Llegó el Mundial a México con el 5G en la banca

El balón está por rodar. El Estadio Azteca recibe por tercera vez un Mundial de fútbol. Pero el gobierno mexicano y los organizadores quieren maquillar (con pinturita morada y toda la cosa) la realidad: México celebrará su tercera Copa del Mundo con infraestructura a medias, incluida la red 5G

Detrás de la euforia colectiva (sarcasmo), la infraestructura tecnológica de conectividad móvil en México arrastra una deuda histórica. Llegó la máxima fiesta del fútbol y, a pesar de las promesas de vanguardia, el país la recibe sin una red 5G real.

Para entender la magnitud del rezago, basta con mirar a nuestros socios del norte, con quienes compartimos la organización de este torneo. En Estados Unidos y Canadá, la experiencia de navegación móvil es radicalmente distinta. 

De acuerdo con el reporte “Copa del Mundo 2026: ¿quién ofrece la mejor experiencia móvil en Norteamérica y las ciudades sede?” hecho por Speedtest, en México el operador con mayor velocidad, que es Telcel ofrece un promedio de 44.4 Mbps, mientras que en Estados Unidos T-Mobile es el más alto en velocidad con hasta 265.8 Mbps; y Canadá con Telus alcanza hasta 143.8 Mbps. 

¿Qué pasa en México con el 5G? Se trata de un 5G “maquillado”, soportado sobre una arquitectura Non-Standalone (NSA). Es decir, los operadores locales montan las antenas de nueva generación sobre el viejo núcleo de la red 4G.

El resultado es una experiencia que, si bien mejora marginalmente los tiempos de carga, se satura con facilidad ante eventos masivos y se queda muy por debajo de los estándares internacionales de latencia y velocidad.

El fondo del problema no es la falta de voluntad técnica de los operadores, sino el estrangulamiento del espectro radioeléctrico, el verdadero oxígeno de las telecomunicaciones. 

Para tener un 5G real se requiere la liberación masiva de bandas de frecuencia óptimas, como las bandas medias en el rango de los 3.5 GHz y las bandas bajas. En México, el espectro asignado para este fin es críticamente insuficiente.

La tarjeta roja de este rezago radica en los retrasos y vaivenes institucionales de la política pública. El golpe definitivo ocurrió con la cancelación de la licitación IFT-12, el proceso diseñado originalmente para concursar los bloques de frecuencias idóneos para redes móviles de quinta generación. 

La transición regulatoria y el desmantelamiento del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) para transferir sus facultades hacia la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones (ATDT) paralizaron el calendario. Se argumentó falta de tiempo y la necesidad de replantear las bases del concurso, pero en el mercado de la tecnología el tiempo no se detiene; se traduce en obsolescencia.

Al día de hoy, México con la CRT tiene el plan de licitar espectro para 5G este año, aunque no hay una fecha específica, y obviamente el Mundial 2026 ya habrá pasado para entonces. 

El Mundial de 2026 era la fecha límite ideal para consolidar la transformación digital de México. No obstante, mientras los aficionados en los estadios norteamericanos disfrutarán de una conectividad fluida de última generación, los usuarios en los recintos mexicanos tendrán que conformarse con una red intermitente, testigos del costo real de la parálisis regulatoria y la escasez de espectro. 

Llegó el Mundial, sí, pero la verdadera conectividad del futuro se quedó en la banca.

Nos leemos en la próxima #BigTech