Es una preocupación mundial, no es tan solo un problema de países en vía de desarrollo. El problema es de tal magnitud que, en un intento de acercarse al tema, el PhD Philipp Lorenz-Spreen, del Max Planck Institute for Human Development (Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano, MPIHD, por sus siglas en inglés) lideró con el apoyo de Lisa Oswald, Stephan Lewandowsky y Ralph Hertwig, una investigación que produjo el análisis de 496 papers acerca del tema “Una revisión sistemática de la evidencia causal y correlacional mundial sobre los medios digitales y la democracia” y al comienzo de las conclusiones dice: “Nuestros resultados son motivo de preocupación. Junto a los efectos positivos de los medios digitales para la democracia, hay pruebas claras de graves amenazas a la democracia. Teniendo en cuenta la importancia de estos efectos corrosivos y potencialmente difíciles de revertir para la democracia, se necesita urgentemente una mejor comprensión de los efectos divergentes de los medios digitales en diferentes contextos políticos (por ejemplo, autoritarios frente a democráticos)….En esta nueva esfera pública, todo el mundo puede ser un autor potencial que produce contenidos de forma espontánea, tanto las redes radicales de derecha como las valientes mujeres bielorrusas que defienden los derechos humanos y se oponen a un régimen represivo. No es necesario compartir la concepción de Habermas de la “democracia deliberada” para ver que las plataformas actuales no logran producir un ecosistema de información que empodere a los ciudadanos para tomar decisiones políticas que estén motivadas de la manera más racional posible. Nuestros resultados muestran cómo este ecosistema tiene consecuencias importantes para los comportamientos y actitudes políticas. Además, subrayan que descubrir qué aspectos de esta relación son perjudiciales para la democracia y cómo pueden contenerse al tiempo que se preserva y fomenta activamente el potencial emancipatorio de los medios digitales es, quizás, una de las tareas globales más importantes del presente”
¿Vamos hacia una Sociedad del Conocimiento?
En 2.007 afirmé en un paper titulado ¿Qué es la Sociedad del Conocimiento? Una visión desde Valledupar, Colombia “…Es, precisamente, esa capacidad de informarse, de incrementar de manera exponencial nuestra capacidad de adquirir información la que ha sufrido ese salto cualitativo y cuantitativo con herramientas como el computador y la Internet. ¡Ojo, que decimos estar más informados, lo cual no nos hace más capacitados; la diferencia estriba en lo que seamos capaces de hacer con esa infinita posibilidad de información que hay hoy en día. Afirma el Maestro Hernando Gómez Buendía que, en los últimos 25 años, con la aparición del PC y de la Internet, la humanidad ha adquirido el 60% de todos los conocimientos de los que se tenga referencia. Ese par de herramientas mencionadas son las que están permitiendo, reiteramos, la entrada en la Sociedad de la Información que nos debe dar paso a la Sociedad del Conocimiento…”
Hoy, estoy absolutamente convencido que estamos camino al cadalso informativo y que estamos muy lejos de llegar a una Sociedad del Conocimiento. Es innegable e incuestionable todos los beneficios que ha traído consigo la digitalización y la Era de Internet, pero, en el camino, algún poderoso se dio cuenta de los alcances de la web y decidió y, fue apoyado por muchos pares en el mundo, que era mejor una Babel que una Sociedad del Conocimiento y así, Internet fue convertido en la cloaca que es hoy en día. Como decía hace ya 17 años atrás: “…Todos los datos anteriores nos permiten inferir que en la medida que el hombre ha gozado de instrumentos que le han permitido compartir la información y el conocimiento, este se ha incrementado. El conocimiento se ha demorado en expandirse porque el mismo hombre lo ha escondido, entendiendo que quien tiene el conocimiento y la información tiene el poder. ¿Quién manejaba las señales de humo? No era cualquier nativo y tampoco era cualquiera el que adiestraba a las palomas mensajeras…Quién maneja la información y cómo se debe manejar fueron y han sido problemas permanentes de la discusión filosófica del devenir del hombre.”
Ni Zuckerberg ni Serguei Brin y Larry Page ni Jack Dorsey pensaron que Facebook, Google o Twitter terminarían convertidas en lo que son hoy y tampoco imaginaron que, aupado por la Era del Reality, ayudaran a elegir a un sátrapa como Donald Trump en la que erá la democracia más robusta del planeta pese a su cuestionable método para elegir presidentes. Como dicen los autores del paper que da origen a este artículo: “…A lo largo de la historia, la evolución de las tecnologías de la comunicación ha provocado preocupaciones y debates. Una fuente probable de preocupación es el dilema del doble uso, es decir, el hecho ineludible de que las tecnologías pueden utilizarse tanto para fines nobles como maliciosos. Por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial, la radio fue utilizada como herramienta de propaganda por la Alemania nazi, mientras que las radios aliadas, como la BBC, apoyaron la resistencia contra el régimen nazi, por ejemplo, proporcionando información táctica sobre las actividades militares aliadas…Los medios digitales parecen ser otra arma de doble filo. Por un lado, puede empoderar a los ciudadanos, como se ha demostrado en movimientos como la Primavera Árabe, Fridays for Future y #MeToo. Por otro lado, los medios digitales también pueden ser fundamentales para incitar comportamientos y tendencias destructivas como la polarización y el populismo, así como eventos fatales como el ataque al Capitolio de los Estados Unidos en enero de 2021…” Los algoritmos de estas grandes empresas de tecnología terminaron convertidas en un arma que les permite a ellas y a los estados, conocer nuestras más secretas intimidades y que les permiten manipular nuestras emociones, como dice la sinopsis del editor de “La Era del Capitalismo de la Vigilancia”, la enjundiosa obra de la destacada académica Shoshana Zuboff: “… Está en juego algo de la máxima importancia: toda una arquitectura global de modificación de la conducta amenaza con transfigurar la naturaleza humana misma en el siglo XXI de igual modo a como el capitalismo industrial desfiguró el mundo natural en el siglo XX. La amenaza que se cierne sobre nosotros no es ya la de un Estado «Gran Hermano» totalitario, sino la de una arquitectura digital omnipresente: un «Gran Otro» que opera en función de los intereses del capital de la vigilancia”
¿La culpa la tiene Internet? Obviamente, NO. Pero, la forma en que nació la web ha hecho que no tenga muchos controles y muy poca regulación. ¿Quién diría o pensaría que la misma red que sirve para educar, informar y que contribuyó a agilizar el desarrollo de la vacuna para el COVID19, es la misma por la que ofrecen niñas como objetos sexuales, drogas o armas?
Pero, si bien es cierto Internet no tiene la culpa del desmoronamiento de nuestra sociedad, tampoco es menos cierto-lo afirmo desde hace 17 años atrás-que la brecha digital ha dado paso a la brecha cognitiva, un tema recurrente en mis artículos y conferencias por lo que he insistido en que la UNESCO debe hacer una nueva valoración y graduación del concepto de analfabetismo digital, entendido como el individuo que no tiene habilidades y competencias para interactuar con un computador y en la web. ¿Una persona con un pregrado que no sabe sacarle el jugo a un smartphone de gran poder, qué es? Un analfabeto digital, ni más ni menos. Un Homero Simpson, un personajillo de clase media, con un título técnico, que nunca lee, con un buen sueldo y que cree en todas las mentiras que circulan en las redes sociales; por eso Estados Unidos está tan dividido y polarizado. La gran nación del norte está llena de analfabetos digitales, racistas y misóginos, blancos en su gran mayoría.
Nuestro país tiene aún una tasa de analfabetismo total que ronda el 7% y que va desde el 18% de La Guajira y Chocó hasta el 3% de Bogotá por lo que comienzan a crearse unas desigualdades sociales y económicas, allá en Estado Unidos y aquí y en muchos lares, exacerbadas por el analfabetismo digital.
Me voy a permitir transcribir apartes de mi columna Una sociedad ´facebukiada´: “…Hace muchos años dije que el gran mérito de Facebook es que nos ha permitido poder hurgar en la vida de los demás sin que nadie se percate. Es una gran ventana oculta que nos permite ver sin ser mirados. Esa es una actitud atávica en el ser humano. Más allá de pergaminos y títulos, de ser seres especiales, en lo intelectual o académico, cuando nos sentamos entre amigos, entre pares, nos gusta curiosear, chismosear, acerca de la vida de los demás y no hay nada de malo en ello. Zuckerberg lo descubrió y lo potenció en la ya famosa y ubicua red social. El problema no es el cotilleo en Facebook. El problema fue que comenzamos a permitirle a la red social más usada en el mundo –aún lo es– utilizar nuestros datos personales (estamos permitiéndoselo a muchas redes y aplicaciones) y ahí fue Troya. Descubrieron una mina de oro y diamantes para el marketing. Hoy, nos llegan mensaje personalizados en las redes sociales y nos maravillamos por eso, pero, cada vez más, estamos perdiendo privacidad e intimidad. De ahí a que los políticos descubrieran lo que podían hacer con eso solo hubo un paso, y aparecieron las famosas falsas noticias, el triunfo de Trump, del brexit, del ‘No’ a la paz en Colombia…El problema mayor no es ese, sino que hoy la gente no lee, traga entero y se informan en Facebook. Si eso sucede en sociedades más desarrolladas, con menores índices de analfabetismo total, funcional y digital, que podrá suceder en sociedades en donde todavía hay índices alarmantes de analfabetismo…Hace rato dije que la desigualdad social y económica que hay en el mundo se está trasladando al universo digital, y que hoy hay una nueva clase de desaptados o desarraigados, los marginados digitales. Estamos lejos del ideal de Manuel Castells y de tantos otros teóricos de los cambios sociales y culturales que ha permitido la aparición de Internet. Estamos muy lejos de crear una verdadera sociedad de la información, y mucho más lejos de acercarnos a una sociedad del conocimiento.”
¿Qué es desinformación, posverdad, falsas noticias?
Existe ya una ONG que se llama, precisamente, The Global Disinformation Index (GDI) o El Índice Global de Desinformación que ha publicado varios informes al respecto, desde hace varios años y ellos definen la desinformación como “Identificar la desinformación es un proceso complejo y lleno de matices que va más allá de la verificación de hechos. La desinformación, tal como utilizamos el término, no denota información sobre la cual partes razonables pueden estar en desacuerdo, como por ejemplo opiniones políticas diferentes. En cambio, utilizamos la palabra para referirnos a información deliberadamente engañosa, difundida a sabiendas, o a la omisión de ciertos hechos al servicio de una narrativa particular. GDI ve la desinformación a través de la lente del conflicto narrativo adversario. Las narrativas adversarias comparten características comunes: Tienen la intención de engañar; Tienen motivaciones financieras o geopolíticas; Apuntan a fomentar un conflicto social, político o económico a largo plazo; Crean un riesgo de daño a individuos, grupos o instituciones en riesgo.”
Posverdad la define la Real Academia de la Lengua Española como un término que viene del inglés post-truth y es una “Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”
Y falsas noticias es lo mismo que desinformación, pero podríamos agregar: “… Aunque no son en absoluto un fenómeno nuevo, la actual proliferación de las noticias falsas tiene dos motivaciones principales subyacentes en su producción: la financiera y la ideológica (Tandoc¸ Lim & Ling, 2018). La motivación financiera trata de obtener un beneficio económico rápido, está muy relacionada con las prácticas poco éticas de cierto tipo de marketing y se basa, en muchos casos, en mecanismos de “clickbait”. Por otro lado, la motivación ideológica o política resulta mucho más peligrosa porque, mediante la difusión de noticias falsas, se trata de inducir comportamientos en el público o la ciudadanía. Esto tiene consecuencias políticas y sociales de gran trascendencia como, por ejemplo, la elección de un determinado gobierno o la extensión de prácticas sanitarias peligrosas (como el movimiento antivacunas). (tomado del paper “El fenómeno de la Desinformación. Análisis crítico y propuestas de actuación desde el ámbito académico” de Pedro Razquin Zazpe de la Facultad de Ciencias de la Documentación de la Universidad Complutense de Madrid).
¿Y todo esto, cómo afecta a la democracia?
Dicen Lorenz-Spreen y sus compañeros: “…Claramente, los medios digitales pueden fomentar la liberación, la democratización y la participación, pero también pueden desempeñar un papel importante en la erosión de la democracia. El papel de los medios digitales se complica aún más porque, a diferencia de otras tecnologías de la comunicación, permiten a las personas producir y difundir fácilmente contenidos por sí mismas, y ofrecen una interacción en gran medida sin fricciones entre los usuarios. Estas propiedades no solo han puesto en el punto de mira el comportamiento político autoorganizado de los ciudadanos, pero también han trasladado el poder a las grandes plataformas de medios digitales. A diferencia de las emisoras, las plataformas de medios digitales no suelen crear contenido; en cambio, su poder radica en proporcionar y gobernar una infraestructura digital. Aunque esa infraestructura podría servir como una esfera pública en línea, son las plataformas las que ejercen mucho control sobre la dinámica del flujo de información.”
La pregunta que intentaron resolver para la investigación fue ¿Si, en qué medida y en qué contextos, los medios digitales tienen efectos perjudiciales para la democracia? y las conclusiones no son muy alentadoras.”…No es necesario compartir la concepción de Habermas de la “democracia deliberada” para ver que las plataformas actuales no logran producir un ecosistema de información que empodere a los ciudadanos para tomar decisiones políticas que estén motivadas de la manera más racional posible. Nuestros resultados muestran cómo este ecosistema tiene consecuencias importantes para los comportamientos y actitudes políticas. Además, subrayan que descubrir qué aspectos de esta relación son perjudiciales para la democracia y cómo pueden contenerse al tiempo que se preserva y fomenta activamente el potencial emancipatorio de los medios digitales es, quizás, una de las tareas globales más importantes del presente…”
El desastre de la llegada de Trump a la presidencia de la democracia más sólida de Occidente
Donald Trump es quizás la primera piedra del muro de la infamia que se ha construido a partir de la desinformación y posverdad erosionando la democracia más sólida de Occidente. Hoy en día, está claro que se hizo millonario con triquiñuelas tributarias y falseando su patrimonio para acceder a prestamos y crecer su imperio inmobiliario. Se hizo famoso en el reality El Aprendiz y de allí empezaron a aparecer los cantos de sirena de algunos republicanos que veían que su partido perdía el cariño de sus seguidores. En el afán de conseguir alguien que atrajera más proselitistas a la causa del partido del elefante, no les importó que se los tragara vivos, como está pasando ahora que no saben ni cómo zafarse de él ni tienen a quién escoger para reemplazarlo; Trump los amarro a su destino. Hay muchos republicanos que han preferido dar el salto de ese barco de guerra que pareciera querer llevarse por delante los cimientos de la democracia de Estado Unidos que con todas sus imperfecciones erá muy sólida.
Para quienes no lo recuerdan, todo comenzó con el escándalo de Cambridge Analytics usando información de usuarios de Facebook para manipular la información y orientarlos hacia Trump. Fueron más de 50 millones de cuentas manipuladas, convirtiéndose en la peor tragedia de Facebook por permitir que un tercero incidiera en la red de esa manera. Cuando suspendieron la cuenta de Cambridge Analytics y suspendieron la de Trump, ya el daño estaba hecho. Trump ganó las elecciones de 2.016 gracias a esa trampa digital que le tendieron a 50 millones de usuarios de Facebook de baja escolaridad. Descubrieron que el algoritmo no solo servía para orientar a los usuarios a comprar este o aquel producto, sino que, también, los podían conducir, como borregos, hacia donde ellos quisieran, ideológicamente hablando. Se abrió una caja de Pandora que no han podido cerrar. Ante la presión que ha sufrido Facebook, Instagram y Twitter para moderar sus contenidos han aparecido varias redes sociales prorrepublicanas, extremistas, como la del mismo Trump que se llama Truth Social pero lo acompañan en esa actitud belicosa y desinformadora Parler, Gab, Gettr y Rumble y la plataforma de mensajería Telegram.
Todo esto en pasó y pasa en la nación más poderosa del mundo que ha perdido credibilidad y respeto y la pregunta es ¿cómo llegaron a eso? Y la respuesta es sencilla. Bajos niveles de escolaridad, bajos niveles de lectura y la aparición de los Marginados Digitales. Según las más recientes estadísticas el 21% de los adultos en Estados Unidos son analfabetos y el 54% de los adultos tienen un nivel de alfabetización inferior al nivel de sexto grado o sea son analfabetos funcionales. Y, el 21% de los estadounidenses mayores de 18 años son analfabetos. No leen y se informan solo en medios digitales y son fácilmente manipulables.
Los Marginados Digitales
En conclusión, cada vez dominamos menos la esfera digital y, sin embargo, nos creemos productores de contenidos y lo que hace, la inmensa mayoría de la población mundial, es alimentar los datos, con los likes, me gusta y RT, de los algoritmos que identifican y perfilan nuestros gustos y comportamientos y les permite a las más poderosas plataformas digitales moldear nuestra forma de ser y de pensar. Nos hemos convertido, la gran mayoría, en Marginados Digitales.
Hace rato vengo proponiendo que la UNESCO modifique su clasificación de analfabetismo digital que hoy solo se refiere a quienes no saben utilizar un dispositivo electrónico y no son capaces de conectarse a Internet. Así como hay analfabetos funcionales, también hay analfabetos digitales funcionales a quienes describiría como aquellos que tienen un mínimo conocimiento para conectarse a la red, pero no saben sacarles el máximo provecho a sus dispositivos electrónicos. Son personas que se conectan a través de sus teléfonos inteligentes, pero a duras penas saben “wasapear”, “facebukiar”, “instagramear” o “tiktokiar”. No son capaces de editar un texto, de hacer compras on line o de utilizar la banca digital. Tampoco saben guardar archivos en la nube o compartir fotos por bluetooth o por AirDrop. Son los nuevos Marginados Digitales, personas que no son capaces de discernir en el cúmulo de falsas noticias que difunden las redes sociales que utilizan. Y los hay de baja escolaridad y hasta profesionales.
La llegada de la IA
No me voy a extender en este último pedazo. Solo voy a decir que la IA permite con muchísima facilidad todo lo dicho: desinformación y manipulación. Averigüen qué es un Deep Fake y lo entenderán. Recuerden el Deep Fake de Barack Obama: https://www.bbc.com/mundo/media-40632577 y eso fue en 2.017, mucho antes de ChatGPT.
Necesitamos mucha más Alfabetización Mediática e Informacional (AMI). No hay otra.
(*) Analista e Investigador de Tendencias Digitales. Columnista de Portafolio y colaborador de El Tiempo, Razón Pública y de DPL News
(**) Este es la versión completa de un artículo publicado originalmente en El Tiempo en forma reducida