Neutralidad de red: ¿un obstáculo para 5G? 

El 5G en América Latina avanza “sin prisa, pero sin pausa, como las estrellas”, diría Goethe. Nos hablaron de una tecnología móvil que traería la revolución a nuestras vidas analógicas, pero no hemos logrado ver las revueltas y barricadas que acompañan tales procesos de subversión. Todo indica que 5G vive una suerte de crisis de legitimidad causada por las expectativas no cumplidas. Además del “salto cuántico” en suspenso, el tema regulatorio surge como un elefante en la habitación. 

Una primera piedra en el camino para 5G es el deslucido papel que ha debido representar. En lugar de potenciar ciudades inteligentes, habilitar la industria 4.0 y sustentar la economía digital, la quinta generación móvil está siendo aprovechada para mejorar la transmisión de Netflix y los juegos en línea. Si 4G gesticulara, me lo imagino riendo a carcajadas del sobrecalificado reemplazo que contrataron para sucederle en el trabajo, incluso por el mismo sueldo. 

Lo cierto es que, por diseño y currículum, 5G está capacitado para funciones bastante más evolucionadas y significativas, especialmente en su versión standalone

En su material genético porta la banda ancha móvil mejorada (eMMB), las comunicaciones masivas de tipo máquina (MMTC) y la comunicación ultra fiable y de baja latencia (URLLC). Tales atributos sitúan a la quinta generación móvil en el podio de las tecnologías emergentes, como Internet de las Cosas (IoT), la Inteligencia Artificial (IA), el blockchain y otras innovaciones. Sin embargo, la realidad es otra. Vemos a una majestuosa águila rebajarse a la cacería de moscas de medio pelo en lugar de presas mayores. “Aquila non capit muscas”, aconsejaría un romano clásico.

La segunda piedra de tropiezo que enfrenta 5G es el bajo número de aplicaciones y casos significativos de uso que ha provocado. ¿Dónde están la telepresencia holográfica, los drones urbanos, los vehículos autónomos, las operaciones quirúrgicas remotas, la rehabilitación gamificada, entre otras soluciones? El 5G parece poco atractivo para el usuario promedio que ve colmada su necesidad cotidiana con la red 4G. 

Pero acá el problema no es la tecnología, sino la falta de aplicaciones que le saquen partido a los atributos de la eMBB, las MMTC y las URLLC. “A la industria no le falta creatividad para vender nuevos productos… el problema es que no hay demanda”, se lamenta Alfie Ulloa, el portavoz del gremio telco chileno. Esto lo afirma a propósito de la empinada cuesta de las empresas para monetizar su inversión en 5G.

La tercera piedra de tope de 5G no está en el camino. La lleva en el zapato. Corresponde al obstáculo regulatorio que la neutralidad presentaría a la segmentación de redes (network slicing). Este modelo arquitectónico es una pieza fundamental de la telefonía móvil de quinta generación.

El diseño segmentado, fragmentado o troceado de la carretera digital permite crear múltiples carriles virtuales, separados e independientes, sobre una misma infraestructura física. Cada carril o slice es una sub-red que puede ser personalizada y optimizada para diferentes tipos de servicios, aplicaciones o necesidades del usuario. Es como si fueran redes dedicadas (esas de toda la vida), pero compartiendo los mismos recursos físicos de una sola red.

Los beneficios del network slicing 5G están sobradamente estudiados. Potenciaría múltiples servicios de misión crítica en telemedicina, seguridad pública, conducción autónoma, monitoreo de catástrofes y otros ámbitos. También favorecería los usos y soluciones industriales para la minería, la pesca, el agro, la construcción o el rubro forestal. En fin, posibilitaría en buena medida las ciudades inteligentes y la nueva era digital.

Para ser exactos, el network slicing y 5G son cosas diferentes, pero se encuentran unidos en un matrimonio indisoluble y para toda la vida. A esta pareja sólo la muerte podrá separarla y parece que, también… la neutralidad de red.

Como constructo regulatorio, la neutralidad de red constituye un derecho sagrado para el usuario de Internet. Es la idea de que el tráfico a través de la red global no debe experimentar discriminaciones. Todos los datos son iguales en dignidad y derechos, por lo que merecen el mismo tratamiento de parte del operador. La paradoja es que el tráfico generado por una cirugía remota a un enfermo pasa a tener el mismo valor que uno causado por un jugador en línea comprometido con su deporte.

Como sea, atrás quedaron los tiempos en que el proveedor de acceso a Internet (ISP) podía discriminar o cobrar de manera diferente. En esa época podía basarse en la clase de usuario, el contenido, el sitio web, la plataforma, la aplicación, el equipo conectado, el método de comunicación u otra circunstancia. En resumidas cuentas, la neutralidad de red surgió como un freno contra la arbitrariedad y el despotismo. Un baluarte de los débiles. El arma con que David vence a Goliat. 

Sin embargo, la neutralidad de red está siendo un punzante dolor de muelas para 5G. Es una piedra en el zapato para el network slicing, contrariando su implementación, desarrollo y potencial innovador. Esto obedece a que la segmentación de redes tiene el aroma, el color y el sabor de la discriminación de tráficos. Justamente lo que llegó a erradicar la neutralidad de red: las rebanadas de pizza desigualmente trozadas.

En el fondo, el network slicing implica que el administrador de la red puede aplicar deliberadamente medidas que controlen el flujo de tráfico entre las distintas sub-redes o slices. O sea, pone en evidencia el favoritismo del ISP por algunos datos y el desdén por los otros, basado en la actividad atendida, el precio, el tipo de usuarios u otra política. Una cuestión que resulta intolerable bajo la ética de la neutralidad. 

En el terreno jurídico, cada país ha ido regulando el paradigma de la neutralidad con matices diferentes. La legislación chilena dispone que los proveedores de acceso a Internet “no podrán arbitrariamente bloquear, interferir, discriminar, entorpecer ni restringir el derecho de cualquier usuario de Internet para utilizar, enviar, recibir u ofrecer cualquier contenido, aplicación o servicio legal a través de Internet”. 

Evidentemente, el control de un determinado tráfico, mediante la priorización de sus paquetes de información u otra práctica, supone que otros serán discriminados, restringidos o bloqueados. En consecuencia, aplicado a las redes 5G, el network slicing  estaría enfrentado a serios problemas con la justicia. 

No obstante, pienso que el conflicto entre neutralidad de red y 5G es más aparente que real, al menos en la consagración legal chilena. Como la neutralidad de red no pretende entorpecer (“neutralizar”) el desarrollo tecnológico, habremos de buscar el punto de equilibrio. Y en lo que respecta a la armonización normativa, el balón pasa al área del ente regulador.

En esta encrucijada, la Subsecretaría de Telecomunicaciones (Subtel) puede escoger entre dos caminos posibles. La vía larga es promover una modificación legal, a través del Congreso Nacional, que establezca excepciones al principio de la neutralidad de red. En cambio, la vuelta corta es ejercer la potestad de interpretación técnica de la norma legal, declarando administrativamente que la regulación actual permite diferentes diseños de la red, como el network slicing

Hay un precepto legal que abona el recurso de la vía administrativa. Es la norma de la legislación vigente que permite a los ISP adoptar “las medidas o acciones necesarias para la gestión de tráfico y administración de red, en el exclusivo ámbito de la actividad que les ha sido autorizada”. 

Así, el verdadero sentido y alcance de las expresiones “gestión de tráfico” y “administración de red” sería uno que engloba diseños arquitectónicos como el de la segmentación de redes.

La función hermenéutica de la autoridad es un arma poderosa, por lo que debe ser bien argumentada. En el marco de la interpretación correcta, cada pedazo o slice debiera considerarse una red distinta para efectos de cumplir con las normas de neutralidad. En cada una de esas redes el operador podrá ofrecer servicios optimizados o personalizados, respetando sagradamente la igualdad de acceso a Internet de los usuarios de un mismo trozo o slice

Para empujar este ejercicio intelectual, es necesario que algún teleoperador efectúe una solicitud de interpretación técnica a la Subtel. La presentación escrita no estará exenta de dificultades, porque por las venas de la industria telco chilena corre la sangre de la tradición litigiosa. Este vicio la inclina a impugnar el ejercicio de cualquier potestad de la autoridad sectorial, ya sea en sede administrativa o judicial. 

La cultura formalista chilena peca a veces de escrúpulos. No queda tranquila con saber que el agua efectivamente moja, sino que necesita la confirmación de un tribunal (ojalá de la máxima instancia). A la industria no le basta el mandato legal expreso del órgano legislativo y la ejecución que realice el Poder Ejecutivo. También es necesario que lo dictamine el Poder Judicial. 

Aunque ello suponga dejar el network slicing por dos o tres años en el congelador, mientras se resuelve la controversia sujeta a una orden de no innovar.

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