Estados Unidos es un gigante y lo seguirá siendo. No obstante, era como un gigante dormido: durante las últimas tres décadas, el país que inventó el transistor y toda la industria tecnológica se confió de su liderazgo en el rubro y creyó que sería eterno, independientemente de las circunstancias.
En este lapso, externalizó procesos críticos clave, como la fabricación de semiconductores y el ensamble de la electrónica en general, lo que hizo que emergiera un nuevo gigante: Asia, que, tras el derrumbe de la Unión Soviética, de inmediato se erigió como su rival natural.
Tras dos años de transición y cabildeo desde que asumió la presidencia, en 2023 fue cuando Joe Biden finalmente pudo concretar las reformas y leyes que tanto había promovido en aras de impulsar la economía, generar empleos y reforzar —o recuperar— su liderazgo tecnológico. Finalmente, promulgó la Ley CHIPS y Ciencia y anunció el lanzamiento de 32 nuevos hubs tecnológicos en todo el país.
No me aventuro a afirmar si, en 2024, la economía estadounidense finalmente entrará en la consabida recesión que se viene pronosticando desde hace meses. En caso de que ocurra, lo único que vaticino es que será después del segundo semestre, quizás en el último trimestre.
Tal como lo ha venido haciendo hasta ahora, la administración Biden-Harris mantendrá una posición férrea contra las Big Tech, por lo que no se vislumbra que las fuertes presiones que ha emprendido contra ellas vayan a ceder en el corto plazo.
En cuanto a la industria cripto, no cabe duda de que el gobierno y los reguladores la seguirán dinamitando, con la intención, tras los colapsos de FTX y Binance, de fomentar un uso más institucional, controlado y centralizado a través de los fondos cotizados de BlackRock y otras empresas multinacionales estadounidenses de inversión.
Finalmente, en el ámbito de las telecomunicaciones, avanzará el despliegue de las redes móviles de quinta generación y fibra óptica en el territorio nacional, exclusivamente con proveedores de tecnología occidentales y aliados, pues los bloqueos a los fabricantes chinos continuarán.
El 2024 también será convulso para el país norteamericano, ya que es un año de elecciones y lo más probable es que Donald Trump vuelva a la presidencia luego de un desgaste y el aminoramiento de la aprobación de Biden. Habrá que ver si con él vuelve la política más intensa de veto contra la tecnología china y la evangelización a otros países a través del programa Clean Network.
