Este artículo se publicó originalmente en Digital Trends | Riesgos digitales. Consulta la revista completa más abajo.
Aunque la adopción y el crecimiento de la Inteligencia Artificial (IA) vienen acompañados de múltiples promesas de beneficios para usuarios y hasta para el planeta en general, su rápido desarrollo implica también relevantes riesgos para el futuro de la economía y la estabilidad social, así como para los procesos de cooperación internacional.
Pequeños cambios pueden inclinar la balanza hacia cualquier lado, con escenarios positivos donde se logra un futuro idílico en el que la tecnología cumple plenamente sus promesas, hasta escenarios distópicos donde la desigualdad y la confrontación se convierten en la norma.
“El contexto económico mundial presenta una mayor incertidumbre en medio de un crecimiento débil y una geoeconomía compleja. El Fondo Monetario Internacional (FMI) proyecta que el crecimiento mundial se estabilice en torno al 3.2% anual durante los próximos cinco años, la perspectiva más débil en décadas”, señala el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés).
Ya desde el 2025, el informe de riesgos del WEF advertía que el mundo se acercaba cada vez más a catástrofes irreversibles provocadas por la creciente tensión entre las grandes potencias, la polarización de la sociedad y la presencia de mayor desigualdad. El optimismo entre expertos y futurólogos declina ante el riesgo de que una pequeña mala decisión o un cálculo erróneo lleve al mundo al borde del desastre.

De acuerdo con el estudio del 2025, la mayoría de los encuestados (52%) anticipa un panorama global inestable a corto plazo (próximos dos años), una proporción similar a la del año pasado. Otro 31% espera turbulencias y el 5% un panorama tormentoso.
Según explica el WEF, la suma de estas tres categorías de respuestas muestra un aumento combinado de cuatro puntos porcentuales con respecto al año pasado, lo que indica una perspectiva más pesimista para el mundo hasta 2027.
Más aún, el panorama se deteriora en el período de 10 años, con el 62% de los encuestados anticipando tiempos tormentosos o turbulentos. Los especialistas consultados por la organización multilateral temen que los mecanismos e instituciones actuales no puedan “gestionar y reparar la fragilidad generada por los riesgos que enfrentamos hoy”.
Entre los principales riesgos identificados en aquel informe, se encuentran un crecimiento de las tensiones geoeconómicas globales, nuevos conflictos armados entre naciones, un mayor interés de los países hacia tareas de seguridad nacional y menos en la cooperación multilateral, el riesgo de tecnologías como la IA en la desinformación, así como un crecimiento en la desigualdad y la tensión social.
En particular, el nuevo informe del WEF Cuatro futuros para la nueva economía apunta a dos impulsores clave de la transformación. Por un lado, tecnologías en rápida evolución como la IA, la robótica y los sistemas autónomos, que lo mismo están creando nuevas oportunidades de crecimiento pero también riesgos. Por otro lado, las redes globales se están deshilachando a medida que los responsables de la toma de decisiones lidian con prioridades nacionales y globales contrapuestas.
A partir de un análisis de los riesgos, el WEF divisa cuatro escenarios futuros:
- Orden digitalizado: la estabilización geopolítica y la rápida adopción de tecnologías han restablecido los niveles de crecimiento en todos los sectores y geografías, pero también han generado nuevos desafíos. A pesar de la recuperación de los flujos comerciales y de inversión, las tensiones internas siguen siendo agudas en muchos países a medida que aumentan las disrupciones del mercado laboral y los riesgos por el mal uso de la tecnología.
- Estabilidad cautelosa: la normalización geopolítica ha reducido las primas de riesgo y las fluctuaciones de precios, pero el crecimiento permanece estancado debido a que la tecnología no genera los impactos económicos esperados. La adopción de tecnologías de vanguardia se ha limitado a unos pocos sectores y líderes industriales en todo el mundo, pero no ha tenido un impacto significativo en los salarios y el empleo.
- Supervivencia basada en la tecnología: la adopción generalizada de tecnologías y la volatilidad geopolítica han creado un mundo donde las oportunidades tecnológicas son vastas, pero la confianza, la coordinación y la estabilidad escasean. Las empresas utilizan la digitalización para compensar los costos de las disrupciones geopolíticas, creando tanto nuevas oportunidades como riesgos significativos.
- Esferas geotecnológicas: a medida que la volatilidad geopolítica continúa aumentando, los países se han vuelto aislacionistas y limitan el comercio a sus aliados más cercanos, mientras que la disminución del entusiasmo tecnológico crea espacio para la desilusión. Los precios de los activos se desploman y las tasas de crecimiento se estancan o se tornan negativas. A nivel nacional, los mercados laborales se despolarizan a medida que las empresas buscan repatriar empleos y tecnología, pero enfrentan una importante escasez de talento.
El WEF aclara que esto no pretende establecer trayectorias predeterminadas o una predicción exacta del futuro, sino establecer un marco de referencia respecto a los riesgos presentes y los posibles resultados, para que los negocios puedan delinear su propia estrategia.
Entre algunas de las principales recomendaciones de la organización multilateral, se encuentran el fortalecimiento de las operaciones centrales del negocio; desarrollar inteligencia geopolítica para adaptarse mejor a las dificultades; invertir en tecnologías emergentes y en la mejora de las cadenas de suministro; fortalecer la toma de decisiones basadas en datos, y fortalecer la infraestructura crítica.
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