América Latina necesita 61 mil mdd para superar atraso en conectividad

Más allá de un plan de banda ancha, los países deben tener una estrategia de transformación digital: Ovum.

Superar el retraso de América Latina en servicios de conectividad costará alrededor de 61 mil millones de dólares. Esta inversión será imposible de conseguir sin la complementariedad y coordinación entre el sector público y privado de los países, destacó Maryleana Méndez, secretaria General de la Asociación Interamericana de Empresas de Telecomunicaciones (Asiet).

Gran parte del avance en servicios de banda ancha se ha logrado con el empuje de la industria y el mercado, apuntó, pero requiere también una gestión pública adecuada: utilización efectiva del presupuesto, disminución de cargas impositivas en el costo del espectro, así como una racional exigencia de cobertura.

A medida que se busca extender los servicios de telecomunicaciones en las localidades más alejadas, “el complemento del Estado” se hace más necesario en la región, destacó durante el foro Brecha Digital en México.

Sin embargo, a la fecha existen muchos países como Colombia, Perú y Argentina que han desarrollado un plan nacional de banda ancha sin visualizar resultados exitosos. En ese caso, falta una estrategia en transformación digital para tener cambios sociales profundos, dijo Wally Swain, consultor principal para América Latina de Ovum.

La brecha digital también es un pendiente en otras partes del mundo. La región latinoamericana podría aprender de la experiencia Internacional para avanzar de manera acelerada en el cierre de la brecha digital, recomendó la vocal de la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia de Argentina, Fernanda Viecens.

Viecens expuso que la Comisión Europea catalogó diferentes zonas según el nivel de cobertura en servicios de conectividad que tuvieran. De esa manera, se busca canalizar los recursos públicos a las “áreas blancas” donde no hay infraestructura; en las “grises” se analiza cómo incentivar la entrada de inversión privada en conjunto con la pública; mientras que a las “zonas negras” se les deja fuera del mapa porque existe presencia suficiente de la industria.