Los fabricantes tecnológicos chinos siguen siendo objeto de prohibiciones para la instalación de infraestructura de quinta generación (5G), iniciadas por Estados Unidos durante la administración de Donald Trump.
La guerra contra estas empresas continúa en el gobierno de Joe Biden, ahora bajo una estrategia que busca seducir a América Latina para aliarse a países como el Reino Unido, Suecia o Australia, que en años pasados anunciaron la prohibición de firmas como Huawei y ZTE.
La campaña de evangelización estadounidense ha rendido su primer fruto, ya que el presidente de Costa Rica, Rodrigo Chaves, anunció la semana pasada la firma de un decreto que prohíbe la participación de proveedores de tecnología chinos en el desarrollo de las redes 5G.
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El acontecimiento se dio en el marco de la visita que el primer mandatario realizó a Estados Unidos, donde se reunió con su homólogo Joe Biden. La medida incluso fue elogiada por el responsable de políticas digitales estadounidense, Nathaniel Fick.
El argumento para prohibir la tecnología china siempre ha sido el de cuestiones de “seguridad nacional”, un discurso que no ha demostrado verídicamente que las comunicaciones e infraestructura crítica de un país se haya visto amenazada por la intromisión del Partido Comunista Chino.
Impedir que se adquiera infraestructura de origen chino en Costa Rica para la construcción de redes 5G se va a convertir en un dolor de cabeza para los operadores de telecomunicaciones, puesto que algunos de ellos, como Claro y la estatal ICE, ya cuentan con tecnologías de Huawei, y reemplazar ese equipo generará un gasto exorbitante. Algunas compañías que se han visto obligadas a acatar la prohibición en otros países lo han manifestado y hasta han solicitado a los gobiernos subvenciones para aligerar los costos. Hasta Estados Unidos sigue en deuda multimillonaria en el proceso de remoción y reemplazo de equipo en las redes públicas de telecomunicaciones del país.
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América Latina está en una balanza, ya que cada nación puede dejarse influenciar por Estados Unidos y los beneficios que logren obtener (en la reunión Costa Rica–EE. UU. Intel anunció una mayor inversión en el país tico), o bien adoptar la competencia global, ya sea negociando estratégicamente con empresas chinas o de cualquier otro país sin caer en argumentos sin sustento.
Costa Rica no la tiene fácil, se avecinan tiempos de discusión y amparos. También con el tiempo se verá si seguir los pasos de Estados Unidos beneficiará a un país que se caracteriza por no contar con un Ejército, pero que se ha unido a una guerra comercial.