¿Calmar a los bebés con el celular? Un estudio advierte sobre el costo para su desarrollo

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Un nuevo estudio sobre el Impacto del tiempo frente a la pantalla y del uso de medios y tecnología en menores de dos años de edad durante los primeros 1,001 días críticos, elaborado por investigadores del proyecto ADDICT en el Reino Unido, alerta sobre las posibles consecuencias para el desarrollo que puede tener el uso de teléfonos inteligentes, tabletas, computadores y otros dispositivos digitales como herramienta para entretener, distraer o tranquilizar a los niños, y recomiendan limitar al máximo la exposición a pantallas durante los primeros años de vida.

El estudio advierte que el mayor riesgo no proviene únicamente de la pantalla en sí, sino de las oportunidades de interacción que los niños dejan de tener con sus padres o cuidadores cuando el dispositivo ocupa ese espacio.

De acuerdo con los investigadores, durante los primeros años de vida el cerebro experimenta un desarrollo acelerado. En este periodo se forman millones de conexiones neuronales que dependen, en gran medida, de las experiencias diarias del niño, como conversar, escuchar la voz de sus padres, jugar, recibir respuestas a sus gestos, mantener contacto visual y compartir actividades cotidianas. Estos son estímulos esenciales para el desarrollo del lenguaje, la comunicación, las habilidades sociales y la regulación emocional.

Según la revisión, cuando las pantallas se utilizan de forma frecuente para mantener entretenidos a los bebés o para calmarlos cuando lloran o están frustrados, se genera lo que denominan “efecto de desplazamiento”, ya que el tiempo dedicado al dispositivo sustituye momentos de aprendizaje y vínculo con los cuidadores.

Los autores sostienen que este desplazamiento constituye una de las explicaciones más sólidas de por qué numerosos estudios han encontrado una asociación entre un mayor tiempo frente a pantallas y resultados menos favorables en diferentes áreas del desarrollo infantil.

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Asimismo, la revisión recoge evidencia de que el uso frecuente de teléfonos móviles por parte de los padres durante el cuidado de sus hijos puede disminuir la calidad de las interacciones.

Cuando los adultos interrumpen conversaciones, juegos o actividades para atender notificaciones o revisar el teléfono, se reducen las oportunidades de comunicación bidireccional que favorecen el aprendizaje temprano.

La revisión sistemática también encontró asociaciones entre una mayor exposición a pantallas y retrasos en el desarrollo del lenguaje expresivo y receptivo, menores habilidades cognitivas, dificultades en el desarrollo socioemocional y un mayor riesgo de sobrepeso y obesidad en etapas posteriores.

Uno de los puntos más preocupantes es que se generan alteraciones en el sueño asociadas directamente o a un mayor tiempo frente a pantallas. Esto es especialmente relevante debido a que el sueño desempeña un papel fundamental en la consolidación de la memoria, el aprendizaje y el desarrollo cerebral durante la primera infancia.

“El tiempo que los niños dedicaban a dormir es directamente proporcional al tiempo que dedicaban a la actividad física e inversamente proporcional al tiempo que pasaban frente a las pantallas. Es habitual encontrar pantallas en las habitaciones de los niños pequeños; una mayor cantidad de dispositivos en la habitación del niño y más tiempo dedicado a ver la televisión o a utilizar un iPad o teléfono inteligente se asocia con menos horas de sueño nocturno o con acostarse más tarde”, detalla el documento.

El estudio también trata los posibles efectos sobre la salud visual. Aunque reconoce que todavía existe evidencia limitada para los menores de dos años, señala que varios estudios apuntan a que un mayor tiempo de exposición a pantallas podría incrementar el riesgo de desarrollar miopía durante la infancia, especialmente cuando sustituye actividades al aire libre.

Recomendaciones para las familias

Los investigadores advierten que la mayoría de los estudios incluidos en la revisión son observacionales, por lo que muestran asociaciones, pero no permiten afirmar que las pantallas sean la causa directa de todos los problemas detectados.

Desde esta perspectiva, otros factores como el nivel socioeconómico, la educación de los padres, el ambiente familiar o el tiempo dedicado a otras actividades también pueden influir en el desarrollo infantil. No obstante, existe un patrón suficientemente consistente como para recomendar limitar al máximo la exposición a pantallas durante los primeros años de vida y fomentar actividades como el juego libre, la lectura compartida, las canciones, las conversaciones y las experiencias de exploración del entorno.

Por otro lado, los investigadores señalan que existe poca evidencia de beneficios del uso de dispositivos digitales antes de los dos años. Incluso los contenidos catalogados como educativos ofrecen resultados limitados cuando reemplazan la interacción con un adulto, ya que los bebés aprenden con mayor facilidad mediante experiencias reales y el intercambio social que a través de una pantalla.

Como resultado del análisis, los investigadores invitan a los padres y cuidadores a reflexionar sobre su propio uso de dispositivos móviles durante el tiempo que comparten con los niños.

Según los autores, proteger los momentos de interacción cara a cara puede ser una de las estrategias más importantes para favorecer un desarrollo saludable durante una etapa en la que el cerebro es especialmente sensible a las experiencias tempranas.