T-MEC digital: el desafío de construir una gobernanza común para la IA en Norteamérica
La IA se perfila como uno de los temas clave de la revisión del T-MEC. En la sexta entrega de la serie especial T-MEC digital, analizamos los desafíos para armonizar la gobernanza tecnológica y fortalecer la economía digital de Norteamérica.
México plantea aprovechar la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) para abrir una nueva discusión: incorporar un capítulo específico sobre Inteligencia Artificial (IA) que siente las bases de una gobernanza regional.
La propuesta, presentada por la Comisión de Inteligencia Artificial del Senado mexicano, trasciende la simple incorporación de nuevas disposiciones comerciales y plantea una pregunta más profunda: ¿es posible construir un mercado digital integrado cuando cada uno de los socios comerciales sigue una estrategia distinta para regular la IA?
Actualmente, Estados Unidos privilegia un enfoque orientado a la innovación y Canadá continúa desarrollando su propio modelo regulatorio. México analiza varios proyectos para su regulación, pero aún no define el camino a seguir.
La respuesta a la pregunta anterior será determinante no sólo para el futuro del tratado, sino también para la competitividad tecnológica de Norteamérica frente a otros bloques económicos que ya avanzan hacia modelos propios de gobernanza digital.
Una propuesta que busca anticiparse
El documento elaborado por la Comisión de Análisis, Seguimiento y Evaluación sobre la Aplicación y Desarrollo de la Inteligencia Artificial en México parte de la idea de que la IA se ha convertido en un factor estratégico para la productividad, la competitividad y la seguridad económica, por lo que considera necesario construir un marco de gobernanza para su desarrollo.
Por ello, propone que la revisión del T-MEC incorpore un capítulo específico sobre IA que permita establecer principios comunes entre los tres socios. Entre los temas planteados, destacan la interoperabilidad técnica de los sistemas de IA, reglas para el desarrollo y uso de modelos de IA Generativa, protección de la propiedad intelectual, salvaguarda de los datos personales y creación de mecanismos de cooperación para el desarrollo de estándares regionales.
Más allá del contenido específico de cada propuesta, el objetivo es convertir al tratado comercial en una plataforma para coordinar políticas públicas en torno a una tecnología que comienza a transformar prácticamente todos los sectores económicos.
La iniciativa también reconoce que la región enfrenta una creciente competencia internacional por atraer inversiones en infraestructura digital, Centros de Datos, semiconductores y desarrollo de modelos de IA, por lo que contar con reglas compatibles entre los tres socios puede convertirse en un elemento diferenciador para fortalecer la integración económica de Norteamérica.
La Inteligencia Artificial figura como uno de los temas de interés dentro del Capítulo 19 del T-MEC. Sin embargo, la IA no integra la agenda formal de negociación. El proceso de revisión conjunta arrancó formalmente el 1 de julio de 2026, conforme al mecanismo previsto en el artículo 34.7 del T-MEC, que entró en vigor el 1 de julio de 2020.
Desde entonces se han sostenido tres rondas de negociación bilateral entre México y Estados Unidos —la más reciente, celebrada del 21 al 23 de julio en la Ciudad de México, dejó avances en temas como reglas de origen, seguridad económica, agricultura, industria automotriz, acero, aluminio y comercio digital—, mientras que Canadá aún no se ha incorporado a estas mesas bilaterales.
La cuarta ronda de conversaciones está programada para septiembre de 2026 en Washington, etapa en la que se espera que continúe definiéndose si el tratado se extenderá automáticamente por 16 años adicionales, hasta 2042, o si se abrirá un periodo de revisiones anuales adicionales antes de una decisión final.
Tres países, tres modelos regulatorios
El principal desafío de esta propuesta es que Norteamérica no parte de una visión compartida sobre cómo debe regularse la IA.
La referencia más avanzada a nivel internacional continúa siendo la Ley de IA de la Unión Europea, que entró en vigor en 2024 y establece un modelo basado en riesgos, en donde se clasifican los sistemas de IA según el nivel de impacto que pueden generar sobre las personas, imponiendo obligaciones diferenciadas para desarrolladores y proveedores.
También incorpora requisitos específicos para los modelos de propósito general y para la IA Generativa, incluyendo obligaciones de transparencia y gestión de riesgos.
Estados Unidos, por el contrario, ha evitado construir una legislación federal única. Su estrategia ha privilegiado la innovación mediante una combinación de estándares técnicos, regulaciones sectoriales y acciones impulsadas por agencias federales y gobiernos estatales.
Aunque distintas administraciones han emitido órdenes ejecutivas para orientar el desarrollo responsable de la IA, EE. UU. continúa apostando por un modelo flexible que busca preservar su liderazgo tecnológico y evitar cargas regulatorias que puedan afectar la competitividad de sus empresas.
Por su parte, Canadá ocupa una posición intermedia. Si bien ha impulsado iniciativas regulatorias y principios para el desarrollo responsable de la IA, todavía no cuenta con un marco integral plenamente consolidado.
Casi en la misma situación está México, que aún no cuenta con un marco jurídico integral para la IA. Su aproximación ha estado marcada por iniciativas legislativas aisladas, estrategias de política pública y discusiones en el Congreso, sin que hasta ahora se haya aprobado una ley general que establezca obligaciones para desarrolladores, proveedores o usuarios de estos sistemas.
Al mismo tiempo, México ha buscado impulsar la adopción de la IA como herramienta para la transformación digital, la competitividad y la modernización de distintos sectores productivos, lo que refleja una visión orientada a fomentar la innovación mientras se construyen las bases de una futura gobernanza.
Los tres escenarios reflejan que en Norteamérica aún no existe una visión uniforme sobre la gobernanza de esta tecnología.
En este contexto, México busca aprovechar un tratado comercial para impulsar una conversación regional que, hasta ahora, ha evolucionado de manera independiente en cada país.
¿Norteamérica puede tener una visión unificada?
Uno de los riesgos del debate consiste en asumir que armonizar implica que los tres países adopten exactamente las mismas reglas. Sin embargo, la experiencia internacional demuestra que la armonización regulatoria suele construirse mediante mecanismos mucho más flexibles.
En términos prácticos, armonizar significa desarrollar estándares compatibles que permitan la interoperabilidad tecnológica, facilitar el reconocimiento mutuo de ciertas obligaciones regulatorias y reducir las diferencias que generan costos adicionales para las empresas que operan en múltiples jurisdicciones.
Este tipo de coordinación resulta especialmente relevante para sectores como los servicios digitales, la computación en la Nube, los Centros de Datos y el desarrollo de modelos de IA, donde la circulación transfronteriza de datos y servicios constituye parte esencial de la actividad económica.
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En ese sentido, un eventual capítulo de IA dentro del T-MEC no necesariamente tendría que replicar el modelo europeo ni crear una autoridad supranacional. Más bien, podría establecer principios comunes de cooperación, transparencia, intercambio de información y desarrollo de estándares técnicos compatibles que faciliten la integración regional sin imponer un marco jurídico idéntico.
No obstante, incluso un modelo de armonización flexible enfrentaría desafíos importantes.
El primero tiene que ver con el equilibrio entre innovación y regulación. Mientras algunos países consideran que establecer obligaciones desde etapas tempranas fortalece la confianza en la tecnología, otros sostienen que una regulación excesiva podría ralentizar la innovación y disminuir la capacidad de competir frente a otras economías.
Otro reto es sobre la propiedad intelectual, pues el entrenamiento de modelos de IA Generativa ha abierto debates globales sobre el uso de obras protegidas por derechos de autor, el alcance del uso legítimo de contenidos y los mecanismos de remuneración para los titulares de derechos. En este sentido, la ausencia de criterios compartidos entre los tres países podría generar incertidumbre jurídica para empresas desarrolladoras y titulares de contenidos.
A ello se suma la protección de datos personales. Aunque el T-MEC ya incorpora disposiciones relacionadas con el comercio digital y el flujo transfronterizo de datos, cada país mantiene esquemas regulatorios distintos respecto al tratamiento de información personal, lo que podría dificultar la adopción de reglas comunes para el desarrollo y entrenamiento de sistemas de IA.
Además, la propia IA Generativa introduce nuevos desafíos relacionados con la transparencia, la trazabilidad de los contenidos sintéticos, la identificación de material generado artificialmente y la asignación de responsabilidades frente a posibles daños derivados del uso de estos sistemas.
T-MEC y la gobernanza tecnológica
La propuesta del Senado mexicano también plantea una discusión más amplia sobre la evolución de los tratados comerciales en la economía digital.
Cuando el T-MEC entró en vigor en 2020, su capítulo de comercio digital ya incorporaba disposiciones innovadoras sobre comercio electrónico, protección del código fuente, flujo de datos y limitaciones a la localización obligatoria de infraestructura digital. Sin embargo, el desarrollo acelerado de la IA ha generado nuevos desafíos que no estaban presentes durante la negociación original del acuerdo.
Incorporar un capítulo específico sobre IA supondría ampliar el alcance del tratado más allá del comercio digital tradicional para abordar aspectos relacionados con la gobernanza tecnológica, la cooperación regulatoria y el desarrollo de estándares comunes en una tecnología considerada estratégica para la competitividad de la región.
Esto convertiría al T-MEC en uno de los primeros acuerdos comerciales del mundo en intentar abordar de manera explícita la IA como un componente central de la integración económica.
Pero la viabilidad de la propuesta depende de la voluntad política de los tres gobiernos y de su capacidad para encontrar puntos de convergencia en un entorno donde la competencia tecnológica global se intensifica.
Independientemente de si el resultado final es un nuevo capítulo específico o un conjunto de principios incorporados al actual marco de comercio digital, la iniciativa refleja que la discusión sobre la Inteligencia Artificial es, cada vez más, un asunto de política comercial, competitividad e integración regional.
La revisión del T-MEC ofrece una oportunidad para debatir cómo Norteamérica quiere posicionarse frente a otros bloques económicos en la carrera por liderar la próxima generación de innovación con Inteligencia Artificial y qué tanto están dispuestos Estados Unidos, México y Canadá a construir una visión compartida sobre las reglas que definirán el futuro de la economía digital.
