5 sucesos que definieron la geopolítica digital en 2025

En 2025, la geopolítica digital estuvo definida por decisiones de política comercial, inversiones récord y disputas por el control de tecnologías críticas. Desde el tire y afloje entre Estados Unidos y China, pasando por el aluvión de anuncios en Centros de Datos, la carrera por liderar la Inteligencia Artificial y la computación cuántica, hasta irrupciones disruptivas como DeepSeek y megaproyectos de inversión sin precedentes, el año confirmó que el poder global ya no se define sólo por el territorio, sino por la capacidad de dominar el cómputo, los datos y los algoritmos que sostienen la economía digital.

1. El tire y afloje en la relación de Estados Unidos y China

La relación entre Estados Unidos y China se consolidó en 2025 como uno de los hitos más relevantes de la geopolítica digital global, marcada por un delicado equilibrio entre confrontación y distensión. El regreso de Donald Trump a la presidencia estadounidense reactivó una política arancelaria agresiva que alcanzó a casi todos los socios comerciales, con especial impacto en China. En respuesta, el gigante asiático impuso aranceles del 10% a productos estadounidenses y avanzó con restricciones a la exportación de materiales críticos para la fabricación de vehículos eléctricos, una medida que sacudió a empresas tecnológicas y automotrices globales, entre ellas, Tesla.

El conflicto se intensificó durante el año en el terreno estratégico de los semiconductores, un pilar central de la economía digital. En septiembre, China inició investigaciones contra fabricantes estadounidenses de chips, incluyendo pesquisas antidumping y una revisión más amplia sobre presuntas prácticas discriminatorias aplicadas desde 2018. Estas acciones elevaron la presión sobre compañías clave del ecosistema tecnológico de Estados Unidos y reforzaron la percepción de que la disputa ya no era sólo comercial, sino estructural, vinculada al control de tecnologías críticas como la Inteligencia Artificial y el cómputo avanzado.

Sin embargo, noviembre trajo una tregua inesperada. Trump y Xi Jinping acordaron un entendimiento que suavizó las tensiones: China se comprometió a cancelar investigaciones contra empresas estadounidenses de la cadena de semiconductores, como Nvidia y Qualcomm, y a levantar controles adicionales sobre la exportación de tierras raras y minerales críticos. A cambio, Estados Unidos redujo aranceles a las importaciones chinas, extendió la suspensión de tarifas recíprocas elevadas hasta noviembre de 2026 y congeló por un año nuevas medidas restrictivas, enviando una señal de pragmatismo a los mercados globales.

Aun así, la relación quedó lejos de una normalización plena. Trump anunció que autorizará a Nvidia a reanudar la venta de chips H200 para entrenamiento de modelos de IA a ciertos clientes chinos, bajo un esquema que obliga a transferir 25% del valor de esos componentes al gobierno estadounidense. China, según Financial Times, planea limitar el acceso a esos chips y exigir a los compradores que justifiquen por qué la oferta nacional no es suficiente. Este juego de concesiones y bloqueos selectivos fue replicado también por Washington en otros frentes, como el arancel del 50% impuesto a Brasil por tensiones vinculadas a plataformas digitales.

2. Aluvión de anuncios Centros de Datos

La carrera por dominar la infraestructura de Centros de Datos se consolidó en 2025 como uno de los ejes centrales de la geopolítica digital global, impulsada por la explosión de la Inteligencia Artificial y la necesidad de soberanía tecnológica. Gobiernos, fondos de inversión y grandes tecnológicas aceleraron anuncios millonarios para asegurar capacidad de cómputo, energía y localización estratégica. En este contexto, Brasil dio un paso decisivo al confirmar la llegada del primer Centro de Datos de TikTok en Latinoamérica, que se construirá en Ceará con una inversión privada superior a los 37,000 millones de dólares.

Europa no quedó al margen de esta competencia. Microsoft anunció una inversión de hasta 10,000 millones de dólares para un Centro de Datos de IA en Sines, Portugal, en alianza con Nvidia y otros socios, mientras Google comprometió 5,000 millones de euros para ampliar su campus en Bélgica y otros 5,000 millones de libras en el Reino Unido. En paralelo, OpenAI avanzó con su estrategia Stargate en el continente, con proyectos como Stargate Noruega, buscando consolidar hubs de IA alimentados por energía estable y regulaciones favorables. Estos movimientos reflejan la apuesta europea por posicionarse como un actor relevante en la infraestructura que sostiene la nueva economía digital.

Estados Unidos mantuvo su liderazgo, pero también mostró señales de tensión interna y competencia por atraer inversiones. OpenAI solicitó ampliar los incentivos fiscales de la Ley de CHIPS para incluir Centros de Datos y servidores de IA, mientras gigantes como Vantage Data Centers anunciaron inversiones de miles de millones de dólares en Virginia, Wisconsin y Nevada. A esto se sumó la operación liderada por BlackRock junto con Nvidia y Microsoft para adquirir Aligned Data Centers por unos 40,000 millones de dólares, una jugada que apunta a consolidar infraestructura de alta densidad.

América Latina y Asia-Pacífico también emergieron con fuerza en este tablero. Argentina sorprendió con el anuncio de Stargate Argentina, un proyecto de hasta 25,000 millones de dólares para un Centro de Datos de 500 MW en la Patagonia, mientras México consolidó su atractivo con nuevos campus hiperescala y redes nacionales de Data Centers. Australia y Corea del Sur reforzaron su posicionamiento con inversiones estratégicas y alianzas público-privadas, al tiempo que Estados Unidos y Emiratos Árabes Unidos anunciaron la construcción conjunta de un complejo de IA de 26 kilómetros cuadrados en Abu Dabi.

3. La carrera por liderar el desarrollo y la gobernanza de la Inteligencia Artificial

La gobernanza y el liderazgo en Inteligencia Artificial mantuvieron en 2025 un lugar central en la agenda de la geopolítica digital, aunque con un impulso más fragmentado que en el año anterior. Europa fue uno de los focos de atención: mientras retrocedió en su ambiciosa Ley de IA, evidenciando las dificultades para equilibrar regulación e innovación, lanzó en paralelo el plan Continente IA y la iniciativa InvestAI, un esquema de inversión público-privado de hasta 200,000 millones de dólares para posicionarse como líder global en el desarrollo de esta tecnología. Esta dualidad reflejó las tensiones internas del bloque entre control normativo y competitividad tecnológica frente a Estados Unidos y China.

Estados Unidos apostó a una estrategia claramente orientada al liderazgo y la desregulación. El presidente Donald Trump lanzó el Plan de Acción de IA de Estados Unidos, con el objetivo de acelerar la innovación, expandir la infraestructura nacional de IA y liderar la diplomacia tecnológica, al tiempo que busca promover la exportación de modelos y reducir regulaciones federales. A esta visión se sumó Misión Génesis, una iniciativa que integra IA, supercomputación y datos federales bajo el Departamento de Energía para revolucionar la investigación científica, consolidando una política que concibe a la IA como pilar de poder económico, científico y geopolítico.

En el plano multilateral, crecieron los llamados a una gobernanza global más inclusiva. La ONU aprobó la creación de su primer panel científico para evaluar los riesgos e impactos de la IA, mientras líderes como Luiz Inácio Lula da Silva y el primer ministro chino Li Qiang reclamaron marcos internacionales que eviten la concentración tecnológica y promuevan un desarrollo equitativo. En tanto, el G7 como los BRICS impulsaron compromisos para integrar la tecnología con principios éticos, inclusión y soberanía.

4. La carrera cuántica y del supercómputo acelera su pulso global

Los avances en supercomputación y computación cuántica se consolidaron como uno de los vectores estratégicos de la geopolítica tecnológica, con gobiernos y empresas apostando fuerte por infraestructura de alto desempeño. Estados Unidos reafirmó su liderazgo con el anuncio del Departamento de Energía para instalar dos supercomputadoras, Lux AI y Discovery, en el Laboratorio Nacional Oak Ridge, con una inversión de hasta 1,000 millones de dólares y el respaldo de AMD y HPE. En paralelo, IBM y Cisco dieron un paso clave al anunciar una alianza para construir una red de computadoras cuánticas tolerantes a fallos a gran escala, una iniciativa que apunta a transformar el cómputo avanzado hacia comienzos de la próxima década.

Europa también aceleró su estrategia para no quedar rezagada en esta carrera. La Comisión Europea lanzó su Estrategia Cuántica con el objetivo explícito de convertirse en líder mundial hacia 2030, mientras España presentó su propia Estrategia de Tecnologías Cuánticas, con una inversión de 808 millones de euros, y puso en funcionamiento su primer ordenador cuántico con insumos íntegramente europeos en el Barcelona Supercomputing Center. A esto se sumó la inauguración, por parte del Gobierno Vasco e IBM, del IBM Quantum System Two en San Sebastián, el primero de este tipo en Europa, y la creación en Suecia deSferical AI, una empresa respaldada por AstraZeneca, Ericsson y Wallenberg Investments para operar un supercomputador de última generación orientado a Inteligencia Artificial.

América Latina comenzó a ganar visibilidad en este mapa estratégico. México presentó Coatlicue, la supercomputadora más poderosa de la región, diseñada para resolver problemas públicos que requieren alta capacidad de cómputo, y avanzó en un acuerdo para establecer el Centro Mexicano de Supercómputo, con proyección internacional.

5. DeepSeek: la IA china que reordenó el mapa global

El lanzamiento de DeepSeek a comienzos de 2025 se convirtió en uno de los hitos más disruptivos del año en el ecosistema de la Inteligencia Artificial. Con la presentación de DeepSeek V3, China reveló un modelo de lenguaje de gran escala que en sus primeras pruebas demostró niveles de eficiencia y costos comparables –e incluso superiores– a referentes occidentales como Llama 3.1 y Anthropic, sorprendiendo a la industria global. Más allá del desempeño técnico, el impacto fue geopolítico: DeepSeek evidenció que las restricciones comerciales impuestas para limitar el acceso chino a chips avanzados tuvieron un efecto más acotado del esperado y confirmó que el desarrollo de IA en China está mucho más cerca del liderazgo estadounidense de lo que se creía.

Bonus: los 3 mayores anuncios de inversión del año

En 2025, la carrera por el liderazgo en Inteligencia Artificial alcanzó una escala inédita con anuncios de inversión que redefinieron el mapa global de la tecnología. Uno de los hitos más impactantes fue la creación de Stargate, un nuevo conglomerado de IA impulsado por SoftBank, OpenAI, Oracle y MGX, que comprometió una inversión de hasta 500,000 millones de dólares en los próximos cuatro años. El objetivo declarado es asegurar el liderazgo de Estados Unidos en Inteligencia Artificial, acelerar el despliegue de infraestructura a gran escala y generar cientos de miles de empleos, consolidando a la IA como motor central del crecimiento económico global.

A este megaproyecto se sumó la alianza estratégica entre Nvidia y OpenAI, con el anuncio de una inversión de 100,000 millones de dólares destinada a desplegar 10 gigavatios de capacidad de cómputo para infraestructura de IA. La iniciativa refuerza la posición de Nvidia como proveedor clave del ecosistema de Inteligencia Artificial y marca un salto cualitativo en la ambición de ambas compañías por avanzar hacia sistemas de superinteligencia.

Completa este tridente histórico la apuesta de IBM, que anunció un plan de inversión de 150,000 millones de dólares en los próximos cinco años para reforzar su liderazgo global en informática, con foco en Inteligencia Artificial y computación cuántica. Más de 30,000 millones se destinarán a la fabricación de mainframes y computadoras cuánticas en Estados Unidos, en línea con los esfuerzos de reindustrialización tecnológica y soberanía industrial. En conjunto, estos tres anuncios se consolidaron como los mayores del año y evidenciaron que 2025 marcó el punto de inflexión en la transformación de la IA en una industria estratégica de escala planetaria.