Tras los procesos electorales recientes en América Latina, en 2024 seguirá reconfigurándose el mapa geopolítico de la región, que se encuentra en la encrucijada, en medio de la batalla comercial que libran las dos mayores potencias mundiales del siglo XXI: Estados Unidos y China.
Mediante inversiones, alianzas estratégicas, acciones diplomáticas, bloqueos y el famoso soft power, ambos gigantes están tratando de expandir su área de influencia entre los países de América Latina.
Como quedó demostrado en la reciente cumbre del Foro de Cooperación Asia Pacífico (APEC), que contó con el reencuentro estelar, en suelo estadounidense, de los mandatarios de ambos países, Joe Biden y Xi Jinping, cada una de las naciones soberanas del continente está definiendo su posición y estrategia frente a esta tensión velada, una suerte de reedición de la Guerra Fría, aunque esta vez no en la carrera espacial, sino en la lucha por la hegemonía tecnológica y, en específico, la supremacía en la Inteligencia Artificial, los semiconductores y el despliegue de las redes 5G.
El mapa geopolítico en 2024
Como también se reafirmó en la misma cumbre de la APEC, con la reunión entre los presidentes de México, Andrés Manuel López Obrador, y Xi Jinping, las relaciones bilaterales y comerciales chino-mexicanas continuarán y no harán más que reforzarse, sobre todo en el contexto de la transición a la electromovilidad y la llegada de los vehículos eléctricos chinos al país, tal como le exhortó Jinping a su homólogo mexicano.
Así, como nación soberana, resulta claro que México mantendrá su enfoque agnóstico y tecnológicamente neutro, en el cual continuará recibiendo las inversiones y alentando la operación de las empresas chinas, al tiempo que alberga el libre desarrollo y la expansión de los vendors y operadores occidentales, específicamente estadounidenses, en el marco del TMEC.
Las elecciones y la transición gubernamental que acontecerá en 2024 no representan ningún indicio de cambio, ya que las proyecciones apuntan a una continuidad y no a una ruptura respecto de la administración actual.
En la APEC, la presidenta de Perú, Dina Boluarte, también reafirmó su cooperación con China, y es esperable que esta posición se mantenga en 2024, tomando en cuenta que el mandato de Boluarte se extenderá hasta 2026.
Respecto de los demás países de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), se pronostica que Bolivia continúe con su postura favorable hacia el gigante asiático bajo el mando de Luis Arce Catacora; mientras que la posición de Colombia, si bien viró hacia la izquierda tras la llegada al poder de Gustavo Petro, es más neutral, ya que tradicionalmente el país sudamericano había sido un aliado de Estados Unidos en Sudamérica.
Los cambios se avizoran al avanzar hacia el Oeste, ya que Ecuador, con la muy reciente asunción de Daniel Noboa tras las elecciones anticipadas, podría reforzar un enfoque más proclive a EE. UU.
Ahora bien, donde se vislumbran los mayores cambios es en el Cono Sur: de Occidente a Oriente, queda claro que Chile, bajo el mando de Gabriel Boric, mantendrá sus lazos amistosos con China.
El cambio más drástico apunta a ocurrir en Argentina: además de adoptar la propia moneda estadounidense, dado que una de sus principales propuestas de campaña fue “dolarizar la economía”, la semana después de ganar el balotaje, Javier Milei viajó a Estados Unidos para reunirse con funcionarios y organismos financieros, por lo que es claro que reforzará sus lazos con el país norteamericano.
El mismo pronóstico es para su vecino del norte, Paraguay, que ha celebrado múltiples reuniones con funcionarios y ejecutivos tecnológicos estadounidenses desde que Santiago Peña asumió la presidencia, que incluyen declaraciones conjuntas sobre ciberseguridad y la garantía de un despliegue “seguro y confiable” de 5G, por lo que podría ser el próximo país en poner en riesgo la neutralidad tecnológica después de Costa Rica.
Por último, cabe resaltar que lo más probable es que Uruguay y Brasil se mantengan neutrales, aunque con una predilección hacia China por parte de este último, mientras Lula esté en la presidencia.
