Reciclaje de pilas: el punto ciego en la gestión de residuos en México

A pesar de los avances en separación de basura en metrópolis como la CDMX, las pilas siguen fuera de una estrategia integral de manejo de residuos.

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Las pilas forman parte de la vida cotidiana; se usan en una diversa gama de dispositivos electrónicos, desde controles remotos hasta teclados inalámbricos y dispositivos domésticos. Sin embargo, su destino final sigue siendo uno de los grandes vacíos en la gestión de residuos urbanos.

En medio de los cambios recientes en la regulación sobre la separación de basura en la Ciudad de México, el manejo de estos desechos peligrosos continúa siendo poco claro para la mayoría de la población, advierte Ángel Romo, director de Mercadotecnia de Grupo IMU, en entrevista con DPL News.

Desde 2007, Grupo IMU opera un programa de acopio de pilas alcalinas de uso doméstico a través de columnas instaladas en mobiliario urbano en metrópolis mexicanas.

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Actualmente, existen más de 800 puntos de recolección distribuidos en ciudades como Ciudad de México, Guadalajara, Tijuana, Puebla y Pachuca, principalmente en zonas habitacionales, parques y áreas de alto flujo peatonal.

El objetivo de la iniciativa es ofrecer a la población una alternativa cercana y segura para deshacerse de un residuo que no debe terminar en la basura común.

El programa no recicla directamente las pilas, sino que funciona como un sistema de acopio. Una vez recolectadas, son enviadas mensualmente a plantas especializadas donde hasta el 75% de los materiales puede ser recuperado y reutilizado.

Por qué las pilas pueden ser un residuo peligroso

Una sola pila puede llegar a contaminar una cantidad de agua equivalente a la de una alberca olímpica, debido a los metales pesados y químicos que contiene, por lo que su manejo adecuado es crucial para evitar daños en el medio ambiente, explica Romo.

En el caso más grave, la pila de botón, utilizada en relojes y audífonos, puede contaminar hasta 600,000 litros de agua, lo suficiente para 800 años de consumo humano, según Grupo IMU.

Cuando son desechadas, las pilas en México deben clasificarse como residuos peligrosos o residuos de manejo especial, según la cantidad de metales pesados que contengan.

Caracterización de residuos de pilas en México

Tipo de pila / tipo de residuoPrimaria o desechableSecundaria o recargable
Residuo de manejo especialPilas alcalinasPilas de níquel-metal hidruro
Pilas de carbón-zincPilas de ion-litio
Pilas zinc-aire
Pilas de litioPilas de litio con polímero
Residuo peligrosoPilas óxido de mercurioPilas de níquel-cadmio
Pilas zinc-óxido de plata
Fuente: Semarnat

Como tal, las pilas no son consideradas residuos electrónicos convencionales, otra categoría en la que se encuentran los teléfonos móviles, las tabletas o los electrodomésticos cuando termina su vida útil.

La Unión Internacional de Telecomunicaciones y el Programa para Ciclos Sostenibles de Naciones Unidas aclara que los residuos electrónicos abarcan todos los productos que incorporan circuitos o componentes eléctricos, y una fuente de alimentación o baterías.

Por lo tanto, las pilas no entran en esta clasificación, además particularmente debido a que requieren un procesamiento especial al final de su vida útil por su posible contenido de metales pesados y a los riesgos de seguridad que hay si se hinchan, se dañan o se exponen a altas temperaturas.

No obstante, las pilas tienen una relación estrecha con los residuos electrónicos al ser la fuente de energía de la mayoría de dispositivos electrónicos portátiles.

Las pilas también se pueden reciclar

A pesar de haber recolectado cerca de 1,500 toneladas de pilas en casi dos décadas de existencia del programa, Romo subraya que la cifra sigue siendo marginal frente al volumen total de pilas que se consumen cada año, especialmente en una ciudad como la capital del país.

La Asociación Latinoamericana de Pilas y Baterías estima que en México se desechan 780 millones de pilas primarias (no recargables) al año; es decir, cada persona consume en promedio 6 pilas anualmente.

El problema, explica, no es únicamente de infraestructura, sino especialmente de información y concientización. Muchas personas siguen almacenando pilas en casa o, peor aún, desechándolas junto con los residuos orgánicos e inorgánicos, lo que imposibilita su tratamiento posterior y aumenta el riesgo ambiental.

La transición hacia dispositivos electrónicos recargables ha comenzado a reducir el consumo de pilas desechables, pero el cambio no es homogéneo.

Para compensar, Grupo IMU ha impulsado concursos escolares y campañas de concientización que buscan incentivar la recolección responsable y generar hábitos más sostenibles, especialmente entre niños y jóvenes.

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Foto: Grupo IMU

La nueva regulación de separación de residuos en la Ciudad de México abre una ventana de oportunidad para visibilizar este problema. Sin embargo, Romo señala que las pilas siguen sin ocupar un lugar claro en el discurso público sobre reciclaje.

A partir de este 2026, en la Ciudad de México es obligatorio separar los residuos en cuatro categorías: orgánicos, inorgánicos reciclables, inorgánicos no reciclables y de manejo especial y voluminoso.

Las pilas entran en esta última categoría; no obstante, hay poca concientización entre la población sobre su manejo adecuado, ya sea separarlas y resguardarlas en un contenedor para su recolección en casa el día correspondiente, o llevarlas a un punto de acopio.

“Se habla de PET, cartón y orgánicos, pero casi nunca de pilas”, apunta Ángel Romo, pese a que representan un riesgo ambiental y sanitario significativo.

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De cara a 2026, el programa IMU Recicla busca ampliar su alcance mediante alianzas estratégicas con empresas, gimnasios y centros educativos, además de reforzar esquemas de incentivos para la ciudadanía. La lógica es aprovechar los largos desplazamientos urbanos y los espacios de trabajo como puntos adicionales de recolección.

Para Romo, el reto es que el manejo de pilas se integre de forma sistemática en la política de residuos y en la cultura ciudadana.

“No se trata de ser los únicos, sino de que haya muchos más puntos de acopio y mayor corresponsabilidad, incluso de los fabricantes”, concluye Romo.

Mientras el reciclaje se asocia casi exclusivamente con residuos como botellas o cartón, millones de pilas continúan su camino hacia rellenos sanitarios o cajones olvidados en casa. Integrarlas de forma clara en la política de residuos es una deuda ambiental que las ciudades aún no han saldado.