Mérida, Yucatán.- Aunque tecnologías como la Inteligencia Artificial (IA) o Big Data cada vez son más omnipresentes y evolucionan de forma acelerada, no todos los países, ciudades, municipios y comunidades pueden acceder todavía a sistemas tan sofisticados como aquellos que poseen las grandes economías o las empresas multinacionales. El código abierto puede ser una alternativa.
Para muestra, en América Latina únicamente 0.6 por ciento del PIB se destinaba a investigación y desarrollo (I+D) en 2021, de acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe.
Mientras tanto, países como Estados Unidos o Corea del Sur dirigen 3.5 por ciento y 4.9 por ciento del PIB, respectivamente, a I+D.
La menor inversión en innovación y desarrollo científico y tecnológico limita también las capacidades de los países para crear soluciones a problemas estratégicos, a nivel nacional y local.
Sin embargo, el código abierto representa una vía de oportunidad para lograr que las comunidades de América Latina se empoderen en la creación y uso de datos para atender sus problemáticas territoriales, considera Céline Jacquin, gerente senior de Humanitarian Openstreetmap en la región.
Cuando se habla de ciudades inteligentes, “en muchos eventos urbanísticos hablamos de grandes tecnologías, de cosas muy avanzadas (…). La innovación y las tecnologías están muy bien, pero ¿para quiénes y cuándo la mayoría de las ciudades realmente podrán beneficiarse de ellas?”, increpó durante el Smart City Expo Latam Congress 2024.
Siempre hay ciudades y, sobre todo, comunidades con realidades muy distintas a las de las grandes ciudades, que difícilmente pueden acceder a las tecnologías más sofisticadas para mejorar la calidad de vida de sus habitantes.
Muchas ciudades carecen de datos territoriales para entender las problemáticas locales, lo cual “es una limitación absoluta para avanzar en una toma de decisiones hacia una mejoría de los servicios públicos”, advirtió la experta.
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En ese contexto, la tecnología de código abierto se plantea como una posibilidad para ampliar la generación y aprovechamiento de datos en las comunidades.
Según la definición de la empresa IBM, se denomina código abierto a un modelo de producción tecnológica descentralizada, que permite que cualquier persona modifique y comparta tecnología que está disponible de manera pública.
A través de la aplicación de tecnología de código abierto, Humanitarian Openstreetmap busca “que las comunidades se vuelvan actores de su propio desarrollo y que sus necesidades sean conocidas y estén en el centro de las soluciones que se buscan y de los datos que representan las realidades locales”.
Humanitarian Openstreetmap es un equipo internacional cuyo objetivo es proporcionar datos cartográficos de manera abierta, los cuales sirven en la gestión de desastres, la reducción de riesgos y para impulsar proyectos de desarrollo sostenible.
Esta iniciativa desarrolla herramientas de código abierto para la cartografía que son utilizados por actores como la Cruz Roja, Médicos sin Fronteras, la ONU y las propias comunidades locales.
Céline Jacquin destacó la relevancia de contar con tecnologías abiertas debido a que muchos gobiernos locales enfrentan fuertes limitaciones presupuestarias.
Asimismo, las herramientas basadas en código abierto pueden ser diseñadas para que su uso sea fácil y sostenible en el tiempo, de manera que puedan ser gestionadas y alimentadas con datos por las comunidades.
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Por ejemplo, la organización internacional ha trabajado en diferentes estados de México para atender problemáticas específicas, como el mapeo de refugios para la población previo y durante la llegada del huracán Beryl a Quintana Roo.
En Quintana Roo, explicó la especialista, existen pueblos indígenas que no hablan español y que generalmente no son considerados por los gobiernos, pero que también son afectados por los desastres.
“Acercar el ejercicio de creación de datos, en este caso sobre la expresión de los desastres en su comunidad: cómo ellos lo viven, qué les trae a ellos los huracanes, muy en concreto, vientos, lluvias, pero también otras cosas que tienen impacto en su vida económica.
“Todos estos aspectos más vívidos muchas veces no llegan al gobierno local, para que tengan conocimiento de qué riesgos atender y cómo atenderlos en todas sus comunidades”, señaló Céline Jacquin.
Pero acercar ese conocimiento, como ella lo nombra, también requiere desarrollar comunidades cívicas y técnicas, de manera que sean los propios actores locales quienes puedan emplear la tecnología y sea más fácil desarrollar información.
Esta información no sólo puede ser de desastres naturales como un huracán, sino también sobre la migración, la violencia de género o el transporte no estructurado, por ejemplo.
Gobernanza de datos e IA debe ser una prioridad
A la par de iniciativas que resaltan la importancia de lo local, como Humanitarian Openstreetmap, a nivel de Estado también se vislumbra una necesidad latente de comprender las tecnologías y usarlas para el bien social.
Eduardo Moya Sánchez, director de Inteligencia Artificial de la Coordinación General de Innovación Gubernamental de Jalisco, afirmó que todos los gobiernos deberían adoptar la gobernanza de datos como una prioridad.
Los gobiernos tienen que definir quiénes son los dueños de los datos, mecanismos de seguridad y accesibilidad y disponer de infraestructura adecuada para su almacenamiento y procesamiento.
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Moya Sánchez puntualizó que los datos por sí solos no tienen valor, sino que este se da a partir de que se procesan y se convierten en información, la cual puede usarse en la toma de decisiones, en la gestión de servicios públicos y en la mejora de la calidad de vida de la ciudadanía.
Los datos pueden alimentar a tecnologías disruptivas como la Inteligencia Artificial y, a su vez, habilitar una serie de soluciones y servicios digitales, de educación, salud, financieros o seguridad.
Pero, en la actualidad, muchas de las instituciones públicas aún no avanzan en materia de conectividad, de generación de datos ni tampoco en el uso y aplicación de los datos en la toma de decisiones.
“Sus computadores las usan como máquinas de escribir, como pantallas. No las tienen conectadas en Internet, no tienen bases de datos. ¿Qué hacen con eso? Son silos, no hay conexión”: y en ese caso, se pierde la oportunidad de generar valor a partir de datos, sentenció Eduardo Moya.