Entre el auge y la especulación: el futuro económico de la IA
Ya sea como una falla estructural inherente al sistema o como simples desajustes temporales entre la oferta y la demanda, las burbujas económicas tienden a presentarse como una oportunidad irresistible alrededor de nuevas tecnologías, donde los inversionistas esperan una multiplicación significativa de su capital.
La Inteligencia Artificial (IA) se presenta como esta nueva oportunidad y, aunque algunas empresas e inversionistas afirman que ya generan beneficios, hay señales que evocan experiencias pasadas cuando la atracción excesiva de capital llega a su límite.
Así ocurrió con la fiebre de los canales en el siglo XIX, la electrificación en los años veinte, las dot com a principios de los 2000, e incluso se podría decir que más recientemente con el metaverso.
En su más reciente reporte anual, el Banco de Pagos Internacionales (BIS) advierte que la IA presenta señales inquietantemente similares a estos precedentes, en un momento en que las mayores empresas tecnológicas del mundo se han comprometido a invertir más de 1 billón (trillion) de dólares tan sólo este año en esta tecnología.
El BIS compara la actual fascinación por la inversión en IA con episodios históricos que comparten un rasgo común: “un genuino avance tecnológico que atrajo capital en exceso respecto a lo que los retornos comerciales podían justificar”.
La institución financiera internacional advirtió que “estos episodios terminaron con una eventual reversión de la inversión, induciendo recesiones a escala económica“, y que la escala y el ritmo del boom actual de IA, acompañados de expectativas de grandes ganancias de productividad, guardan semejanza con estos precedentes.
El precedente más cercano —y más rápido— es el del metaverso. Antes del surgimiento de ChatGPT a finales de 2022, el metaverso se presentaba como la siguiente gran plataforma tecnológica con soluciones exhibidas en conferencias globales, compañías fundadas específicamente para atender su demanda y ecosistemas de dispositivos diseñados para introducir a los usuarios a mundos virtuales. La propia Meta cambió su nombre corporativo apostando por ese futuro.
La emoción por el metaverso duró apenas unos pocos años, cuando la presentación de la IA Generativa frenó en seco el interés de la industria por su desarrollo. La inversión comenzó a migrar en masa hacia la IA, dejando al metaverso como un pueblo fantasma con aplicaciones de nicho. Se estima que Reality Labs, la división de Meta encargada de los dispositivos, ha generado pérdidas por más de 80,000 millones de dólares.
La burbuja dot com, por su parte, ofrece una lección más matizada. Como cualquier fenómeno económico, fue multifactorial: aunque sí hubo un exceso de inversión y expectativas desproporcionadas, se debe reconocer que muchas de las ideas y proyectos presentados durante el boom de Internet estaban adelantados a su tiempo. En un momento en el que la banda ancha fija en los hogares apenas comenzaba a desplegarse, la conectividad a Internet móvil era limitada y la posesión de computadoras era mínima.
Empresas como Amazon o Google sobrevivieron porque lograron adaptar sus modelos de negocio para escalar cuando la infraestructura estuvo lista. Para muchos, la presentación del iPhone, acompañado de la App Store y la introducción de redes 3G, fueron los factores que finalmente impulsaron el crecimiento de Internet.
Ahora, la pregunta sobre la IA es si la infraestructura que se construye hoy encontrará la demanda comercial que la justifique, mientras se debate si existe un proceso de sobreinversión o no. Morningstar estima que el sector de IA en Estados Unidos ya generó alrededor de 100,000 millones de dólares en ingresos por servicios en 2025, suficientes para cubrir el costo de cómputo de inferencia.
Jensen Huang, CEO de Nvidia, ha citado repetidamente la disposición de los usuarios a pagar por aplicaciones de IA como evidencia de que existe un mercado real detrás de la inversión. Se estima que OpenAI sirve actualmente a más de 900 millones de usuarios, de los cuales 50 millones serían usuarios con un plan, además de más de 1 millón de suscriptores empresariales.
Crece más el gasto que los ingresos
Los principales participantes del mercado de IA esperan que esta tecnología pueda sortear o superar rápidamente el ciclo de inflación y estallido al que se han sometido tecnologías previas. Su rápida integración a procesos productivos, una rápida evolución de sus capacidades — ahora con agentes y promesas de automatización— y una mayor accesibilidad para los usuarios podrían acelerar la llegada masiva de beneficios económicos que permitan sostener la tendencia de crecimiento del sector
Los hiperescaladores y las empresas desarrolladoras de IA afirman que la demanda es fuerte y se incrementará conforme la tecnología se integre a nuevos procesos productivos y a la vida diaria de los usuarios. No obstante, en este momento la brecha entre la inversión y los ingresos generados por estos servicios sigue siendo un abismo difícil de ignorar.
OpenAI y Anthropic, dos de las compañías más prominentes del sector, registran ingresos anualizados de aproximadamente 25,000 millones y 19,000 millones de dólares, respectivamente. Con valoraciones de 825,000 millones de dólares y de 965,000 millones de dólares, respectivamente, estas empresas tendrán que plantear estrategias para acelerar sus ingresos de forma significativa que les permita llenar las expectativas de sus inversionistas.
SpaceX, sería uno de los más claros ejemplos de cómo la especulación contribuye a la formación de burbujas. En su momento de salida a bolsa, la compañía de Elon Musk logró una valuación de 1.8 billones de dólares, con apenas 18,670 millones de dólares en ingresos para todo el 2025. Esto significa que la empresa espacial es una de las más caras del mundo con un múltiplo de 92 veces su valoración sobre sus ingresos.
Ante tales números, es necesario cuestionar ¿qué pasaría si SpaceX no cumple las promesas presentadas en su documento enviado a la Bolsa de Valores, como es usual en Musk? ¿Y cuál es el tiempo límite que los inversionistas considerarán para exigir un retorno a su inversión, tomando en cuenta que algunos de los proyectos de la compañía requerirán décadas para su desarrollo? Si bien su valoración en bolsa ya se ha reducido un 20% desde su oferta pública inicial, este es apenas un pequeño ajuste y no necesariamente una tendencia.
Frente a estos números, surgen las dudas respecto a si los inversionistas están más motivados por un sentimiento FOMO (miedo a perderse de algo) que por un verdadero análisis técnico que apunte a determinar la mejor inversión, y si estas son efectivamente las empresas dedicadas a la IA.
Al respecto, el BIS advierte que “la decepción en los retornos podría disparar un retiro súbito del financiamiento y convertir el boom de inversión de capital en una prolongada caída de inversión con posibles efectos dominó sobre las condiciones financieras”.
El contraargumento sobre la existencia de una burbuja se encuentra entre los mayores hiperescaladores, quienes afirman que su capacidad de cómputo es incluso inferior a la demanda del mercado por la IA. Esta situación los ha llevado a acelerar el ritmo de crecimiento de sus inversiones.
Como fieles creyentes de la Ley de Say, la industria ejercerá un gasto acumulado de 5 billones (trillion) de dólares en infraestructura de IA entre ahora y 2030, según estimaciones de JPMorgan Chase.
Sólo en 2026, cuatro empresas —Amazon (200,000 millones), Microsoft (190,000 millones), Google (180,000 millones) y Meta (hasta 140,000 millones)— planean invertir 710,000 millones de dólares combinados. Incluso TSMC, como uno de los principales fabricantes de chips para IA, elevó su pronóstico de gasto de capital para 2026 a un rango de 60 a 64,000 millones, desde los 52 a 56,000 millones previstos anteriormente.
De acuerdo con datos de Bain & Company, el capital de riesgo global alcanzó aproximadamente 141,000 millones de dólares en el cuarto trimestre de 2025, un incremento de 12% respecto al trimestre anterior, mientras que la IA representó más de una cuarta parte del financiamiento total de venture capital en 2025, frente a sólo 7% en 2023.
Sin embargo, los mercados también comienzan a preocuparse sobre los métodos utilizados por el sector para financiar esta inversión. Las grandes tecnológicas están utilizando efectivo propio, capital de inversionistas, niveles récord de bonos corporativos, crédito privado, bonos de alto riesgo, y finanzas estructuradas.
Ludovic Subran, director de inversiones de Allianz, señaló que la decisión de SpaceX de emitir deuda por 25,000 millones de dólares poco después de recaudar 86,000 millones en su salida a bolsa es “una señal clara de que los mercados están entrando en territorio de burbuja”, según cita el Financial Times.
Otras acciones vinculadas a la IA cotizan en múltiplos absolutamente extraordinarios: Palantir, a 265 veces sus ganancias futuras; Snowflake, a 190; y CrowdStrike, a 135, según datos de Investopedia al cierre de julio de 2025. El S&P 500 en su conjunto opera a alrededor de 22 veces las ganancias estimadas —por debajo de las 25 veces del pico dot com, pero significativamente por encima del promedio de 17 veces de los últimos 30 años.
En este apartado, la burbuja dot com ofrece más lecciones. En medio del frenesí por no perderse la posible oportunidad que ofrecía el crecimiento del Internet, múltiples startups comenzaron a ser financiadas, pese a que varias de ellas no contaban con modelos de negocio reales o un flujo de ingresos comprobado.
Alrededor de la IA, han surgido miles de startups que encuentran pocos obstáculos para encontrar financiamiento, sin que eso signifique que hayan entregado planes de negocio sólidos y comprobados.
La financiación global de capital riesgo alcanzó los 56,000 millones de dólares en abril, según el más reciente informe de Crunchbase, lo que supone la tercera mayor inversión mensual del año tras un crecimiento del 100% interanual. Únicamente la financiación para IA alcanzó los 37,000 millones de dólares, lo que representa el 66% de la inversión global de capital de riesgo.
En particular, las empresas de modelos de IA captaron la mayor parte del capital, con 26,700 millones de dólares. La IA Física aplicada a la robótica, la industria aeroespacial, los drones y los vehículos autónomos representaron alrededor de 5,300 millones de dólares. Y la infraestructura de IA para semiconductores y Centros de Datos captó 1,800 millones de dólares.
Es difícil conocer con exactitud cuántas de estas empresas, que ofrecen modelos de negocio basados en IA, realmente podrán superar la prueba del mercado y encontrar una base de clientes lo suficientemente amplia para convertirse en negocios multimillonarios, y si en todo este ecosistema se oculta la siguiente Pets.com o Go.com que darán a los inversionistas un golpe de realidad.
Además, existe un problema estructural emergente. Los costos de inferencia —el acto de utilizar un modelo entrenado para procesar datos nuevos— están creciendo exponencialmente, haciendo la tecnología significativamente menos lucrativa de lo que era incluso hace medio año, según reportó The Atlantic. Es decir, a medida que los modelos se vuelven más grandes y capaces, también son más costosos de operar, lo contrario de lo que los inversionistas querrían ver.
Infraestructura para el futuro
No se debe cometer el error de pensar que la existencia de una burbuja significa que la IA es una “tecnología inútil”. A tan sólo poco más de tres años de la presentación de ChatGPT por OpenAI, apenas hemos comenzado a explorar todo su potencial. Su verdadero impacto requerirá algo más que poder de cómputo, e implicará cambios profundos en nuestro uso y relacionamiento con la tecnología.
Lo que resulta innegable es que, burbuja o no, la IA ya ha comenzado a integrarse en múltiples procesos donde demuestra eficiencia —el BIS estima ahorros de entre 20 y 50% en tiempo— y que la infraestructura construida durante este boom quedará disponible para otros usos, posiblemente reduciendo el costo de acceso al cómputo en la Nube y beneficiando la investigación científica.
La inversión en Centros de Datos, además, está creando una derrama económica en sectores estratégicos como generación de energía renovable y tratamiento de agua, con beneficios potencialmente permanentes.
Aunque no existe consenso sobre si estamos ante una burbuja en plena expansión o simplemente ante la fase temprana de una revolución tecnológica legítima, las señales de alerta se acumulan.
La historia muestra que incluso las tecnologías que transforman el mundo pasan por ciclos de sobreinversión antes de encontrar su equilibrio. Los inversionistas y las autoridades financieras harían bien en prestar atención: el riesgo no es que la IA fracase como tecnología, sino que el exceso de capital la convierta en una crisis financiera antes de que demuestre todo su potencial.
