmente se refieren a la clasificación de los chips, procesadores o semiconductores, suman un valor total de 593 millones de dólares, apenas un 7 por ciento del Capítulo 85.

Incluso cuando México no vaya a participar directamente en la fabricación de chips, todavía existen amplias oportunidades a lo largo de la cadena valor de este componente y algunos productos que lo utilizan, desde la propia validación y empaquetamiento de los procesadores, hasta la manufactura final de televisores, automóviles y tarjetas de crédito que requieren del uso de chips para su funcionamiento.

En ese sentido, aunque el país ya cuenta con cierta capacidad, tanto en infraestructura, talento o presencia de empresas del sector, su participación del proyecto norteamericano aún debe superar diversos retos, tales como asegurar ciertos recursos esenciales como el agua y energía, plantear una estrategia industrial que permita ampliar la participación del país hacia otros puntos de la cadena de valor, y sobre todo, incrementar la inversión en Investigación y Desarrollo que amplíe el aprendizaje y la innovación sobre este sector.

Efrén Páez Jiménez
Efrén Páez Jiménez
Efrén Páez Jiménez es economista

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