Japón también subsidiará producción nacional de chips

En su plan de crecimiento de 2021, Japón incluirá el apoyo a la producción nacional de semiconductores avanzados, una medida con la que busca hacer frente a la escasez de chips que ha golpeado a las industrias centrales del país.

Al financiar el desarrollo de tecnologías de fabricación, el gobierno busca atraer a los principales fabricantes estadounidenses a establecer operaciones en el país nipón.

El objetivo es garantizar la seguridad económica a través del reforzamiento de las cadenas de suministro bajo una alianza con Estados Unidos, luego de la reunión que los mandatarios de ambos países, Yoshihide Suga y Joe Biden, sostuvieron el pasado 16 de abril en Washington.

En la actualidad, Japón cuenta con un fondo de 200 mil millones de yenes (mil 800 millones de dólares para apoyar la industria nacional de fabricación de chips. Y el plan ahora es expandir los programas de apoyo para que el dinero pueda destinarse a tecnologías de fabricación de semiconductores y baterías avanzados.

Después de llevar a cabo las negociaciones al interior de la coalición gobernante, el gabinete del primer ministro Yoshihide Suga planea aprobar la estrategia de crecimiento a partir de junio.

Otras naciones, como Estados Unidos y Corea del Sur , también han destinado programas para financiar la industria de los semiconductores con fondos públicos.

El gobierno japonés considera que los semiconductores son esenciales para las innovaciones tecnológicas orientadas a la descarbonización, por lo que busca atraer actores extranjeros que posean la tecnología requerida, para que trabajen conjuntamente con empresas japonesas en Investigación y Desarrollo.

Esta estrategia apunta a que Japón alcance una participación del 40 por ciento en semiconductores de energía para 2030, los cuales se utilizan en vehículos eléctricos y otras aplicaciones.

Por último, Japón se coordinará regularmente con el gobierno de Estados Unidos para mantener una cadena de suministro estable entre los aliados. El objetivo es descentralizar los sitios de producción para reducir el riesgo de interrupciones en tiempos de emergencia, en el contexto de la guerra comercial y tecnológica con China.