Reforma Jorge F. Negrete P.
Las cruzadas fueron ocho expediciones cristianas entre 1096 y 1270, acciones bélicas para la liberación de la Tierra Santa, de los musulmanes.
Desde Isabel La Católica, España es el épico aliado del Vaticano. Juntos fueron a Lepanto en contra del turco, y los fieles que se perdieron con Lutero y el protestantismo, juntos los recuperaron con la evangelización de América y Filipinas. Ahora, juntos comienzan una cruzada.
El presidente de España Pedro Sánchez ha criticado duramente a los magnates tecnológicos a quienes califica de “tecnoligarcas” o “tecnocasta”. España, bajo su liderazgo, creó la Carta sobre Derechos Digitales, misma que fue adoptada por la Comunidad Europea, presentada y adoptada por la Secretaría General Iberoamericana (Segib) en República Dominicana.
España lidera y ha presionado a Europa en materia digital. ¿Tiene razones? Sí. ¿Legítimas todas? No. Lo cierto es que, desde hace 15 años, la mejor política de conectividad e infraestructura digital en Europa es española.
El primer jefe de gobierno que visitó el Vaticano, después que el Papa presentó su encíclica Magnifica Humanitas, fue el presidente de España, Pedro Sánchez, y, a su vez, lo invitó a ir a España. Ambos expresaron reflejos políticos extraordinarios.
La afinidad política entre ambos está alejada de la diplomacia tradicional, estamos frente a una declaración de guerra cultural y regulatoria frente al orden tecnológico global.
Al proponer un “desarme ético” de la Inteligencia Artificial (IA) y un frente común en el humanismo, España y el Vaticano proponen una tercera vía, la moral. Sin embargo, esta postura choca de frente con la realidad de la geopolítica digital, dividida en un poderoso duopolio: EUA y China.
El modelo de EUA es impulsado por un emergente capitalismo protestante y libertario; y las corporaciones del Silicon Valley priorizan el financiamiento compulsivo de la innovación y su globalización, con mínima restricción regulatoria.
China se apoya en un capitalismo de Estado centralizado y un orden basado en la estructura filosófica del confucianismo, donde la infraestructura digital es el instrumento de vigilancia, orden social, competitividad y soberanía tecnológica.
El dilema es urgente: ¿tiene el humanismo Hispano-Vaticano la fuerza moral, el peso de mercado y tecnológico necesarios para condicionar las reglas del juego global? ¿Está condenado a convertirse en una cultural e irrelevante declaración de principios frente a dos superpotencias que no miden el éxito en valores éticos, sino en patentes, semiconductores, redes de telecomunicaciones y poder de cómputo?
Los encuentros entre el papa León XIV y el presidente Pedro Sánchez, en mayo y este fin de semana durante la visita del Pontífice a Madrid, consolidaron un eje de pensamiento ético centrado en el impacto de la revolución tecnológica, bajo la óptica euro-católico: una “alianza humanista” de vocación hispana.
La agenda común empieza con el repudio al “tecnofascismo”. La tecnología debe estar al servicio de la persona y no a la inversa. Están en contra de algoritmos que alimentan la polarización y destruyen los lazos sociales, la democracia y la memoria histórica Quieren regular la IA y proteger los derechos del ciudadano en entornos virtuales. La sintonía con el Vaticano es total, es la evolución de una relación épico-histórica que entrelaza la tradición con la agenda digital actual.
Los simbolismos del Papa han sido poderosos: tomó la Fuente de las Cibeles, el Santiago Bernabeu, la Nunciatura Apostólica y dio un épico mensaje en el Parlamento; además, el Papa construyó un frente común incuestionable a partir del derecho, que convenció a la derecha e izquierda española. Les roba armas a ambas.
¿Puede el pragmatismo de Sánchez, el Papa y su humanismo católico-eurocentrista frenar a los titanes digitales y del silicio? ¿protestantes y confucionistas? Son 1400 millones de católicos y 645 de hispanohablantes. Me adelanto: no lo creo. Pero ya hay una Cruzada, y es digital.
Presidente de DPL
X / @fernegrete