¿Por qué fracasó CoDi?

El 30 de septiembre de 2025, CoDi (Cobro Digital), el sistema de pagos con QR desarrollado por el Banco de México (Banxico) sobre los rieles del SPEI (Sistema de Pagos Electrónicos Interbancarios), cumplió 6 años de operación, con una adopción prácticamente nula entre la población debido a la falta de incentivos para su uso.

En este sexenio, CoDi sumó apenas 21.8 millones de cuentas validadas, de las que menos de 2.5 han realizado al menos un pago y sólo poco más de un millón (1,085,933) han recibido un cobro. Hasta el 8 de septiembre de 2025, se habían realizado 17,792,880 operaciones por un monto total de 16,720 millones de pesos. Un solo banco, BBVA, tiene más clientes móviles: 25 millones, que representan el 78% de su base de usuarios en el país.

Además de su nimia penetración entre la población y la nimiedad del monto transaccionado, su intrascendencia es reconocida por informes internacionales. “La implementación del CoDi en México no generó ningún cambio considerable”, consta en el informe Más allá del dinero en efectivo: la revolución de los pagos digitales en América Latina y el Caribe, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), publicado recién este mes de septiembre.

El estudio incluye un gráfico que ilustra de manera muy elocuentemente cómo, a diferencia de lo que ocurrió en Brasil —con Pix, que curiosamente también acaba de cumplir 5 años: se lanzó el 5 de octubre de 2020— y Perú —a través de la interoperabilidad de las dos principales billeteras digitales del país: Yape y Plin—, en México la implementación de CoDi no produjo ningún cambio y las transacciones se mantuvieron estables.

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Banxico buscaba apalancarse de la amplia penetración de teléfonos móviles que, para 2019, ya había en México. Según explicaba el propio banco central en la época temprana, lo único que se necesitaba para usarlo era, precisamente, un dispositivo móvil con la capacidad de generar códigos QR y mensajes de cobro a través de Internet.

Según consta en una presentación que Alejandro Díaz de León, el entonces gobernador del Banco de México, hizo el 22 de enero de 2020 en la Reunión Plenaria de Presidentes de la  Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio (CONCANACO), Banxico priorizó la interoperabilidad “durante el diseño, desarrollo e implementación de CoDi”.

Sin embargo, lo que salió a relucir tras su implementación —luego de un piloto de dos meses en tres ciudades del país: La Paz, Baja California Sur; Tulancingo, Hidalgo; y Progreso, Yucatán— fue la falta de incentivos, tanto para los usuarios, para pagar, como para los comercios, para cobrar; por lo que ambos siguieron utilizando las transferencias interbancarias a través del SPEI para sus operaciones cotidianas.

Muchos son los argumentos que se han esgrimido para explicar por qué CoDi nunca ‘terminó de despegar’: el hecho que imponía como pre-requisito tener una cuenta bancaria; el que corriera sobre redes más recientes (4G) o incluso el hecho aparentemente más banal de que la función estuviera escondida en las apps bancarias. Mención —y un comprensivo estudio antropológico— aparte merecería indagar por qué el QR fracasó como método de pago en México, frente al éxito que tuvo en los dos mayores mercados de Sudamérica: Argentina, por iniciativa privada, y Brasil, por iniciativa pública.

No obstante, el factor que, indiscutiblemente, más ha influido en la nula adopción de CoDi es la no obligatoriedad. El hecho de que su adopción, por parte de las instituciones financieras, sea voluntaria, ha hecho que muchos bancos no promuevan su uso. El contraejemplo más notable es el de Brasil, donde Pix fue un éxito rotundo porque el Banco Central (BCB) lo hizo obligatorio para todas las entidades con más de 500,000 cuentas activas y, desde este mes de octubre de 2025, Pix Automático es obligatorio para todos los débitos interbancarios.

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