Ciudad de México. La adopción de la Inteligencia Artificial (IA) Agéntica avanza con rapidez en Iberoamérica, pero lo hace sobre una base frágil: la falta de gobernanza.
De acuerdo con el Observatorio Agentic AI 2026 de NTT DATA y CIONET, las organizaciones están desplegando agentes de IA capaces de tomar decisiones y ejecutar procesos sin haber construido aún los mecanismos de control necesarios para supervisarlos.
El informe advierte que 80.8% de las empresas carece de mecanismos operativos para controlar la autonomía de sus agentes.
Esto implica que una gran parte de las organizaciones está delegando decisiones en sistemas inteligentes sin contar con herramientas básicas como límites de acción, trazabilidad o auditoría, explicaron Pablo Sáez, jefe de Datos y Análisis en NTT Data para Iberoamérica, e Ignacio Romero, jefe de Tecnología Digital en NTT Data México.
Adopción rápida pero sin control
La IA Agéntica —capaz de razonar, ejecutar tareas y coordinar acciones— se ha vuelto una herramienta activa dentro de las empresas. Sin embargo, su despliegue está superando la capacidad de las organizaciones para gobernarla.
El informe advierte que 36.2% de las compañías opera sin ningún mecanismo específico de control, lo que implica que los agentes actúan bajo supuestos no verificados.
Sólo 6.9% cuenta con un marco avanzado de gobernanza, con métricas, auditoría continua y reporte al Consejo.
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“Estamos construyendo una capacidad transformadora sin los controles institucionales mínimos”, alerta el estudio.
Este desbalance entre despliegue y control dibuja un escenario de riesgo emergente, especialmente en entornos donde los agentes ya participan en procesos que impactan a clientes, empleados y activos críticos.
Gobernanza: el talón de Aquiles de la IA
Además, la investigación identifica la gobernanza como el punto más débil en la madurez de la IA empresarial. Más que una carencia técnica, persiste una ausencia estructural de marcos de supervisión.
Entre las principales deficiencias detectadas, están la falta de kill switches o mecanismos para detener agentes; ausencia de límites formales en la toma de decisiones; escasa trazabilidad y auditoría de acciones; así como falta de documentación sobre el rol de los agentes en procesos.
Como resultado, los sistemas operan con grados crecientes de autonomía sin reglas claras. “La velocidad de despliegue de agentes supera con creces la velocidad de maduración de la gobernanza”, señala el informe.
Riesgos en ascenso: seguridad, regulación y ética
A medida que los agentes ganan autonomía, también crecen los riesgos asociados. Las empresas identifican tres principales focos de preocupación: seguridad (27%), regulación (23%) y ética y sesgos (18.2%).
Este último punto refleja un cambio relevante: los riesgos éticos y de explicabilidad comienzan a ocupar un lugar central en la agenda corporativa.
Sin embargo, existe una brecha significativa entre reconocer los riesgos y gestionarlos efectivamente. La mayoría de las organizaciones aún no ha traducido estas preocupaciones en sistemas formales de control, expuso Pablo Sáez en la presentación del informe.
Problema de liderazgo, no de tecnología
El déficit de gobernanza también revela la falta de involucramiento de la alta dirección. Actualmente, la supervisión sobre el uso de la IA Agéntica recae en el director de Información (CIO, por sus siglas en inglés) en 36.5% de los casos y el Consejo de Administración participa en apenas 2%.
Lo anterior podría indicar que la IA sigue siendo tratada como una cuestión técnica, cuando en realidad implica decisiones estratégicas sobre el riesgo, la operación y el modelo de negocio, coincidieron Pablo Sáez e Ignacio Romero.
“Estamos gestionando una transformación de modelo de negocio con un mandato tecnológico”, advierte el informe.
Otro de los hallazgos del estudio es la relación entre ambición y gobernanza. Las empresas están incrementando sus expectativas sobre el impacto de la IA, pero no están fortaleciendo sus estructuras de control al mismo ritmo.
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El informe advierte que “cada piloto sin controles aplicados no es innovación, es una posición de riesgo abierta”, incluyendo riesgos operativos, regulatorios y reputacionales, especialmente en sectores donde las decisiones automatizadas tienen implicaciones sensibles.
Por lo tanto, el reporte destaca que la transición hacia una IA escalable dependerá de la capacidad de las organizaciones para institucionalizar su uso. El reto para las empresas está en pasar de la supervisión básica a marcos formales de gobernanza, integrar la IA en los órganos de decisión y establecer responsabilidades claras sobre la autonomía de los agentes.
Las organizaciones que no resuelvan sus brechas de gobernanza en la etapa de exploración y consolidación en la que se encuentra esta tecnología corren el riesgo de quedar rezagadas en la siguiente fase de competencia.