Por una prospectiva de vanguardia en telecomunicaciones

Si algo es de respetarse en la economía es la posición responsable en la cual no se puede predecir ni diseñar el futuro de los mercados ni el cambio tecnológico, como son las predicciones y el diseño en las ciencias exactas. Es por ello que en telecomunicaciones lo que las empresas globales decidían, y los reguladores pretendían al inicio de la segunda década del presente siglo, es diferente a lo que se observa al iniciar la tercera década.

En México se realizó una reforma en materia de telecomunicaciones con base en paradigmas regulatorios del primer lustro del presente siglo, y siguen atrapados en ello.

Empresas como Telefónica y otras europeas tuvieron que replantear su estrategia global, y otras en Estados Unidos tuvieron que asignar recursos a nuevas líneas de negocio hacia contenidos y producción de éstos. En ambos casos, al agotarse el margen extensivo en telecomunicaciones y optar por el margen intensivo, tuvieron que migrar recursos de la red hacia aquello para lo cual es utilizada la conectividad de las redes por los usuarios.

El Financial Times hizo una reseña digna de recoger sobre cómo José María Álvarez-Pallete, al regresar a Europa en 2012, después de una década en América Latina, y habiendo gastado en la región más de 100 mil millones de dólares, sólo logró que la región aportara cerca de 25 por ciento de los ingresos del corporativo.

El retorno de la atención al Viejo Continente, y sólo mantener sus operaciones tradicionales en Brasil, es el reconocimiento de que al final son los resultados financieros derivados del mercado, y las decisiones de los usuarios, lo relevante; y no lo que se pueda lograr con la protección regulatoria como la que ha disfrutado en México, o estar esperando todavía más un crecimiento en la región que no logra ser pronto y significativo.

Como Álvarez-Pallete le confesó al medio de referencia, “se le acabó el tiempo a la tradicional fórmula en telecomunicaciones, vender teléfonos inteligentes y contratos de servicios”.[1] Otros operadores como Vodafone, Telia y Telenor han decido cambios semejantes, contrayendo sus operaciones internacionales para reducir deuda y liberar capital para destinarlo a mercados desarrollados con potencial de seguir el cambio tecnológico, es decir, el despliegue de 5G y los servicios integrados hacia centros de datos y basados en Inteligencia Artificial.

En Europa, al finalizar 2019 había un total de 15 operadores ofreciendo servicios comerciales de 5G en nueve países de la Unión; en seis de estos países los primeros servicios basados en 5G son ofrecidos por dos o más operadores.[2]

Es en tal adopción tecnológica donde México no parece, más bien NO se encuentra en una posición favorable con apoyo de una política regulatoria estable y de largo plazo que sea favorable a la inversión sin distinciones ni exclusiones, aunado a una tasa de crecimiento actual y esperada que no será suficiente para poder ambicionar una pronta transición a un entorno 5G con el objetivo de tener una economía que haga uso eficiente de plataformas basadas en un caudal de datos para que sean transformados en valor económico.

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Fuente: Continuum Economics (6 de diciembre de 2019).

No se ha apreciado lo suficiente que las redes de telecomunicaciones han creado un valor agregado cuya parte sustantiva NO ha sido apropiada por los operadores de las redes. En cambio, ha sido apropiada por una diferente generación de empresas antes incipientes o no existentes, tales como Google, Apple y Facebook, que han sido el destino de las rentas creadas por el valor agregado producto de las redes desplegadas en el globo por diferentes operadores. Hay que repensar en dónde se ha capitalizado la renta económica derivada de la digitalización que ha creado la convergencia en telecomunicaciones.

Mientras el sector de telecomunicaciones en el último lustro ha acumulado pasivos, y ha registrado un retorno por debajo del mercado; las plataformas han acumulado un valor de capitalización nunca antes visto, superando las escalas que tuvieron en su época empresas en su tiempo consideradas dominantes como Standard Oil, General Electric o IBM.

En 2019, operadores como China Mobile fue uno de los grandes perdedores al disminuir su valor 18.5 por ciento, así como Telefónica que cayó 22.4 por ciento. En cambio, sectores como el de semiconductores y plataformas fueron los ganadores: AMD subió 146.6 por ciento y Apple terminó el año siendo el mejor del grupo de FAANG (Facebook, Amazon, Apple, Netflix y Google) con una ganancia en valor de 84.8 por ciento. Durante la década, los mejores en este grupo fueron Netflix con un incremento acumulado de 38.7 veces su valor al terminar 2009, y Amazon con un aumento de 13.1 veces.

Mientras en México algunos esperan la separación funcional de Telmex, a otros nos preocupa cómo los operadores tendrán que invertir para que el advenimiento de 5G y los servicios en la economía de las aplicaciones basadas en centros de datos e Inteligencia Artificial, así como en todas las nuevas aplicaciones que sean posibles en un nuevo ecosistema digital que no signifique una mayor brecha de productividad entre México y el resto del mundo desarrollado y, por lo tanto, en una mayor brecha de ingreso y de crecimiento.

Es tiempo de ocuparse en cómo las plataformas, ahora dominantes y aquellas futuras, puedan ser una interface efectiva en la convergencia de las tasas de crecimiento con nuestros principales socios comerciales, y no sólo observar su modalidad en la distribución de rentas económicas entre usuarios, concesionarios de redes y plataformas globales. Y que el regulador no parece tener tales temas en su agenda de pendientes.


[1] Financial Times, “Why Telefónica is slimming down in South America”, 28 de noviembre de 2019.

[2] European 5G Observatory, “5G is really ON in Europe”, 6 de enero de 2020.