Reforma Jorge F. Negrete P.
La Biblioteca de Alejandría pertenece a una tradición milenaria de bibliotecas nacidas en el Medio Oriente. Primero en Uruk, la ciudad sumeria donde la escritura comenzó su vida, después con los hititas y asirios, que crearon elementales bibliotecas. La más famosa fue la Biblioteca de Nínive, fundada por el rey asirio Asurbanipal, seguido por Nabucodonosor II.
En la edad media, las bibliotecas se alojaron en las abadías. Nacieron las bibliotecas califales y en Europa llegaron a las universidades como las de Bolonia, Sorbona, Salamanca y Oxford, entre otras. Pero fue la imprenta de Gutemberg la que masificó la distribución del conocimiento. Este conjunto de bibliotecas revelaron una verdad: la palabra, la información y el conocimiento son “un don del pasado y un legado para el futuro”.
La palabra transporta datos, información e imaginación y la civilización es su hija. La civilización, dicen otros, es una carrera entre la educación y la catástrofe. Las sociedades se miden hoy por la capacidad de educar, informar, distribuir información y crear conocimiento. Somos menos bárbaros mientras la palabra se vuelva colectiva. La información que circula en la sociedad forma opinión, pluralidad creativa y ciudadanos capaces de mejorar procesos económicos, políticos, sociales y culturales.
En 1968, la Unión Internacional de Telecomunicaciones estableció que el 17 de mayo de cada año se conmemora el aniversario de la firma del primer Convenio Telegráfico Internacional y el establecimiento de la Unión Internacional de Telecomunicaciones como Día Mundial de las Telecomunicaciones, suscrito y nacido en 1865.
En octubre de 2005 se celebró la primera edición del Día de Internet y ahí se propuso solicitar a la Asamblea General de las Naciones Unidas un Día Mundial de la Sociedad de la Información que se estableció el 17 de mayo. En noviembre de 2006, la Conferencia de Plenipotenciarios de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, reunida en Turquía, decidió celebrar ambos eventos, el Día Mundial de las Telecomunicaciones y de la Sociedad de la Información.
Las redes de telecomunicaciones distribuyan la Internet y, con ello, la mayor cantidad de información que la civilización haya comunicado. El número de usuarios de Internet en el mundo (según la UIT) son 4,660 millones de personas o 59.5% de la población, 7,830 millones.
El 72% de las casas en las ciudades están conectadas a Internet y solo 37% en áreas rurales. Casi 85% de la población tiene conectividad 4G. El 65% de las casas en las ciudades tienen computadora, pero solo 25% tiene estos equipos en las áreas rurales. Casi 70% de los jóvenes en el mundo usa Internet.
La pandemia ha intensificado la crisis económica de la región y ha visibilizado el poder de Internet, las TIC y las telecomunicaciones. A raíz de la pandemia, 2 de cada 10 empresas e-commerce tuvieron una expansión de más de 300 por ciento. Al mismo tiempo, en 2020 (CEPAL eLac) se triplicó en la región el número de empresas online. En México y Colombia fue 8 veces mas y casi 4 veces más en Brasil y Chile. Las empresas y ciudadanos que se digitalicen serán mas resistentes a las crisis económicas y más competitivas.
No existe herramienta más poderosa para igualar oportunidades sociales que la Internet y no existe Internet sin infraestructura. A mayor infraestructura se habilitan más derechos fundamentales, competitividad económica y se fortalecen las instituciones democráticas de los Estados. La pobreza de infraestructura es sinónimo de pobreza digital y de decadencia civilizatoria.
La de Alejandría fue una biblioteca que duró al menos 500 años y junto a las otras bibliotecas, tenía un común denominador: representaban a la élite del poder.
Hoy las bibliotecas no son privilegio de abadías ni de nadie. Internet es un milagro digital descentralizado, democrático, masivo, global y genera el bien más valioso de nuestra civilización: la información y su consecuencia más virtuosa, el conocimiento.
Presidente de Digital Policy & Law
Twitter @fernegretep
