Energía y telecomunicaciones: una alianza estratégica pendiente

Intervención del Presidente de la Cámara Chilena de Infraestructura Digital y ex Viceministro de Telecomunicaciones, Rodrigo Ramírez Pino, durante el CLTD 2025 en la Ciudad de México, el 31 de mayo. Este texto se reproduce con la autorización del autor.

Hace unas semanas, el apagón eléctrico en España dejó al desnudo la debilidad de la autonomía de las redes de telecomunicaciones . El servicio caía en conjunto con el corte de la energía eléctrica.

Mientras tanto en Chile, ante la misma situación, los servíos de voz y datos permanecieron operativos y sostuvieron la continuidad operacional entre 4 y 72 horas. Esto gracias a la normativa que establece una clasificación por niveles de criticidad para la infraestructura de telecomunicaciones, y donde se asocia a cada nivel un requerimiento mínimo de autonomía energética.

Chile avanza hacia una matriz energética más limpia y diversificada, hoy más del 66% de la capacidad instalada proviene de fuentes renovables, con la energía solar liderando el sector. Sin embargo, existe una omisión cada vez más preocupante: el sector eléctrico aún no comprende del todo a uno de sus principales aliados en la transición verde y en la continuidad operativa de los servicios estratégicos: la industria de las telecomunicaciones.

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Durante años, el sector telco ha sido percibido solo como un usuario intensivo de energía. Sin embargo, esta mirada reduccionista ignora una realidad mucho más compleja y proactiva. Las telecomunicaciones no solo dependen de la energía; también la optimizan, la democratizan y la hacen más eficiente.

La dependencia al sistema eléctrico es evidente e insoslayable. Las redes móviles, las estaciones base, las torres de telecomunicaciones, los nodos de fibra óptica y los centros de datos requieren a todo evento de una fuente de energía constante y confiable. Los sistemas de telecomunicaciones colapsan o se interrumpen cuando la energía desaparece, lo que es más evidente de cara al usuario durante apagones masivos si no cuentan con respaldo energético autónomo.

Acá el problema es la cantidad de barreras y lomos de toro que impone el sector eléctrico para el despliegue eficiente de las redes de telecomunicaciones, en su mantenimiento y uso; y en la recuperación del servicio ante afectaciones e imprevistos. A esto hay que sumarle que las tarifas eléctricas impactan directamente en los márgenes operativos, especialmente en entornos de alta inflación energética. En Chile, el alza proyectada de las tarifas eléctricas para 2025-2026 podría aumentar en un 15-25% los costos energéticos del sector telco si no se aplica eficiencia energética.

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Las empresas de telecomunicaciones saben de eficiencia energética para ampliar las capacidades y extensiones de las redes. Es una práctica que muchas ya están avanzando en planes de migración a energías renovables, virtualización de redes [menos hardware físico], aplicabilidad de soluciones edge computing para reducir el tráfico energético en el core; despliegue de arquitecturas RAN inteligentes y uso de IA para reducir el consumo en tiempo real.

Algunos operadores de infraestructuras están instalando paneles solares en torres rurales, utilizando baterías de litio de respaldo, promoviendo el apagado inteligente de generaciones de redes que implican un alto consumo de energía y promoviendo la compartición de infraestructura fijas y móviles, lo que reduce el número total de instalaciones y su consumo energético. Esto no es discurso: es inversión concreta.

¿Puede decir lo mismo toda la cadena eléctrica? Es tiempo de que el sector energético mire a las telecomunicaciones no como una carga en su demanda o como un insignificante usuario, sino como un aliado clave para sostener los servicios esenciales y en la ruta hacia la sostenibilidad.

Urge una coordinación estratégica real para atender situaciones complejas, compartir datos, desarrollar infraestructura conjunta, habilitar incentivos cruzados y hacer planes de emergencias conjuntos.

Los desafíos energéticos de la industria de telecomunicaciones están en el corazón de su sostenibilidad futura. El equilibrio entre expansión de capacidad, resiliencia operativa y eficiencia energética será clave para enfrentar un escenario de mayor demanda de datos, digitalización de sectores de la economía y exigencias climáticas. La transición hacia un modelo más verde, distribuido e inteligente es urgente y estratégica.

La digitalización y la energía verde no avanzarán si se caminan por separado. Si queremos una transición energética de verdad, debemos incluir a quienes ya están contribuyendo a ella, no solo con discursos, sino con acción tecnológica, cobertura territorial y visión de largo plazo.

El sector eléctrico tiene una deuda de comprensión con las telecomunicaciones que ya es hora de saldar teniendo el desafío de mantener el flujo energético suficiente, a costo adecuado y con garantías en la infraestructura de telecomunicaciones.