En el mundo han muerto alrededor de 20 millones de personas debido a la Covid-19, mientras que los contagios ascendieron a más de 750 millones, de acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud y de Statista.
La pandemia por este coronavirus fue la oportunidad perfecta para que otro virus se dispersara: el de las fake news.
En el Reino Unido, hubo incidentes de quema de antenas de redes 5G debido a teorías conspirativas que afirmaban que estas propagaban el coronavirus.
Grupos de personas se organizaron a través de redes sociales para quemar antenas de 5G en diferentes ciudades del Reino Unido, pues la información falsa se propagó por Internet de manera muy rápida.
Estos actos de vandalismo fueron motivados por teorías infundadas que afirmaban que las antenas de 5G debilitaban el sistema inmunológico y contribuían a la propagación de la Covid-19.
Incluso, los ataques a las antenas de servicios móviles se extendieron desde el Reino Unido a otros países de Europa continental.
Las fake news se propagaron más desde que vivimos en la era digital, donde la facilidad de acceso a la información y la viralización de contenidos ha permitido la rápida distribución de noticias falsas.
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Y aunque estas han existido desde hace mucho tiempo, el auge de las redes sociales y las plataformas de medios digitales ha amplificado su alcance y su impacto negativo.
Las noticias falsas representan un peligro para la sociedad por varias razones. En primer lugar, socavan la confianza en los medios de comunicación y la información veraz. Al difundir información falsa, se distorsiona la realidad y se confunde a la audiencia.
Lo anterior puede llevar a una polarización de opiniones y a la creación de burbujas informativas, donde las personas sólo consumen y creen en información que refuerza sus propias creencias y prejuicios.
Joseph Goebbels, considerado el padre de la propaganda, dijo que “una mentira mil veces repetida, se convierte en verdad”, y eso pareciera que ocurre con las noticias falsas, pues cuando estas se comparten a través de redes, su alcance potencial se multiplica y las personas la creen.
Un estudio hecho por la firma de ciberseguridad Kaspersky advierte que en promedio, 70 por ciento de los latinoamericanos no sabe detectar o no está seguro de reconocer en Internet una noticia falsa de una verdadera.
Revela también que existen diferencias respecto a la información y educación que tienen las sociedades de los distintos países de la región. Por ejemplo, quienes menos logran identificar una fake news son los peruanos, con 79 por ciento, seguidos por los colombianos (73%) y los chilenos (70%). El 66 por ciento de los mexicanos y argentinos tampoco logran diferenciar entre una noticia falsa y una verdadera, mientras que lo mismo ocurre con 62 por ciento de los brasileños.
Las noticias falsas también pueden tener consecuencias graves en áreas como la salud, la política y la seguridad. Por ejemplo, la difusión de desinformación sobre tratamientos médicos puede poner en riesgo la salud y el bienestar de las personas.
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Un claro ejemplo ocurrió también durante la pandemia, ya que muchas personas creyeron en la información publicada en Internet que decía que el Dióxido de Cloro servía para curar la enfermedad.
Sin embargo, no existía un estudio que así lo demostrara, e incluso especialistas alertaron sobre complicaciones por el uso de esta sustancia, desde falla renal o hepática, y sangrado digestivo.
Dmitry Bestuzhev, director del Equipo de Investigación y Análisis para América Latina en Kaspersky, realiza una analogía que es concluyente en la descripción de las noticias falsas.
“Tal como ocurre con los icebergs, en Internet no todo lo que vemos es lo que realmente es. En las oscuras profundidades del mar puede esconderse una enorme masa de hielo capaz de hundir nuestro barco de un solo golpe si creemos únicamente en lo que está a simple vista: su punta.
“En Internet, esa punta puede ser una noticia falsa, o una imagen que propagamos por nuestra oficina; cosas que pueden verse inocentes, pero que por pecar de ingenuos podrían generar enormes daños en nosotros y en nuestro entorno”, apunta.