sábado, enero 28, 2023
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¿Cuál Sociedad del Conocimiento?

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Desde que Nico Sther y Peter Drucker introdujeron los términos Sociedad del Conocimiento y Economía del Conocimiento, ha corrido mucha agua debajo del puente y el enorme trabajo del insigne profesor Manuel Castells, donde nos habló de una Era de la Información y una Era del Conocimiento, nos permitió entender que debe surtirse primer una y luego la otra, pero ninguno de esos grandes pensadores vio venir el “Apocalipsis Cognitivo” que generaría la aparición de las redes sociales.

La humanidad está corriendo en lo que han llamado la Cuarta Revolución Industrial (4RI), que con la aparición de la informática y de la Internet más la impresionante revolución de la telefonía móvil ha conseguido crear la aldea global de la que hablaba McLuhan. 

Las posibilidades de la nanotecnología, el blockchain y la Inteligencia Artificial junto con los adelantos en robótica nos hacen soñar con un mundo mejor y transparente para todos, pero aquí llega la pregunta: 

¿Para todos?

Ya no se habla sólo de la brecha digital definida como la dificultad en el acceso a Internet y las Tecnologías de la Información y del Conocimiento (TIC) sino, también, de la brecha cognitiva que es la dificultad de procesar los inmensos volúmenes de información que circulan por la Internet y que, precisamente, han permitido que intereses oscuros dejen y aúpen la circulación no solo de las llamadas falsas noticias (fake news, FN) sino que también han sido laxos a la hora de controlar contenidos perniciosos y peligrosos como la pornografía, que ya es un problema de salud pública, y la venta de armas y estupefacientes.

Es lamentable encontrarse con personas con un buen nivel de formación académica que todavía dudan de las bondades de la vacuna para la Covid-19 porque han leído información tendenciosa acerca de la tecnología del ARNm utilizada. 

Compartimos un par de enlaces para los lectores inquietos y curiosos acerca de dicha tecnología. Uno es del Instituto Nacional de Investigación del Genoma Humano (https://bit.ly/3qyTiE2) y el otro del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (https://bit.ly/3DjehCq). 

Lo preocupante es que nos dejemos llevar por la basura que circula en Internet. Al respecto, el autor de la obra mencionada arriba cuyo título completo es “Apocalipsis cognitivo: cómo nos manipulan el cerebro en la era digital”, Gérald Bronner, dice que en el proceso evolutivo modelamos un cerebro que concentra su foco atencional en las cosas que nos alertan o que nos producen placer, pero que muchas veces no sabemos diferenciar, en esta era digital, qué es realmente peligro y qué es placer o perjuicio. 

Y es aquí donde coincidimos con el profesor Bronner porque este autor ha afirmado desde hace más de diez años que estamos creando una sociedad de marginados digitales, de eunucos mentales, que no saben digerir y aprovechar las cosas buenas que hay en la red y antes, por lo contrario, se indigestan con la basura que encuentran a primera vista, volviendo una realidad la paráfrasis construida con una frase de Karl Marx: las redes sociales son el opio del pueblo. 

Muchas veces somos presas fáciles de la adicción a las redes sociales. El autor hace un mea culpa y se confiesa como uno más que sucumbe con facilidad a ellas, pero considera, con certeza, que aún no es un adicto. Las utiliza para trabajar y compartir contenido relevante. 

Pero en un país con tan alto consumo de horas en Internet, en especial en redes sociales, como lo mostró un estudio de Hootsuite y We Are Social reseñado en Portafolio y mostrando que los colombianos destinamos no menos de nueve horas y media al día al consumo de redes sociales, lo cual nos señala de manera inequívoca que estamos procreando una sociedad de eunucos mentales.

No estamos en una Sociedad del Conocimiento y difícilmente vamos a llegar allá mientras la humanidad no supere la adicción a las redes sociales y ellas mismas no entren en una etapa de depuración y control de sus contenidos, lo cual es muy difícil porque las grandes empresas dedicadas a manejar y manipular nuestros datos se han vuelto aliadas de las élites económicas y políticas y han creado engendros como Donald Trump, que no solo ganó las elecciones y fue presidente de la democracia más sólida del mundo, hasta ese momento, sino que la puso a tambalear y Estados Unidos es un país dividido y lleno de intolerantes que provocan una masacre cada rato.

Los partidos políticos, los bancos y las entidades financieras, los organismos de seguridad, el ejército, la policía, las agencias de investigación criminal se alimentan de la data que circula en Internet para hacer perfiles de ciudadanos para sus propios intereses. 

¿A ellos les interesa una Internet más controlada? Cuando se lee la enjundiosa obra “El capitalismo de la vigilancia” de Zhoshana Zuboff y la muy esclarecedora obra “Armas de destrucción matemática: cómo el Big Data aumenta la desigualdad y amenaza la democracia”, de la profesora Cathy O’Neil, no podemos menos que afirmar que lo dudamos.

Quizás por eso surgieron preocupaciones cuando el presidente Petro dijo en Andicom, el célebre congreso de Cintel en Colombia, que la red no era neutral. 

Si ahora tenemos los problemas que tenemos, imagínense una Internet controlada por el Estado, verbigracia Rusia, China y Corea del Norte. 

Primero superemos el analfabetismo total, funcional y digital

El autor escuchó de viva voz al presidente colombiano y considera que estaba hablando de las desigualdades producidas por la brecha digital que es su mayor preocupación. 

Pero donde sí se equivoca el presidente elegido por los colombianos es en hablar que debemos convertir a Colombia en una Sociedad del Conocimiento y haber vuelto eso una especie de mantra de su equipo de gobierno y ahora todos dicen que estamos construyendo una Sociedad del Conocimiento.

No puede haber en el corto plazo una Sociedad del Conocimiento en un país que aún mantiene altas tasas de analfabetismo. 

El promedio nacional ronda 6 por ciento, en La Guajira y Chocó hay un porcentaje espeluznante de 14 por ciento. En el Cesar, el departamento de residencia del autor, hay un porcentaje de 9 por ciento de analfabetismo que como en Colombia y en todos los departamentos, es mayor cuando se discrimina por municipios. 

En el Cesar, como en todo el país, la baja tasa de analfabetismo de la capital contribuye a no evidenciar la triste realidad de muchos municipios que superan 10 por ciento de analfabetismo.

El analfabetismo total es la incapacidad de una persona de leer y escribir. El analfabetismo funcional es aquella persona que tiene escasos conocimientos en lectura, escritura y matemáticas, por lo que su nivel de comprensión de lectura y de realizar operaciones es bajo. 

Y el analfabetismo digital es la incapacidad para manejar y adaptarse a las nuevas tecnologías, desconocer en general el funcionamiento de un celular, un computador, una cámara digital, la Internet o cualquier otra herramienta informática. 

¿Cuántos analfabetos funcionales o digitales conoce usted? Hágase esa pregunta y verá cuán mal estamos. En diferentes publicaciones del autor está el ejemplo de un profesor universitario de alto nivel (¡?) que reconoce que utiliza un smartphone solo para llamar, “facebukiar” o “wasapear”. 

Es un analfabeto digital, PUNTO FINAL. Por eso la interrogante y la admiración. Hoy un profesional que no hable inglés y no sea digitalmente competente, es medio profesional.

Y no puede haber una Sociedad del Conocimiento cuando nuestros niños, jóvenes y adultos prefieren informarse en las redes sociales en vez de sitios de medios de comunicación reconocidos y no, necesariamente, los portales de los grandes medios de comunicación. 

Hoy hay muchos medios digitales alternativos, muy serios y responsables, como DPL News, por ejemplo.

Este gobierno debe implementar la Alfabetización Mediática e Informacional (AMI) a la mayor brevedad como lo afirmamos desde enero en las páginas de El Tiempo

En esencia, es un currículo para docentes, estudiantes y padres de familia que los prepara para aprender a digerir la información que circula en la web y para poder convertirse en productores de contenidos propios, estimulando así un círculo virtuoso que permitiría que nuestros pueblos comiencen a consumir más contenidos propios y menos basura. 

He allí una primera y gran tarea para el Ministerio de Educación y el de las TIC en Colombia. El ministro de Educación de Colombia, Alejandro Gaviria, sabe de estas preocupaciones y esperamos que propicie una conversación nacional que convierta la implementación de la AMI en una prioridad en todos los entes territoriales del país que convirtió la mariposa amarilla, gracias a Gabo, en un símbolo de la creatividad.

La implementación de la AMI debe ir de la mano de un programa que permita que Colombia tenga más ciudadanos con certificaciones profesionales en software y hardware. Un nuevo Proyecto Inteligente

No puede darse un verdadero salto cuantitativo y cualitativo hacia una 4RI y prepararse para la Sociedad del Conocimiento sin una masa crítica de colombianos aptos para crear y producir software, no sólo aplicaciones y videojuegos. Por eso propusimos #MisionInteligente, que debe ir acompañada por la implementación de una cátedra de programación básica en la primaria y la secundaria.

Misión Fibra Óptica

No puede haber una Sociedad del Conocimiento en una sociedad donde hay una enorme desigualdad en el acceso a Internet de calidad. La pandemia de la Covid-19 lo mostró. 

Los serios y enjundiosos análisis del Laboratorio de Economía de la Educación (LEE) de la Universidad Javeriana mostraron cómo en los estratos más bajos y en las regiones más apartadas de Colombia, los niños y los jóvenes no sólo sufrieron para poder conectarse, sino que muchos desertaron con la anuencia de sus padres. 

El daño y el atraso a esta última generación aún no termina de medirse y es por ello que no podemos hablar de una Sociedad del Conocimiento donde no está garantizada una conexión a banda ancha de alta velocidad. 

Por eso, Estados Unidos está invirtiendo en llevarle fibra óptica hasta al más pequeño y remoto pueblo de la unión americana, y por eso España y Corea del Sur ya lo hicieron y otros países están a punto de lograrlo. 

Aquí, en Colombia, nos han creado el imaginario de que todo lo podemos resolver con la carretera de herradura que es el Internet móvil, cuando ni siquiera hemos sido capaces de repartir y adjudicar con transparencia y honestidad el espectro que, además, es el más caro de la región. 

Es tristemente famoso el meme de la niña subida a un árbol, buscando señal para hacer una tarea en un celular. Y es terriblemente decepcionante que apenas sale uno, por carretera, de una ciudad, ya se pierde la señal. 

No tenemos buena conectividad, PUNTO FINAL. No estamos en la última fila de los países, pero tenemos mucho por hacer y, en especial, en banda ancha fija. 

No podemos tener 5G que garantiza convertir la estrecha avenida del Internet móvil actual en una autopista de cuatro carriles si no tenemos fibra óptica desplegada para conectar a todos. Así de sencillo.

Por eso, desde aquí recomendamos #MisionFibraOptica. Lo apoyamos, presidente Petro. Y ya lo habíamos dicho antes de que usted llegara al solio presidencial.

El recién presentado proyecto de ley que pretende convertir la Internet en un Servicio Público Domiciliario es un excelente paso en la dirección correcta. La ley 1341 acabó con la telefonía como servicio público domiciliario. Si se hubiera ajustado para que el acceso a Internet también lo fuera, hoy la conectividad estaría mucho mejor. Es como si se declarara un servicio fundamental, como lo tiene México. Entraría a ser como el agua y la energía. Este fue uno de los errores de la ley 1341 al quitarle el concepto de domiciliaria a la telefonía y a los servicios que por allí se pueden prestar como el Internet. 

Nicola Stornelli García
Nicola Stornelli García
Nicola Stornelli García es analista de tendencias digitales
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