Reforma laboral sin rumbo claro: conductoras y repartidoras de plataformas en México temen quedarse sin ingresos
A días de la entrada en vigor de la reforma laboral para plataformas digitales, repartidoras y conductoras advierten falta de información, temen perder su flexibilidad y exigen perspectiva de género en su implementación.
A menos de 10 días para que entre en vigor la reforma laboral que busca regular las condiciones de quienes laboran en plataformas digitales en México, como conductoras de transporte o repartidoras de alimentos y mercancías, el ambiente es más de incertidumbre que de esperanza.
En el centro de esta preocupación se encuentran cientos de mujeres para quienes estas aplicaciones no son sólo una fuente de ingresos, sino un mecanismo de autonomía frente a las restricciones del mercado laboral tradicional.
“Esta actividad representa más que un ingreso: es una forma de libertad”, expresaron públicamente integrantes de un colectivo de repartidoras y conductoras durante una conferencia este martes.
Muchas de ellas temen que la falta de claridad en la aplicación de la nueva legislación, prevista para entrar en vigor el 22 de junio de 2025, termine por marginarlas de una fuente importante de ingresos que les ha permitido conciliar su vida personal, familiar y económica.

El miedo a perder la flexibilidad
Uno de los principales temores expresados por las trabajadoras es que la regulación pretenda adaptar sus condiciones a un esquema rígido de jornada laboral completa, cuando precisamente la razón por la cual muchas mujeres ingresaron a estas plataformas fue la flexibilidad de horarios y la posibilidad de combinar otras responsabilidades, como el cuidado de hijas e hijos, personas mayores o labores domésticas, actividades que recaen desproporcionadamente en las mujeres.
Desde noviembre de 2024, agrupaciones de conductoras y repartidoras solicitaron a la presidenta Claudia Sheinbaum y a la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) incorporar una perspectiva de género en la redacción y ejecución de la reforma.
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Sin embargo, a días de su implementación, denuncian que aún no hay lineamientos claros ni información pública suficiente que detalle cómo operará la nueva normativa, cuáles serán sus obligaciones fiscales o de seguridad social, y qué consecuencias podrían enfrentar si no se ajustan a las nuevas reglas.
Además, pidieron que la Secretaría de las Mujeres, encabezada por Citlalli Hernández, interceda en su representación para garantizar que se contemple un enfoque de género en las próximas etapas del proceso.
Reforma con buenas intenciones, ¿pero malas ejecuciones?
La reforma, aprobada por el Congreso en 2024, tiene como objetivo reconocer los derechos laborales de las y los trabajadores de plataformas digitales, incluyendo acceso a seguridad social, prestaciones y condiciones contractuales más justas.
No obstante, especialistas han advertido que, sin un diseño diferenciado, esta legislación podría replicar los mismos obstáculos que históricamente han marginado a las mujeres del empleo formal.
Un estudio de Buendía & Márquez señala que una parte significativa de repartidores, hombres y mujeres, que trabajan en plataformas digitales lo hace de manera intermitente y por tiempos reducidos, lo que complica su encuadre en el modelo tradicional de “trabajadora subordinada” bajo la Ley Federal del Trabajo.
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Las conductoras y repartidoras de las aplicaciones valoran la posibilidad de establecer sus propios horarios de manera flexible, así como la opción que brinda esta modalidad de empleo para generar ingresos adicionales. Según dicho estudio, 70% de conductores y repartidores no dejó su última ocupación para empezar a usar las plataformas.
Ante este panorama, el colectivo insistió en que ellas no quieren perder su fuente de ingresos debido a la reforma ni la libertad, y piden que la legislación tome en cuenta sus realidades y la de sus familias.
Diálogo urgente, información pendiente
Las repartidoras y conductoras hicieron un llamado directo al gobierno federal para que habilite canales de diálogo reales antes de implementar una política que ―consideran―, sin ajustes adecuados, podría traducirse en exclusión.
La petición no es nueva, pero hoy cobra una urgencia renovada: “Si el gobierno impone reglas sin considerar esta realidad, muchas podríamos quedarnos sin opciones”, advirtieron.
Este conflicto subraya una tensión cada vez más evidente en el mundo laboral contemporáneo: cómo reconocer derechos sin despojar de flexibilidad, cómo proteger sin encorsetar. Y, sobre todo, cómo legislar sin invisibilizar las voces de quienes ya se organizan desde la informalidad.
En una era donde la economía digital redefine las fronteras del empleo, la regulación debe avanzar al ritmo de las realidades diversas, y no al de modelos jurídicos del siglo pasado. Lo que está en juego no es sólo una ley, sino el futuro laboral de miles de mujeres que han encontrado en las plataformas una manera de sostenerse sin pedir permiso.