La carrera para aprovechar el boom del litio ha comenzado y México podría ir un poco tarde. El segundo paso en firme –después de la reforma a la Ley Minera– se dio la semana pasada con la publicación del decreto para la conformación de LitioMx , el organismo descentralizado que liderará el mercado mexicano.
La fiebre por el litio se ha desprendido de su importancia para la producción de baterías para autos eléctricos. No es su único uso, pero sí el que crece a pasos agigantados. Los autos con motor a gasolina están lejos de desaparecer, pero algunos de los grandes mercados ya le han puesto fecha de caducidad a su venta: California –el estado que más eléctricos consume en Estados Unidos– y la Unión Europea han fijado como límite el 2035. Con ello, el tiempo para extraer el mineral también ha comenzado a correr.
La ambición mexicana es grande: el nuevo organismo descentralizado, según el plan estatal, deberá hacerse cargo de toda la cadena de valor del mineral, desde el estudio de las reservas, la exploración, extracción y hasta la cadena de producción del carbonato de litio. No hay en el mundo ningún otro país o ejemplo de empresa estatal que haya logrado con éxito este cometido. El caso más cercano es Bolivia, pero el país sudamericano –que ha aumentado su cercanía diplomática con el gobierno mexicano– comenzó el camino hace más de una década, ha invertido más de 1,000 millones de dólares y, pese a tener las mayores reservas del mundo, su producción aún no figura dentro del mercado. Hace unos meses decidió recurrir a licitaciones privadas para aprovechar el mineral.
El presidente Andrés Manuel López Obrador, el principal impulsor de la conformación de la estatal LitioMx, ha prometido que con su estrategia los beneficios económicos de la venta del mineral se quedarán en el Estado mexicano, que el litio solo será extraído a favor del pueblo y con ello se evitarán los conflictos sociales y ambientales que históricamente ha provocado la industria minera en Latinoamérica. Pero el camino no es tan sencillo, dicen los analistas. En el discurso, el país le ha cerrado la puerta a la inversión privada, pero en el decreto publicado hace unos días deja la posibilidad entreabierta.
“(LitioMx se encargará de) administrar y controlar las actividades necesarias para la producción, transformación y distribución de productos derivados del litio, para lo cual podrá asociarse con otras instituciones públicas y privadas”, dice el documento.
Esto no necesariamente ha entusiasmado al sector privado. El dogmatismo que ha prevalecido en las discusiones frente al mineral podrían alejar el interés de las grandes compañías. Y así, México podría quedarse a la mitad de la carrera: con litio en el subsuelo y sin los grandes beneficios económicos que han sido comparados desde el discurso político con la bonanza petrolera de hace unas décadas.
“El litio representa la sal de una ensalada. La batería del litio es la ensalada y el litio es la sal, es necesario, pero no fundamental. Si tienes una producción de sal de muy buena calidad y en grandes cantidades, no veo por qué razón estar pensando en hacer una cadena de restaurantes de ensaladas: el negocio es totalmente distinto. Aquí es lo mismo, que tengas el litio no quiere decir que pueda producir buenas baterías o que debas producirlas”, explica Jaime Alee, un consultor de la industria radicado en Chile.
El país sudamericano –el segundo país con más reservas en el mundo- dio sus primeros pasos en la extracción del litio hace más de dos décadas, pero optó por una fórmula distinta: las compañías privadas tienen las concesiones de las reservas de litio, lo extraen y exportan. Alrededor del 50% de las ganancias son para el Estado chileno, dice Alee. La industria del litio ya deja más ingresos al gobierno sudamericano que Codelco, una compañía estatal y el principal productor de cobre del mundo.
El reto de gestionar toda la cadena de valor del litio
Los analistas ven dos grandes retos para que el nuevo organismo estatal mexicano cumpla su propósito: el capital que se deberá apostar en la industria del litio puede calificarse como de riesgo –pues tiene una gran posibilidad de no proveer ganancias o, en un buen escenario, que éstas sean muchas- y el tiempo en que se desarrolle la industria mexicana podría tomar décadas. “Todo este dinero de inversión inicial es como todo negocio de minería capital de riesgo”, dice Martin Moscosa, un especialista de la industria minera. México apenas está dando los primeros pasos para tener estudios precisos para conocer cuántas reservas de litio hay en el país y el yacimiento en Bacadehuachi –concesionado a Gangfeng Lithium- aún no está en una fase productiva.
“Estamos hablando que un proyecto toma de siete a 10 años hasta que se pueda extraer el litio y refinarlo. Entonces la pregunta es: cuánto costará el litio en los próximos diez años cuando puedan extraerlo”, explica Alee vía telefónica. México tiene yacimientos en arcilla, una especie de arena en la que el litio está mezclado con otros minerales, lo que hace necesario un proceso químico para su extracción. Y esta tecnología apenas está en desarrollo y se desconoce si la extracción del litio en este tipo de yacimientos es económicamente viable.