La avalancha de satélites LEO pone presión a la gestión espectral

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El crecimiento de las constelaciones de satélites en órbita terrestre baja (LEO) está transformando el ecosistema global de las telecomunicaciones. En apenas una década, el número de satélites activos pasó de alrededor de 1,000 en 2014 a casi 12,000 en la actualidad, impulsado principalmente por megaconstelaciones destinadas a ofrecer banda ancha satelital.

Estas infraestructuras prometen reducir la brecha digital al llevar conectividad a zonas rurales y remotas, además de habilitar nuevos modelos como el Direct-to-Device (D2D), que permitirá a los dispositivos móviles conectarse directamente a satélites sin necesidad de infraestructura terrestre intermedia. Y, como se observa en las gráficas siguientes, la expectativa es que el número de satélites y constelaciones siga aumentando exponencialmente.

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Fuente: https://www.newspace.im/

Este avance acelerado también expone un riesgo: la falta de una planificación espectral adecuada por parte de los reguladores. El espectro radioeléctrico es un recurso limitado y su gestión resulta cada vez más compleja en un mundo multiórbita y multiconstelación.

La coexistencia de sistemas no geoestacionarios (NGSO), como las constelaciones LEO, con los satélites geoestacionarios (GEO), ubicados a casi 36,000 kilómetros de la Tierra, exige reglas claras, coordinación técnica y marcos normativos capaces de adaptarse a una dinámica orbital sin precedentes.

Los satélites LEO abrieron una nueva ola de aplicaciones en teledetección y comunicaciones digitales. Si bien las primeras inversiones se concentraron en satélites de observación de la Tierra, hoy predominan las constelaciones orientadas a servicios de conectividad global. Este cambio tensiona los marcos regulatorios tradicionales, diseñados para un entorno más estable, y plantea interrogantes sobre la capacidad de las licencias actuales para gestionar satélites en movimiento constante, con distintos niveles de potencia y compartiendo bandas críticas del espectro.

En este contexto, preservar el rol de los satélites geoestacionarios resulta clave. Los sistemas GEO siguen siendo fundamentales para servicios de radiodifusión, conectividad empresarial y cobertura regional continua. Una planificación deficiente que priorice el crecimiento desordenado de NGSO podría generar interferencias perjudiciales y comprometer inversiones históricas en infraestructura satelital.

Por eso, la discusión sobre la coexistencia GEO-LEO se perfila como uno de los ejes centrales de la Conferencia Mundial de Radiocomunicaciones 2027 (CMR-27), donde se debatirá si es prudente abrir o modificar más espectro para NGSO.

En América Latina, algunos países comenzaron a anticiparse. Colombia es uno de los casos más citados en la región. En 2022, las autoridades actualizaron el régimen satelital incorporando procedimientos más ágiles y reglas específicas para sistemas no geoestacionarios, al tiempo que destacaron la necesidad de fortalecer las capacidades de monitoreo espectral y la cooperación regional. Desde la Agencia Nacional del Espectro (ANE), se remarca que el papel del regulador ya no se limita a asignar frecuencias, sino a garantizar que cada MHz contribuya efectivamente a conectar personas y territorios.

Ese enfoque se reflejó también en el ámbito internacional. Durante las sesiones del Grupo de Estudio 4A de la UIT-R en Ginebra, Colombia presentó un estudio técnico sobre interferencias y uso eficiente del espectro satelital, elaborado en conjunto entre la ANE, SpaceX y DirecTV Colombia. El trabajo, desarrollado a lo largo de seis meses, incluyó mediciones reales para evaluar posibles excedencias en los límites de densidad de flujo de potencia y aportar evidencia empírica a la discusión global sobre la coexistencia entre GEO y LEO.

La experiencia colombiana ilustra tanto las oportunidades como los riesgos del nuevo escenario satelital. Sin una planificación espectral robusta, flexible y en permanente revisión, el crecimiento de las constelaciones LEO podría derivar en conflictos técnicos, regulatorios y económicos difíciles de revertir.

La clave estará en anticiparse: construir marcos normativos modernos, promover la cooperación regional y asegurar que la expansión del espacio satelital sea sostenible a largo plazo, sin sacrificar la estabilidad de los sistemas que hoy sostienen la conectividad global.