8M | Femtech: hacer visible lo invisible en la salud de las mujeres

Esta es la cuarta entrega de una serie especial en el marco del 8M que el equipo de DPL News ha preparado para abordar cómo la tecnología puede ser, al mismo tiempo, una palanca de inclusión o un factor de profundización de las desigualdades de género.

A los 41 años, Verónica estaba en la cúspide de su carrera. Era la directora comercial regional de una multinacional de bienes de consumo y planeaba establecer su propia empresa. Pero también atravesaba lo que ella llama su “tormenta personal”: la perimenopausia.

Para una mujer que se despertaba todos los días a las 5:00 de la mañana, tener insomnios, sofocos y dolores articulatorios continuos sin entender la razón era frustrante física y emocionalmente. Le costaba concentrarse y mantenerse alerta durante largas jornadas de trabajo y en su vida íntima.

Verónica pasó por múltiples especialistas durante dos años antes de comprender lo que le pasaba y cómo podía mantener su calidad de vida mientras atravesaba esta etapa. 

Como ella, millones de mujeres alrededor del mundo experimentan diversos cambios hormonales al final de su ciclo menstrual, pero también a lo largo de sus etapas vitales. Y muchos de ellos no han sido lo suficientemente abordados en el sistema de salud convencional ni en la investigación científica.

Ante las brechas históricas en la atención de la salud de las mujeres, la industria femtech ha emergido como una fuerza disruptiva dentro del panorama tecnológico y sanitario global.

El despertar de un mercado “invisible”

La historia de Verónica es el síntoma de un vacío estructural. Sólo el 4% del gasto en investigación y desarrollo (I+D) de las biofarmacéuticas se destina a la salud femenina, de acuerdo con el Foro Económico Mundial, a pesar de que las mujeres representan la mitad de la población mundial y toman la mayoría de las decisiones de consumo sanitario.

Esta desconexión ha dejado a millones de mujeres navegando por un sistema de salud que fue diseñado por y para hombres.

Sin embargo, el panorama está cambiando drásticamente. En América Latina, el sector femtech nació como un nicho de aplicaciones de seguimiento menstrual.

Ahora es un ecosistema en expansión cuyo valor de mercado a nivel global se estimó en 60,200 millones de dólares en 2024, y el cual se espera que crezca a una tasa anual de 16% hacia 2034, según Global Market Insights.

Esta “revolución silenciosa” está impulsada por una nueva generación de emprendedoras que, cansadas de la falta de respuestas, decidieron construir sus propias soluciones.

SinReglas y las luchas invisibilizadas

Gabriela Rojas fundó la primera femtech en México enfocada en la atención integral de la menopausia. A los 44 años, decidió crear este proyecto después de su propia batalla contra los síntomas de la perimenopausia.

Durante un año y medio, la directora ejecutiva de SinReglas estuvo visitando especialistas como reumatólogos, dermatólogos y psiquiatras sin obtener respuestas claras, hasta que un endocrinólogo le confirmó que sus síntomas —insomnio, fatiga extrema, dolor articular y ansiedad— eran parte de la transición a la menopausia. 

“¿Cómo sucedió que no supe lo que me estaba pasando?”, se cuestionó entonces. Esa interrogante dio vida a su nuevo proyecto de vida, con la misión social de ayudar a otras mujeres a transitar por esta etapa acompañadas y sin vergüenza.

SinReglas acompaña a las mujeres en la menopausia a través de una plataforma que ofrece comunidad, diagnóstico, educación y atención especializada de manera virtual. 

La menopausia no es sólo un tema médico, también es un factor de desigualdad estructural. Según Rojas, el 67% de las mujeres reportan que esta etapa afecta su desempeño laboral.

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Resulta alarmante que el inicio de los síntomas coincida precisamente con el pico de la carrera profesional, como en el caso de la misma Gabriela y de Verónica, lo que también genera una fuga de talento senior extremadamente costosa para las empresas y la economía del país.

“El 30% de la brecha salarial en mujeres de 40 a 60 años no se explica ni por educación, ni por desempeño, ni por experiencia (…) y coincide con la menopausia”, explica Rojas en entrevista.

Brechas en la salud femenina

Muchos de los padecimientos relacionados con la salud femenina afectan silenciosamente a las mujeres y pueden pasar años sin ser tratados adecuadamente.

Por ejemplo, algunos estudios apuntan que la endometriosis puede tardar entre ocho y 12 años en ser diagnosticada, debido a la falta de conocimiento y concientización, la invisibilización del dolor y la brecha de investigación médica al respecto.

La irrupción de innovaciones tecnológicas enfocadas en la salud femenina puede contribuir a abordar problemas que afectan exclusivamente a las mujeres, por medio de dispositivos, aplicaciones, software y servicios.

Actualmente, existe una enorme disparidad en la inversión, investigación y desarrollo de soluciones para la salud femenina, así como una subrepresentación y falta de datos que permitan diseñar soluciones médicas que respondan a las necesidades de las mujeres.

De acuerdo con Deloitte, únicamente el 25% de quienes participan en ensayos clínicos son mujeres y el 75% son hombres. Además, en 2022, apenas dos de los 37 medicamentos recetados aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de Estados Unidos fueron para afecciones de salud específicas de las mujeres. 

En ese contexto, la tecnología puede ser un puente hacia una atención digna y oportuna. Startups como la mexicana Plenna han irrumpido con un modelo híbrido que combina una plataforma digital con clínicas físicas, eliminando estigmas en servicios que van desde la ginecología general hasta la salud mental.

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En Brasil, Oya Care ataca otro frente: la autonomía sobre la fertilidad. Fundada por Stephanie von Staa Toledo, esta plataforma ofrece evaluaciones preventivas en línea e incluso procedimientos complejos como la congelación de óvulos.

La startup Nurx ha ayudado a miles de mujeres a acceder a métodos anticonceptivos de manera segura y discreta en Estados Unidos a través de su aplicación o su sitio web, lo cual ha sido muy útil para quienes viven en zonas alejadas, temen el juicio social o familiar o enfrentan dificultades personales.

Clue, mientras tanto, es una aplicación que permite a las mujeres tener un seguimiento de su ciclo menstrual. Pero también se ha convertido en una poderosa herramienta de recolección de datos científicos a una escala nunca antes vista. Precisamente, su fundadora, la danesa Ida Tin, acuñó el término femtech para describir este movimiento.

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Históricamente, los ensayos clínicos evitaban incluir a mujeres en edad reproductiva porque las fluctuaciones hormonales se consideraban una “variable molesta” que podía “ensuciar” los resultados de medicamentos.

Sin embargo, Clue colabora con instituciones como la Universidad de Stanford, la Universidad de Columbia y el Instituto Max Planck en el desarrollo de investigaciones que permitan comprender mejor la salud femenina, aprovechando los datos anonimizados de millones de mujeres reales y de diferentes países.

Rompiendo el último tabú de la menopausia

Si bien la fertilidad captó gran parte de la atención inicial, la “tormenta” que vivió Verónica —la menopausia— es la nueva frontera del sector. La Organización Mundial de la Salud estima que para 2030 habrá más de 1,200 millones de mujeres en etapa menopáusica o posmenopáusica en el mundo.

Con ayuda de la tecnología, han surgido emprendimientos como SinReglas que buscan brindar soluciones y romper estigmas y tabúes alrededor de la salud femenina.

Gabriela Rojas explica que SinReglas se propone transformar la vivencia de la menopausia para que las nuevas generaciones no la vivan en silencio, con vergüenza o falta de información. 

“Lo que queremos es romper ese tabú y hacer visible lo invisible, lo que históricamente ha sido utilizado (…), no nada más como un tema médico, sino como un tema estructural invisible de desigualdad“.

SinReglas utiliza la tecnología para reducir las barreras de acceso y democratizar la atención de la salud para las mujeres.

Aunque cualquiera puede acceder a su plataforma, la telemedicina especializada como la que brinda esta startup es especialmente útil para mujeres que viven en zonas remotas o que no pueden acceder a los establecimientos tradicionales.

La startup está por lanzar su Menotest 2.0, una versión mejorada de su herramienta para identificar la etapa de la menopausia en la que una mujer se encuentra y los síntomas que requieren especial atención. 

En su nueva versión, la herramienta estará potenciada con Inteligencia Artificial para ofrecer recomendaciones personalizadas basadas en los hábitos de cada usuaria.

El desafío del capital y la brecha digital

A pesar del optimismo, el camino no está libre de obstáculos. El sector femtech enfrenta desafíos para atraer capital. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) advierte que las tecnologías femeninas reciben sólo el 2% de la inversión global.

La brecha de género también está presente en el acceso al capital. Las startups lideradas por mujeres tienen más dificultades de encontrar financiamiento, en buena medida gracias a que los paneles de inversores suelen estar conformados principalmente por hombres.

Un reporte de All Raise de 2024 muestra que las mujeres ocupan menos de una quinta parte de los puestos de toma de decisiones más importantes en firmas de capital riesgo y alrededor del 22% de los profesionales en activos alternativos a nivel mundial.

Si bien los fondos liderados por mujeres están dando paso a la próxima ola de capital de riesgo, cerrar la brecha de género en el acceso a la inversión todavía es un camino largo por recorrer.

A esto se suma la barrera de la infraestructura. Para que la innovación llegue a todas, es necesario cerrar la brecha de conectividad en América Latina, donde alrededor del 38% de la población no usa Internet. La tecnología puede ser una herramienta poderosa, pero sólo si es accesible.

Para las emprendedoras en América Latina, femtech es una forma de corregir una omisión histórica del sistema de salud y del mercado. Pero, para que esta revolución silenciosa siga amplificándose, se requiere inversión, infraestructura y compromiso con la igualdad.

El desafío es doble. Por un lado, atraer capital que entienda que invertir en salud femenina no es filantropía, sino una oportunidad económica de alto impacto social y financiero. Por otro lado, cerrar la brecha digital para que las soluciones tecnológicas alcancen a las millones de mujeres que siguen enfrentando solas diagnósticos tardíos, estigmas y barreras de acceso.

En un contexto donde la Inteligencia Artificial, la telemedicina y los datos comienzan a redefinir la atención sanitaria, femtech puede ser un catalizador de cambio estructural. 

La tecnología femenina tiene el potencial de transformar la forma en que las mujeres viven su salud, y también cómo participan en la economía, el trabajo y la vida pública. Al final, invertir en femtech es apostar por un futuro donde la salud de las mujeres deje de ser invisible y se convierta en un pilar del desarrollo social y económico.