En 2017 los países más avanzados del mundo identificaron que la Inteligencia Artificial (IA) se convertiría en un factor clave de su estrategia geopolítica y económica actual. El mismo presidente ruso, Vladimir Putin, predijo que el país que lidere el desarrollo de esta tecnología gobernará al mundo.
Desde entonces, la carrera global por dominar el desarrollo de la IA arrancó con un nuevo orden mundial en donde Estados Unidos y China se encuentran a la cabeza. Ambas potencias reconocen que esta tecnología representa una herramienta muy poderosa tanto en el ámbito político como militar, lo que significa una ventaja para determinar las relaciones internacionales de cualquier país.
El valor de la IA en la geopolítica global radica en su potencial transformador tanto del espacio industrial como social. Por un lado, la capacidad predictiva y de automatización de la IA impulsará la productividad a niveles nunca antes vistos, lo que resultará en una explosión del crecimiento económico e innovación general para todos los sectores.
Por otro lado, la IA puede ser usada como un instrumento de control social por parte de gobiernos autoritarios, ya sea a través de sistemas de vigilancia masiva, autoritarismo digital o moldeando la opinión pública al manipular la información que llega a los ciudadanos y la que sale al mundo exterior.
Asimismo, la IA supone una ventaja militar que los ejércitos aprovecharán para dominar a sus adversarios. Las aplicaciones de la IA en el campo militar van desde el procesamiento y clasificación de los datos recogidos en batalla con fines de planificación de posibles tácticas y toma de decisiones para eliminar tropas enemigas, hasta el punto de operar sistemas de armas automatizadas e incluso robots y drones que tomen el lugar de riesgo de los soldados humanos.
Su capacidad de alterar el balance militar, económico y político, es lo que permite que la IA se convierta en una fuente de poder en todos los sentidos. Por lo tanto, la IA se encuentra en el centro de la estrategia geopolítica de un mundo cada vez más interconectado, digital y que pone a las tecnologías de la información como un factor de desarrollo clave.
El gobierno chino fue uno de los primeros en ver a la IA como piedra angular para convertirse en el centro de innovación mundial y como un arma para desbancar a occidente como rival tecnológico. Desde entonces, China ha optado por realizar fuertes inversiones públicas en investigación y desarrollo (I+D) de aplicaciones de IA en todos los campos posibles, así como fomentar su apoyo político para su avance.
Gracias a esta gran inversión, en los últimos años China ha logrado construir las bases de su economía y ecosistema empresarial. Pero también la ha integrado como un instrumento para reforzar su seguridad nacional al usarla en el desarrollo de armas. Mientras que en términos de vigilancia la ha utilizado para controlar a los ciudadanos, rastrear disidentes, censurar el acceso a Internet y hasta predecir crímenes.
A diferencia de sus rivales occidentales, China tiene muchas ventajas para liderar el desarrollo tecnológico en este ámbito. Una de ellas es que tiene una enorme población de la cual obtiene una gran cantidad de datos y un mercado activo que consume tecnología. Asimismo, su gobierno respalda ampliamente la IA y su enfoque regulatorio y de gobernanza es mucho más flexible en comparación con otros países.
Gracias a esta flexibilidad y el apoyo con subsidios e incentivos, el país asiático ha logrado que su ecosistema digital nacional crezca exponencialmente y se encuentre a la par del estadounidense.
Por cada empresa tecnológica de Silicon Valley existe su gemelo en el mercado chino. Por ejemplo, Baidu es el homólogo de Google, Alibaba de Amazon, Huawei de Apple y Tencent de Facebook. Estas empresas se han convertido en imperios poderosos que se expanden a gran velocidad y tienen acceso a los datos de millones de personas en todo el mundo a través de la distribución de sus productos y servicios a nivel mundial.
Por su parte, Estados Unidos ha respondido al avance de China con su propia agenda que se ha enfocado más en la inversión para el desarrollo de sistemas de IA para sus agencias de defensa y militares.
En este sentido, el gobierno estadounidense ha dado un paso al frente al proponer pautas internacionales que promueven el uso responsable del despliegue de la IA en el campo de batalla y en toda la industria de defensa, garantizando que se respeten los límites del derecho internacional, seguridad y estabilidad.
Además de esto, el gobierno estadounidense ha adoptado un enfoque de regulación ligera para la IA en cuanto a no intervenir en el desarrollo industrial para evitar posibles barreras a la innovación. Tampoco se ha ocupado de elaborar una política nacional de protección de datos o de supervisar el contenido de los motores de recomendación y búsqueda.
El gobierno estadounidense también ha tenido problemas al implementar la IA en el sector público. En parte esto ha sido resultado de una regulación fragmentada a nivel nacional, especialmente por la fuerte oposición que existe por parte de organizaciones de la sociedad civil, cosa que no ocurre en un gobierno autoritario como China.
A pesar de ello, Estados Unidos se ha enfocado en fortalecer su política industrial asegurando el control en la cadena de suministro de la IA, especialmente en la producción de semiconductores, basando su soberanía digital en la Ley de Ciencia y CHIPS, que promete abordar las preocupaciones de la competencia con China y renovar el liderazgo tecnológico del país norteamericano.
Finalmente está la Unión Europea que, aunque se encuentra muy por detrás de EE.UU. y China en cuanto a innovación tecnológica, sí que ha tomado la delantera en la regulación de los datos y gobernanza de la IA bajo un marco de principios éticos.
La UE ha adoptado un enfoque holístico para gobernar el uso de la IA con legislaciones como el Reglamento General de Protección de Datos (GDPR), la Ley de Mercados Digitales (DMA) y La Ley de Servicios Digitales (DSA).
Ahora los legisladores europeos se encuentran estancados en la aprobación de la Ley de IA del bloque europeo, la cual propone clasificar a los sistemas inteligentes dependiendo de su nivel riesgo, ya sea que puedan violar los derechos fundamentales de una persona o su seguridad. Los sistemas que sean clasificados como de “alto riesgo” estarán sujetos a un escrutinio más estricto.
Aún faltan algunos años para determinar quién será el ganador del juego por la supremacía de la IA. Pero todo apunta a que el aumento de la desconfianza entre gobiernos y la falta de cooperación internacional en materia de regulación tecnológica, contribuirá a que se haga más grande la brecha entre países líderes con los recursos tecnológicos, a una mayor fragmentación del acceso a Internet y del ecosistema digital global.
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