Las implicaciones de la caída de Bitcoin en países, tesorerías corporativas y la industria de la criptominería
En los últimos meses, el mundo cripto ha experimentado una estrepitosa caída superior al 50% desde su máximo histórico. Bitcoin ofrece la cifra más escandalosa. La primera y más popular criptomoneda redujo su valor a la mitad en sólo 4 meses: tras su máximo histórico de más de 124,000 dólares en octubre de 2025, a inicios de febrero de 2026 alcanzó los 62,800. Simultáneamente, muchas altcoins han caído a mínimos de varios años.
Este desplome no representaría un mayor desafío si cripto —y específicamente Bitcoin— continuara siendo un experimento digital circunscrito al ámbito de Internet, sin embargo, en los últimos años se ha imbricado profundamente con el sistema financiero tradicional al grado de que hoy es difícil discernir dónde termina uno y empieza el otro.
Este respaldo institucional se manifestó a través de diversas acciones, como el hecho de que algunas empresas —e incluso países— pusieran sus reservas o parte de ellas en Bitcoin, y el caso más publicitado del lanzamiento de fondos cotizados en bolsa (ETF) de BTC. Y es este último, aunado a las tensiones geopolíticas y comerciales, el que aporta una hipótesis sobre su derrumbe.
El 5 de febrero, Bitcoin tocó un mínimo reciente de 60,074 antes de recuperarse. De acuerdo con Binance Research, la caída obedeció a dos razones principales: primero, el foco de atención y capital se están desviando de las criptomonedas hacia sectores como la Inteligencia Artificial (IA) y, segundo, las expectativas de una política monetaria restrictiva por parte de la Reserva Federal, sumadas a la posibilidad de un nuevo cierre parcial del gobierno en Estados Unidos y a las persistentes tensiones geopolíticas y comerciales, “han vuelto el entorno poco propicio para asumir riesgos”.
Según CoinDesk, las reservas de Bitcoin en las tesorerías de compañías públicas e instituciones se dispararon a casi 2 millones de BTC a fines de febrero de 2026 frente a prácticamente 0 en 2020. Mientras que los ETFs al contado de Bitcoin en EE. UU. mantienen 1.27 millones de BTC, pese a la corrección significativa del precio.

No obstante, quizás lo más relevante de toda esta transformación es que en sólo unos años, la minera de Bitcoin pasó de ser una actividad informal a constituirse en una industria consolidada que recibe capital institucional y despliega grandes naves con equipos de cómputo en países del Sur Global, como Paraguay.
El Salvador, en vilo
El 16 de noviembre de 2022, poco más de un año después de que entrara en vigor la Ley Bitcoin, el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, anunció que su gobierno adquiriría “un Bitcoin cada día” a partir del día siguiente. Si desde entonces la estrategia había sido cuestionada, pues Bitcoin comenzó a descender tras el colapso de FTX, que acababa de acogerse a la Ley de Bancarrota de Estados Unidos, ahora está siendo objeto de mayor escrutinio, ya que presiona su deuda y complica aún más la de por sí difícil relación que tiene con el Fondo Monetario Institucional (FMI).
Esa fue precisamente la razón por la que Bukele dio marcha atrás en lo sustancial de la Ley Bitcoin en 2025, en un sigilo que contrastó con el estruendo de 2021: por imposición del FMI como parte de una negociación por un préstamo de 1,400 millones de dólares, la Asamblea Legislativa derogó que fuera de curso legal, por lo que ya no sería posible pagar la deuda en BTC.
El FMI condicionó la entrega de los fondos a que el gobierno salvadoreño redujera su exposición al Bitcoin y mostrara más transparencia al respecto; luego de que sus reservas en BTC se redujeran de 800 a cerca de 500 millones de dólares por la caída del precio, el gobierno defendió su estrategia de compra sostenida de Bitcoin argumentando que el país no busca obtener ganancias inmediatas, sino fortalecer una reserva estatal basada en activos digitales.
A pesar de esta estrategia persistente de El Salvador, los países que lideran el valor en reservas en Bitcoin son las potencias: Estados Unidos, China y Reino Unido ocupan el podio, a la usanza de unos Juegos Olímpicos.
Tesorerías corporativas
Además de los gobiernos, también hay compañías públicas que han puesto sus tesorerías en cripto, que son conocidas como Digital Assets Treasuries (DAT). El ejemplo más notable es MicroStrategy, cuyo fundador y CEO, Michael Saylor, concluyó en mayo de 2020 que Bitcoin era la solución a su problema de tesorería corporativa.
Así, en mayo de ese año, MicroStrategy invirtió su activo disponible en Bitcoin en agosto de 2020, lo adoptó como principal activo de reserva de tesorería y compró 2,200 millones de dólares en BTC durante el semestre siguiente. Hacia 2021, Saylor indicó que el 99% de sus activos estaban en Bitcoin y sólo el 1% restante en las monedas locales necesarias para operar en diferentes mercados, por lo que concluyó que MicroStrategy había adoptado el Patrón Bitcoin.
Hoy, Strategy —como luego se renombraría la compañía— tiene 717,131 bitcoins en su reserva, lo que la convierte en el mayor tenedor corporativo del mundo y, a un precio promedio de 65,000 dólares, equivale a cerca de 46,500 millones de dólares.
Así, Michael Saylor, un evangelizador y maximalista de cripto, inventó una nueva categoría de empresas y vía de invertir y tener exposición a Bitcoin, antes incluso de que se aprobaran los tan ansiados ETFs y es, quizás, una forma de competir con TradFi en su propio mercado, con Strategy como una suerte de caballo de Troya.
El negocio de la infraestructura
En el Whitepaper, Satoshi Nakamoto definió a Bitcoin como un “sistema de efectivo electrónico entre pares”, que evita la validación de un tercero de confianza mediante el poder de cómputo distribuido, por lo que alguien tiene que poner ese, primero CPU, luego GPU y ahora ASIC.
Así, lo que en los albores comenzó como algo informal e improvisado, como lo recuerdan de forma un poco idiosincrática algunos fundadores latinoamericanos de empresas y escuelas cripto, quienes minaron su primer Bitcoin en su dormitorio de estudiante en Estados Unidos o en su departamento en la Roma, ahora es una industria establecida con afluentes inversiones institucionales.
De acuerdo con Hashrate Index, los tres principales países mineros de Bitcoin al cuarto trimestre de 2025 son Estados Unidos (∼37.5%), Rusia (∼16.4%) y China (11.7%), lo cual exhibe su evidente implicación geopolítica al tratarse de tres potencias energéticas y militares. China alcanzó el podio pese a que el gobierno mantiene una estricta prohibición de la criptominería desde 2021.
Lo sorpresivo del ranking, no obstante, viene después: Paraguay, un pequeño país de Sudamérica, ocupa el cuarto lugar, debido a que el gobierno ha impulsado el excedente de energía hidroeléctrica de su represa de Itaipú a ese fin, y que ha sido capitalizado por algunas empresas, como HIVE Digital Technologies y CoinBox.
Paraguay se está convirtiendo rápidamente en uno de sus mayores centros de minería de Bitcoin. La prohibición china de la minería desplazó el eje de la industria minera de Este a Oeste y América Latina experimentó un ascenso meteórico, que Paraguay supo capitalizar mejor que ningún otro país de la región gracias a su excedente hidroeléctrico barato.
Sin embargo, esta carrera está lejos de haber concluido, sobre todo porque la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés) estima que el consumo de electricidad de los Centros de Datos se duplique este 2026 frente a 2022 y PJM Interconnection proyecte que la demanda eléctrica en Estados Unidos crezca en la próxima década, en ambos casos con las instalaciones de minería de criptomonedas como uno de los principales impulsores del aumento.
El otro lado de la moneda
Ahora bien, si como consecuencia de estos acontecimientos la confianza del mercado a corto plazo ha mermado (como lo demuestra el hecho de que el Índice del Miedo y la Avaricia esté en mínimos históricos, de miedo extremo), la industria se muestra más optimista en el largo plazo.
Es cierto que, si se miran sólo los últimos 4 meses, hay una caída sostenida, pero si se amplía la gráfica a los últimos 6 años, aunque con sus altas y bajas, la trayectoria es ascendente. De ahí que Guilherme Nazar, vicepresidente regional de Binance para América Latina, recuerde que, del 6 de febrero de 2020 al 6 de febrero de 2026, Bitcoin haya pasado de 9,600 a 65,000 dólares, lo que implica que multiplicara cerca de siete veces su valor en dicho periodo.
Asimismo, en su Digital Assets 2026: Above the Noise, CoinDesk señala que, pese a haber tenido un rendimiento inferior al de muchos índices financieros tradicionales y al del otro durante el último año, y mientras los activos tradicionales siguen rondando máximos históricos, en un periodo marcado por una mayor incertidumbre geopolítica, “Bitcoin aún no ha demostrado consistentemente las características defensivas que muchos asocian con su narrativa de ‘oro digital”, un papel que, advierte, podría resultar crítica para su posicionamiento a largo plazo.
Según un informe de Binance Research, el mercado de las criptomonedas atraviesa una fase de reestructuración que conserva señales un optimismo estructural sustentado en la liquidez que aún permanece en el sistema, la resiliencia de los ETF al contado de Bitcoin, una elevada oferta de stablecoins y el avance de la tokenización de activos del mundo real.
Cuándo terminará la corrección, el mercado bearish, e iniciará otro ciclo alcista, eso aún está por verse. Pero la conclusión que puede exponerse es que, al cumplir la mayoría de edad, al menos teóricamente, Bitcoin ya creció, ya es un adulto, y su precio ya no está desligado del mundo real, sino que ahora es determinado por los grandes inversionistas institucionales, la macroeconomía y la geopolítica.
