Reforma Jorge F. Negrete P.
La Ley de Aceleración Industrial (LAI) es el salvavidas de la productividad industrial digital y trending topic de la política económica europea. Es la gran apuesta europea para dejar de ser un mercado de consumo y ser una potencia industrial-digital. En el entorno geopolítico, debe ser el antídoto ante el veneno de la innovación y la hiperproductividad China y Estadounidense.
La LAI recupera la capacidad de respuesta de la Comisión Europea ante amenazas potencialmente devastadoras y hace suyas las recomendaciones de los recientes informes de Mario Draghi y Enrico Letta, que buscan transformar la forma como Europa produce tecnología y energía.
Nace por tres razones críticas:
Baja capacidad industrial digital: la manufactura en la UE bajó a niveles preocupantes (cerca de 14% del PIB). La falta de mano de obra calificada, altos salarios, altos costos de su régimen de bienestar, derechos laborales y los altos costos de producción han precipitado el declive en la productividad. El objetivo es subirla a 20% para 2035. Producir en Europa es caro.
Dependencia externa: Europa depende de diversos países asiáticos para la innovación y producción industrial digital, incluidos China y EE. UU.
Soberanía tecnológica: EU necesita que las tecnologías clave (chips, baterías, acero limpio, hidrógeno) se fabriquen en Europa. Que la infraestructura digital de conectividad y Centros de Datos sea más robusta y genere más inversión. Reducir drásticamente los tiempos de burocracia para montar una planta industrial y hacer que la industria sea verde (competitividad sostenible).
Sin una ley que acelere los procesos y reestructure las cadenas de suministro en Europa, las inversiones y establecimientos de fábricas se irán a otros territorios del mundo más competitivos.
La LAI recupera buena parte del modelo Made in China de hace 20 años y propone el concepto “Made in EU”. Compras públicas y subastas: los gobiernos europeos ahora darán prioridad a productos fabricados en la Unión o que tengan bajas emisiones, incluso si no son la opción más barata.
Zonas de aceleración industrial: áreas geográficas donde los permisos ambientales y de construcción están “pre-aprobados” para que una fábrica pueda empezar a operar en meses. Filtros a la inversión extranjera: si un inversor de fuera de la UE quiere invertir en sectores estratégicos, debe cumplir condiciones como contratar al menos 50% de empleados europeos y transferir tecnología. Finalmente, habrá una Ventanilla Única Digital y un punto de contacto para todos los trámites.
Principales críticos y sus argumentos. La primera reacción fue de China, que se transformó de facto en el crítico más feroz. El Ministerio de Comercio chino afirmó que la ley es “discriminación institucional” y “una barrera comercial encubierta”. Argumentan que viola las reglas de la OMC y amenaza con represalias comerciales.
Algunos analistas sostienen que condiciones como 50% de empleados locales y, agrego, el Estado de bienestar y derechos laborales en EU son demasiado costosos, rígidos y pueden hacer los productos más caros para el consumidor. Eso podría ahuyentar el capital en lugar de atraerlo.
Tierry Breton, ex comisionado digital de la UE, ha señalado que “con demasiada frecuencia, la historia de la soberanía digital europea se ha contado como una crónica de fracaso: una Europa condenada a perseguir a los gigantes estadounidenses y chinos, un mercado abierto, regulado pero impotente”. “Esta visión es errónea” y propone “aprovechar de forma inteligente los recursos que tenemos a nuestra disposición (infraestructura, datos, empresas, mercado, investigación, conocimientos técnicos) para influir en el poder digital, sin renunciar a la esencia del proyecto europeo: el Estado de derecho, las libertades y la estabilidad de las normas como caldo de cultivo para la innovación”.
Europa lo quiere todo. ¿Será posible? La era del proteccionismo ha comenzado.
Presidente de DPL Group
X / @fernegretep