Reforma Jorge F. Negrete P.
El mundo diseña la más poderosa política de nuestra sociedad a pasos acelerados: la política digital. La competencia económica global se circunscribe al poder de la propiedad de la tecnología digital, un juego de posiciones y de dominios estratégicos.
China lanzó en 2015 su programa Made in China, que consiste en transformar el país de una “fábrica mundial de productos de bajo costo, a una potencia manufacturera de alta tecnología, enfocada en la innovación, calidad, eficiencia y el dominio de sectores estratégicos como la robótica, inteligencia artificial y vehículos eléctricos”.
Durante décadas, China condicionó la aprobación de licencias de operación o contratos gubernamentales a que la empresa extranjera compartiera know-how o estableciera centros de I+D (Investigación y Desarrollo) en suelo chino. Hoy, la ley de Inversión Extranjera (2020) prohíbe expresamente estas prácticas. China creció y ya adaptó la tecnología a su ADN industrial, económico y cultural.
Estados Unidos (EUA), bajo el mandato del presidente Trump en su segundo periodo, ha lanzado más de 7 normativas en materia de ciencia y tecnología, semiconductores e inteligencia artificial, que en su conjunto impulsan una inversión histórica en innovación, desarrollo tecnológico y política industrial, pero dentro del territorio norteamericano. Busca mantener el liderazgo de EUA -a toda costa- frente a China.
Europa detuvo los efectos de su AI Act y lanzó su nueva ley de Redes Digitales y un plan de política industrial Made in Europe. Busca recuperar sus capacidades de innovación, desarrollo y producción industrial, a partir de la tecnología digital. Quiere condicionar las inversiones en Europa a tratos simétricos en materia de competencia económica, transferencia de tecnología y a la contratación de mano de obra europea. Busca retomar la etapa formativa de la política industrial china de hace 30 años y proyectarla bajo la nueva realidad económica europea.
Las 3 regiones buscan el liderazgo digital bajo rutas distintas y semejantes acciones públicas.
Esta batalla tiene un epicentro: las redes de telecomunicaciones o, como la conocemos hoy, infraestructura digital. La soberanía digital no es un discurso político, son redes. Una robusta infraestructura digital habilita la innovación, el desarrollo tecnológico y crecimiento económico. Es el eje estratégico de la sociedad, una economía competitiva y justa. La infraestructura digital es esencial para la competitividad, la innovación, la soberanía digital y el desarrollo eficiente de la economía, habilitando derechos fundamentales y facilitando el acceso a la IA.
México llega tarde y, al mismo tiempo, con la mejor oportunidad para realizar un up grade de sus redes de telecomunicaciones y obsequiarle a México un acceso inmejorable al siguiente piso de la transformación digital en el mundo.
¿Por qué? Porque el mundo ya sabe que desregular facilita la inversión. EU, EUA y China lideran estas prácticas. La regulación ex ante en materia de competencia económica va de retirada en el mundo, la consolidación de operadores de telecomunicaciones es una verdad empírica y hay certeza global sobre la baja de los precios del espectro radioeléctrico.
La presidenta Sheinbaum precisa hacer realidad el Plan México y el Secretario de Economía debe garantizar inversiones extraordinarias en semiconductores, nearshoring y empresas de alta tecnología. Dentro del modelo educativo se necesita capacitar y educar millones de ciudadanos en IA y tecnología digital. Sin infraestructura digital, imposible. Precisamos de las mayores inversiones en la historia de la conectividad, y redes tan robustas como las de California y Texas.
Hoy comienza el Mobile 360 de GSMA, organizado por la asociación global de operadores de telecomunicaciones. Será el espacio oportuno para debatir el contexto global de la infraestructura digital, retos, oportunidades y amenazas.
Neocolonialismo digital o innovación ¿consumiremos el futuro digital de otros?
Presidente de DPL Group
X / @fernegretep