8M | La otra carrera espacial es por abrir órbitas a las mujeres
Esta es la tercera entrega de una serie especial en el marco del 8M que el equipo de DPL News ha preparado para abordar cómo la tecnología puede ser, al mismo tiempo, una palanca de inclusión o un factor de profundización de las desigualdades de género.
El espacio siempre se ha contado como una historia de hazañas técnicas: cohetes, órbitas y lanzamientos. Pero detrás de cada misión hay decisiones humanas. Y durante décadas, esas decisiones han sido tomadas casi exclusivamente por hombres.
Los países y las empresas están acelerando una carrera global para conquistar el espacio, en busca de asegurar la supervivencia humana y obtener beneficios científicos, económicos y geopolíticos.
Y en medio de ese auge de la economía espacial —con satélites que sostienen la conectividad rural, monitorean desastres y respaldan infraestructuras críticas—, la presencia de mujeres es crucial para moldear el futuro que orbita sobre la Tierra.
Cuando Katya Echazarreta viajó al espacio en 2022, los titulares de noticias celebraron el hito: la primera mujer mexicana en lograrlo. Pero la verdadera dimensión de ese momento no estaba en la cápsula, sino en la estructura que lo hizo excepcional. Si su presencia fue noticia, es porque todavía no es norma.
La industria espacial avanza hacia misiones lunares permanentes, constelaciones satelitales masivas y una economía que redefine la soberanía tecnológica de los países.
Sin embargo, el poder de decisión dentro del sector sigue concentrado. Y eso, en una industria que construye el futuro, no es un detalle menor.
La brecha en la órbita
El Landmark Study on Gender Equality in the Global Space Sector (Fase 2) revela que las mujeres representan el 30% del sector público espacial. Sin embargo, su presencia disminuye conforme aumenta el nivel de poder: representan apenas el 24% en gerencias, el 19% en juntas directivas y apenas un 11% entre astronautas.
Esto significa que la arquitectura tecnológica que sostendrá las próximas décadas —desde sistemas de posicionamiento hasta plataformas de observación terrestre— se diseña mayoritariamente desde una perspectiva homogénea.
En un sector donde las decisiones técnicas tienen implicaciones geopolíticas y económicas, la ausencia de diversidad en la alta dirección limita el espectro de soluciones posibles.
Aunque algunas pequeñas y medianas empresas alcanzan paridad en sus directorios, el informe advierte que persiste una segregación funcional: las mujeres continúan concentradas en áreas administrativas y de divulgación, mientras los roles de ingeniería crítica y liderazgo científico permanecen predominantemente masculinos.

La diversidad es una oportunidad
En misiones espaciales de larga duración, cada kilogramo cuenta. Agua, alimento, oxígeno y combustible se calculan con precisión milimétrica. Diversas investigaciones han señalado que tripulaciones femeninas pueden optimizar el consumo de recursos vitales, un factor determinante en expediciones prolongadas hacia la Luna o Marte.
Además, las mujeres son menos propensas a sufrir problemas físicos en un vuelo espacial, como el riesgo de padecer cáncer o el deterioro del sistema inmunológico.
Pero el impacto va más allá de la fisiología. Equipos diversos tienden a reducir el groupthink, aceleran la resolución de problemas complejos y elevan la calidad de la innovación.
Un error puede costar miles de millones de dólares o comprometer vidas humanas en la industria especial, por eso ampliar la base de perspectivas es una ventaja competitiva para obtener mejores resultados científicos y económicos.
Además, integrar a las mujeres en procesos de investigación y desarrollo es fundamental para garantizar que los sistemas de soporte vital, los estudios biomédicos y el diseño de equipamiento contemplen diferencias fisiológicas reales.
De lo contrario, la industria corre el riesgo de replicar errores ya documentados en otros sectores tecnológicos, en los que productos y protocolos han sido históricamente diseñados con un “usuario promedio” masculino como referencia.
Entornos hostiles y fuga de talento
Cerrar la brecha de género no es solo un compromiso alineado con el Tratado del Espacio Exterior de 1967 o con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. Es una condición para la sostenibilidad del sector.
El 33% de las mujeres en la industria espacial reporta haber experimentado discriminación directa; cerca de la mitad ha enfrentado sesgos encubiertos y 16% ha denunciado acoso sexual. Como resultado, casi la mitad no percibe su entorno laboral como plenamente seguro.
La consecuencia de ese entorno hostil es la fuga de talento altamente especializado en un sector que compite globalmente por capital humano avanzado. Formar ingenieros aeroespaciales toma años y grandes inversiones públicas y privadas. Por ello, además de las implicaciones sociales, perder talento por dinámicas culturales representa un costo estratégico para el sector.
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El efecto Echazarreta
Desde su experiencia, Katya Echazarreta sostiene que la representación no es un gesto simbólico, sino un mecanismo de transformación estructural.
“Para una niña puede ser muy importante ver a una mujer que ya logró estas cosas”, señala y explica cómo la ausencia de referentes limita aspiraciones desde edades tempranas.
Sin embargo, el problema no comienza en la infancia. Echazarreta advierte que el interés por la ciencia es natural en niños y niñas; lo que cambia es el entorno. Con el tiempo, mensajes sociales, familiares e incluso institucionales erosionan esa curiosidad inicial.
Paradójicamente, México registra entre 30% y 36% de participación femenina en carreras tecnológicas, una proporción superior al 19% observado en instituciones como UCLA en Estados Unidos. El cuello de botella aparece después: en el mercado laboral.
“La deserción no se debe a falta de capacidad, sino a un entorno hostil”, explica la ingeniera. En realidad, la salida de talento femenino no se trata de un problema de vocación, sino de cultura organizacional.
Seguridad, diseño y responsabilidad tecnológica
Para Echazarreta, la ausencia de mujeres en espacios de decisión tiene consecuencias concretas. Un ejemplo frecuente en la literatura tecnológica es el diseño de pruebas de seguridad vehicular basadas en modelos promedio masculinos, lo que incrementa riesgos para las mujeres.
La lógica es extrapolable a la industria espacial. Si los sistemas son diseñados sin incorporar diversidad de perspectivas, el riesgo es tanto operativo como reputacional.
“No podemos esperar que el 50% de las personas utilicen esta tecnología de manera segura cuandoel otro 50% toma todas las decisiones”, enfatiza.

Se proyecta que la economía espacial crecerá de manera acelerada en los próximos años —con nuevos actores privados, constelaciones satelitales masivas y proyectos de exploración lunar—, por lo que la diversidad también es una tarea pendiente si no se quiere dejar fuera a la mitad de la población mundial.
La verdadera frontera espacial
Desde las primeras 75 mujeres que alcanzaron el espacio hasta las actuales profesionales que operan en la Estación Espacial Internacional, la presencia femenina ha avanzado, pero sigue siendo excepcional, no estructural.
El desafío para América Latina no es únicamente promover hitos individuales, sino construir ecosistemas espaciales donde la diversidad forme parte del diseño institucional.
Durante más de medio siglo, la exploración espacial ha simbolizado progreso. Sin embargo, progreso no es únicamente avanzar más lejos, sino hacerlo mejor.
Si la mitad de la población permanece subrepresentada en los espacios donde se diseñan sistemas críticos —desde satélites hasta misiones interplanetarias—, el problema sigue siendo la desigualdad estructural. La innovación que excluye termina siendo incompleta.
El viaje de Katya Echazarreta demostró que el talento existe. Lo que aún está en construcción es el ecosistema que lo retenga, lo escuche y lo convierta en liderazgo.
La verdadera frontera no está en Marte ni en la órbita terrestre baja. Está en redefinir quién toma las decisiones que determinarán cómo viviremos, nos comunicaremos y nos protegeremos en las próximas décadas.
El día en que la presencia de una mujer en el espacio deje de ser titular, ese día la industria habrá dado un salto más significativo que cualquier lanzamiento.
