Madrid: donde los caminos se cruzan, donde se imagina el futuro de una sociedad digital

Este discurso fue leído durante la apertura del evento Digital Summit Latam en Madrid.

¿Por qué Madrid? Porque Madrid fue la capital de un imperio de la diversidad cultural integrado por reinos, virreinatos, capitanías, territorios de ultramar en tres continentes, dos océanos y, con ello, adquirió la vocación de anfitriona cultural, económica y diplomática. 

Venir a Madrid no sólo es un acto de costumbre en Iberoamérica. Venir a Madrid es una provocación intelectual, es un obligado cruce de caminos que comienza en los viejos caminos reales del antiguo imperio que compartimos durante 300 años. 

Como Roma, España fue construida por diversas culturas, locales y nómadas, donde se compartió, mezcló y construyó la suya propia. 

El yo del viejo imperio se transformó en un nosotros, en partes indisolubles caracterizadas por la conversación cultural en permanente reinvención. 

En aquellas épocas, el camino a Madrid convocó tierra, mar y ahora aire. Se viajaba desde Santa María del Buen Aire, desde Filipinas, desde los Virreinatos del Perú, la Nueva España, la Nueva Granada y capitanías como Quito, Caracas y Guatemala; de lugares estratégicos como Dominicana o Cuba.

La lengua castellana, el español, forjó la herramienta de integración más poderosa de nuestra cultura. Una lengua naciente, con una gramática que le da certificado de nacimiento en 1492 con Antonio de Nebrija. Pero la lengua que llegó a América no era una lengua madura, era tan inmadura como el naciente imperio, era un barco en formación. 

Carlos Fuentes, el extraordinario escritor mexicano, decía que la lengua castellana “fue llevada a América por piratas, bucaneros y corsarios”. Agrego yo: el castellano transportó a Grecia, Roma y lenguas locales que se mezclaron con el quechua, las lenguas caribe, guaraní, tagalo, maya y el náhuatl, entre otras.

Hernán Cortes señalaba en su primera Carta de Relación que “la lengua no era suficiente para explicar las maravillas que encontré”; pero en sus últimas cartas Cortés se expresa con una inédita floritura lingüística, novedosa para el castellano de la época. Comunicó un nuevo vocabulario, producto del conocimiento de la riqueza narrativa y las metáforas del náhuatl. 

El español estaba en formación, enriquecido por palabras nuevas, nuevas frutas, especies y productos de la nueva terra nostra.

El camino de la lengua y la cultura caminaba en doble sentido, la fusión cultural era recíproca e inevitable y fue rumbo a Madrid. Siempre Madrid.

La Nao de China o el Galeón de Manila fue la primera experiencia de la globalización. La primera ruta global transoceánica de la época: dos mares, tres continentes y una ruta que comenzaba el comercio global del mundo y que se financiaba con el Real del 8 de las minas de Perú, el alto Perú o Bolivia y las minas de Zacatecas e Hidalgo y que llegaba al puerto de Acapulco para distribuir todo. 

Los marfiles, peinetas, mantones de Manila, tinturas, sedas, cajas, biombos, lacas y frutas exóticas llegaban a Sevilla, Lima, Bogotá, Santiago, Buenos Aires y todas las geografías del joven imperio. 

Se construían escuelas, hospitales para indios y universidades como en Lima, Dominicana y la Ciudad de México, mucho antes que universidades norteamericanas o inglesas en sus colonias.

Pero estamos en Iberia, si Nebrija nos obsequiaba la gramática, Camoes hacía lo propio con el portugués. Si España llegaba a los mares del sur, Portugal llegaba a África, América del sur y Asia. Si había un Magallanes en España, había un Cabral y Alburquerque en Portugal. Si había Virreinatos hispanos, hubo un imperio luso dirigido desde Brasil. 

Lo Iberoamericano nos define por las lenguas mestizas y las culturas fusionadas desde Grecia y Roma, pero también por la negritud y el indigenismo de las culturas americanas. 

Lo iberoamericano no se explica una sin la otra. Se explica por el portugués, el español y las culturas de América fusionadas.

Por eso, venir a Madrid recupera una tradición para conversar. En esta ocasión, en Casa de América, el Palacio de Linares, donde no hablaremos de la primera globalización de la economía trasatlántica, ni del Galeón de Manila, hablaremos del nacimiento de la (en palabras de mi amigo Arturo Oropeza), primera revolución digital de nuestra civilización.

Su parto doloroso entre huracanes de geopolítica, dudas y cuestionamiento de las normas que han dado forma a nuestra convivencia mundial, de dudas sobre la globalización, de inversiones económicas inconcebibles, de distintas velocidades en la inclusión digital, transformación digital y la llegada de la Inteligencia Artificial.

Podremos debatir estos y otros temas más bajo el manto de los nombres que habitan, como fantasmas vívidos y presentes, en este palacio de Linares, Casa de América: Camoes, Cervantes, Octavio Paz, Simón Bolívar, Roa Bastos, Frida Khalo, Gabriela Mistral, entre otros.

Gracias por venir desde muy lejos, por caminar y volar hasta aquí, por considerar que este es un espacio vital y privilegiado por su presencia y amigos, por confiar en el valor de la palabra y la inteligencia de sus pares.

Y cierro con palabras de Neruda. Podrán cortar todas las flores del jardín, pero no podrán detener la primavera, menos la primavera digital de Iberoamérica.