FCC evaluará el impacto de pantallas en el aprendizaje de estudiantes

El regulador de EE. UU. revisará el programa E-Rate, que subsidia el acceso a Internet en escuelas, debido a preocupaciones sobre el uso de pantallas por parte de estudiantes.

Mientras antes el debate se centró en cómo llevar Internet a más estudiantes y reducir la brecha digital, ahora el foco comienza a desplazarse hacia una pregunta distinta: ¿el uso intensivo de la tecnología y pantallas en las aulas está contribuyendo realmente a mejorar los resultados educativos?

Con ese telón de fondo, el presidente de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, por sus siglas en inglés), Brendan Carr, anunció el inicio de una revisión integral del programa E-Rate, uno de los principales mecanismos de financiamiento para la conectividad educativa en Estados Unidos.

Actualmente, el programa destina alrededor de 3,000 millones de dólares al año para subsidiar servicios de telecomunicaciones, acceso a Internet e infraestructura interna en escuelas y bibliotecas.

La propuesta será sometida a consideración de la Comisión durante la reunión abierta del próximo 25 de junio y busca determinar si las redes y servicios financiados por E-Rate están siendo utilizados de manera consistente con los objetivos educativos establecidos por el Congreso estadounidense.

Tras décadas en las que el acceso a la conectividad fue considerado una prioridad nacional, especialmente durante la pandemia de Covid-19, las autoridades estadounidenses ahora examinan las posibles consecuencias de una mayor exposición de los estudiantes a dispositivos digitales.

Carr argumentó que diversos estudios recientes han vinculado el incremento del tiempo frente a pantallas con resultados académicos menos favorables, incluyendo una disminución del rendimiento escolar y de las habilidades de comprensión lectora.

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El presidente de la FCC advirtió que la tecnología debe actuar como una herramienta para fortalecer el aprendizaje y no convertirse en una fuente de distracción o deterioro del desempeño educativo.

La FCC también señaló que varios estados y distritos escolares han comenzado a adoptar medidas para reducir el tiempo de exposición a dispositivos electrónicos, particularmente entre estudiantes de menor edad, mientras que en el Congreso estadounidense se han presentado iniciativas legislativas orientadas a limitar el uso excesivo de pantallas por parte de menores.

Seguridad infantil y control parental

Otro eje central de la revisión está relacionado con la protección de menores en línea.

La propuesta busca recabar comentarios sobre posibles medidas regulatorias para fortalecer la seguridad digital de niños y adolescentes cuando utilizan redes y servicios financiados por E-Rate.

La FCC analizará si la interpretación actual de la Ley de Protección de los Niños en Internet continúa siendo adecuada y si las obligaciones vigentes ofrecen salvaguardas suficientes frente a contenidos inapropiados o potencialmente dañinos.

Asimismo, el organismo pretende explorar mecanismos que permitan empoderar a padres, tutores y docentes en las decisiones relacionadas con el acceso de los menores a recursos digitales dentro de entornos educativos.

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La revisión del programa no se limita al ámbito pedagógico. La agencia también lanzó una propuesta regulatoria adicional para reforzar la supervisión e integridad de E-Rate mediante mayores controles administrativos y nuevas obligaciones de cumplimiento.

Entre las medidas planteadas, figura el establecimiento de una fecha límite fija —el 30 de junio— para la presentación del formulario FCC 473, además de otros ajustes orientados a simplificar procesos y fortalecer la vigilancia sobre el uso de los recursos públicos.

La iniciativa forma parte de una estrategia más amplia impulsada por Carr para revisar de manera integral los programas del Fondo de Servicio Universal.

Durante su gestión, la FCC ya eliminó algunas expansiones implementadas durante la pandemia, como el financiamiento de puntos de acceso WiFi fuera de los campus escolares y la conectividad WiFi en autobuses escolares, bajo el argumento de que excedían las facultades otorgadas por el Congreso y representaban un uso ineficiente de recursos federales.