
El decreto 12,295, de agosto de 2025, dio inicio formal a la transición en Brasil hacia la TV 3.0, a la que el presidente Lula da Silva definió como la televisión del futuro. El camino hacia una nueva generación de televisión abierta y gratuita será por demás compleja; deberá superar con éxito barreras de todo tipo. El camino, el proyecto, los retos y las expectativas de una aventura desafiante.
Decreto
La publicación del decreto que abre paso al nuevo sistema fue, en palabras del gobierno local, “el resultado de años de estudio, investigación, debates y discusiones liderados por el Ministerio de Comunicaciones, con la participación de distintas empresas del sector, académicos y especialistas” en el marco de una política que “recibió inversiones por 7.5 millones de reales (1.4 millones de dólares*)”.
Este largo proceso previo, que incluyó pruebas de campo, arrojó como resultado la elección de la tecnología de transmisión ATSC 3.0. Esta decisión respondió a la recomendación del Foro Brasileño del Sistema de Televisión Digital Terrestre, creado como asesor técnico de Brasil en la materia.
Los plazos de implementación propuestos no son concluyentes pero sucederá de forma gradual: desde las primeras transmisiones durante el Mundial de Fútbol 2026 (junio próximo) hasta la cobertura total prevista en “10 a 15 años”.
Beneficios
El estándar tecnológico de TV 3.0 se presenta como la evolución de la televisión digital tradicional hacia un formato más avanzado, interactivo y conectado, que combina la transmisión tradicional por aire con funciones inteligentes, alguna de ellas apalancadas en Internet.
Presenta las siguientes características:
- Mayor calidad audiovisual (hasta 8K y “sonido de cine”).
- Recepción fija, móvil y portátil.
- Integración entre contenidos e interacción con diferentes dispositivos.
- Interfaz basada en un catálogo de aplicaciones.
- Segmentación geográfica.
- Personalización de contenidos.
- Utilización optimizada de espectro.
- Nuevas formas de acceso a contenidos culturales, educativos, artísticos e informativos.
- Multiprogramación mejorada.
- Transmisión de datos como servicio de valor añadido.
Funcionará, al menos así fue planteado en los foros locales sobre el tema, bajo una propuesta de consumo registrado, en el que los usuarios podrán crear perfiles (como tradicionalmente se accede a las plataformas OTT). Este registro no será obligatorio pero permitirá una mayor customización del contenido. Lo mismo ocurre con el acceso a Internet: no será necesario contar con acceso pero la conectividad dará una experiencia digital más completa. ¿Y el control remoto? Seguirá siendo útil pero se reemplazará el tradicional cambio de canales numérico.
La propuesta local promete como beneficios asociados la posibilidad de generar nuevos ingresos para radiodifusores, a través de, por ejemplo, esquemas de e-commerce y publicidad direccionada; el potencial de una mayor inclusión digital para la población; y la “continuidad del protagonismo de Brasil en la materia”, un ítem discutible si se contempla que distintos avances digitales en la región muestran que llegar primero no se traduce necesariamente en mayores beneficios para los protagonistas.
Retos
Brasil es el séptimo país más poblado del mundo y la promesa local es que “ningún usuario quedará privado del acceso a la televisión abierta como consecuencia del cambio tecnológico”. Esto explica la flexibilidad de los plazos planteados. El decreto señala sobre este punto que “el Ministerio de Comunicaciones podrá establecer reglas y cronogramas de transición observando plazos necesarios para la implementación de nueva tecnología”.
Como si esto no fuera desafío suficiente, aquí otro: deberá ponerse a disposición de los consumidores receptores de TV 3.0. Los problemas de logística —no se expresó en estos términos— para la entrega de equipos a la población fue uno de los argumentos centrales esgrimidos por los gobiernos de América Latina, junto con costo asociado de programas afines, para aplazar una y otra vez los cronogramas propuestos de apagón analógico, el cual Brasil completó a fines de 2025.
Este tipo de transiciones también deben atender el componente social, lo que en otras palabras se traduce en la necesidad de poner en marcha campañas de concientización para que las personas comprendan el valor tecnológico y opten por adecuarse. El Mundial de Fútbol puede convertirse en un aliado de las autoridades para presentar las ventajas del nuevo sistema a los hogares brasileños.
Otros casos de implementación del estándar, como el de Estados Unidos, también dan cuenta de otras dificultades: costos de adecuación para canales y problemas por la baja penetración de televisores compatibles en hogares.
También podrían exponerse aspectos relacionados a la seguridad digital de los usuarios, el cual intenta ser saldado en el artículo 6 del decreto: “Las personas jurídicas a las que se les hayan otorgado licencias para operar servicios de radiodifusión sonora e imagen y sus servicios auxiliares, así como las contratadas que operen en el estándar TV 3.0 y los fabricantes de equipos receptores, deberán cumplir íntegramente con lo dispuesto en la Ley 13,709 (la Ley General de Protección de Datos Personales) con el fin de garantizar la privacidad, la protección de los datos personales de los usuarios y la provisión de información clara sobre la recopilación, procesamiento y uso de datos en las funcionalidades interactivas”.
Respecto de los desafíos relacionados con el espectro radioeléctrico, la Agencia Nacional de Telecomunicaciones (Anatel) avanzó recientemente en el tema, con la puesta a consulta pública de las bases para la nueva generación de televisión abierta. Allí se pone a consideración la propuesta de asignar la sub-banda 250 a 322 MHz a los servicios de radiodifusión sonora e imagen a fin de “proporcionar mayor previsibilidad regulatoria, eficiencia técnica y seguridad jurídica para la transición tecnológica, preservando la continuidad de los servicios y la atención a la población”.
Mirada regional
Como en otras transiciones, Brasil liderará el paso hacia la televisión 3.0 y dejará lecciones —qué hacer y qué no— al resto de América Latina, que sumará a los desafíos comunes (otra vez: costo, penetración, seguridad, etc.) algunos problemas propios de cada territorio, como aspectos relacionados a una baja penetración de Internet o déficit presupuestario para que cada mercado, o cada población, esté lista para el salto.
Argentina podría seguir más rapidamente que otros el camino, con algunas promesas en juego de pruebas con la norma ATSC en la primera mitad de 2026. Se sumarán más países pronto y bajo esquemas seguramente igual de flexibles de implementación considerando que la región ya observó de cerca lo complejo del tema con, como ya se indicó, cambios constantes en los cronogramas de apagón analógico producto de, además de las barreras mencionadas, aspectos coyunturales como la pandemia o el cambio de prioridades por alternancia de colores en los gobiernos.
Sin abrumarse por el contexto, Brasil se anima entonces a prender la TV y se iluminan en la pantalla beneficios y retos ante la atenta mirada de una región que hace tiempo comprendió que la customización del contenido (el público clama por contenido local y más cercano a sus intereses) y la facilidad de acceso (de calidad y asequible) es una variante clave en el camino hacia la plena inclusión digital.
*Conversión a dólares calculada con base en el tipo de cambio de R$ 5,23 por US$ 1.
