Excélsior Paul Lara
Algunos dirían: es demasiado grande para caer. Pero lo cierto es que Intel juega un papel muy importante en los planes de Estados Unidos para controlar a futuro la infraestructura y los insumos que se requieren para el mayor impulso de la inteligencia artificial generativa en los próximos años, en esa carrera que va perdiendo desde hace tiempo contra China
Hace más de una semana se dio a conocer una nueva era de intervención gubernamental en las empresas estadunidenses, muy al estilo de lo que pasa en otras latitudes. La administración de Donald Trump está en conversaciones para adquirir una participación en Intel, y no se trata de un buscapié de los que acostumbra el presidente estadunidense.
El lunes pasado, Trump declaró que él y el director ejecutivo de Nvidia, Jen-Hsun Huang, habían acordado que Nvidia pagaría al gobierno 15% de los ingresos que genere por la venta de chips de inteligencia artificial a China, a cambio de que su administración aprobara la exportación de dichos chips. ¿En una carrera “armamentística” esto es posible? ¿No se trata de evitar que tu competidor tenga acceso a los insumos que tanto requiere para seguir avanzando? ¿Se trataría de un tema de contraespionaje a través de puertas traseras en los procesadores y tarjetas gráficas que, por ello, el mismo gobierno chino prohibió a las empresas de su nación adquirir los equipos de Nvidia de manera inmediata?
¿Será que el mismo 15% que el gobierno estadunidense le cobraría a Nvidia por la venta de equipos a China pagaría su participación en Intel? ¿Esto es legal?
La idea de que el gobierno compre Intel no es tan descabellada. En 2008 y 2009, el Tesoro de Estados Unidos obtuvo acciones de General Motors y Chrysler como parte de un rescate masivo de esas empresas durante la crisis financiera. Hay que recordar que el gobierno vendió sus participaciones unos años después.
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