sábado, mayo 21, 2022
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México | La crisis de los chips y por qué nos importa

Excélsior Abel Mejía

Por todos lados escuchamos que la industria automotriz está siendo severamente afectada por la crisis de chips de semiconductores, pero parece que no hay una explicación clara de por qué se dan estas dos situaciones y la correlación entre ellas. Esto es entendible si consideramos que, al día de hoy, los automóviles son, básicamente, computadoras sobre ruedas, donde los chips juegan funciones esenciales, desde administración de los motores hasta la operación de los sistemas de entretenimiento de los vehículos.

Para tener una perspectiva de la importancia del tema, vale la pena mencionar algunos datos interesantes. A nivel mundial, la industria de los semiconductores está valuada en alrededor de 500 billones de dólares. Las compañías más importantes del sector son la americana Intel Corp, la coreana Samsung y la taiwanesa TSMC. Desde la perspectiva de países productores de chips, EU actualmente sólo produce 12% del total global (consideren que en 1990 producía 37%), siendo que, actualmente, 75% de la producción proviene de Asia, donde todo pinta a que China se convertirá en el mayor productor mundial para 2030.

¿Y México? El valor de la industria automotriz en México es de más de 100 billones de dólares, haciéndonos el cuarto exportador más grande de vehículos y autopartes en el mundo, y causando que el valor de esta industria represente un impresionante 20% del PIB manufacturero del país. Pero, ¿adivinen qué? Aquí no producimos ni un solo chip de los que tanto depende dicha industria, por lo que somos totalmente dependientes de importaciones y de jugadores extranjeros. De ahí la gran problemática para la industria nacional y por qué es tan relevante entender el tema y buscar soluciones a largo plazo.

Ahora bien, ¿por qué se está dando esta crisis de chips? Parece que hay varias razones. Uno, cuando la pandemia por covid-19 causó una disminución muy importante en la producción de autos, la industria automotriz global redujo drásticamente sus pedidos de chips a los fabricantes de los mismos, los cuales, a su vez, limitaron su producción. Esto, per se, causó una disrupción en el mercado, cuando, después, se retomaron niveles mayores de producción y se aumentó la demanda de chips, pero tenía que haber un periodo de reajuste para los productores.

Dos, aunque los productores de chips limitaron su producción por las cancelaciones de la industria automotriz, al mismo tiempo buscaron otros clientes. Así, en una de las disrupciones más importantes generadas por la pandemia encontraron un cliente más grande, más fuerte y que se vio inmensamente robustecido por las restricciones a la movilidad derivadas de covid-19: la industria de la tecnología, particularmente los productores de computadoras, monitores, teléfonos inteligentes, consolas de juego, etcétera. En este escenario, aunque la industria automotriz compra 39.5 billones de dólares en chips, este monto palidece frente a los 160 billones que compra la industria de la computación o los 126 que compra la industria de telecomunicaciones. Como resultado, la otrora todopoderosa industria automotriz (que estaba acostumbrada a dictar los términos de negociación con sus proveedores) se vio relegada a un lejano segundo lugar en su relación y jerarquía frente a los fabricantes de chips, quienes ahora les dan preferencia a sus clientes de la industria de tecnología antes citada.

Tres, la guerra comercial y política entre China y EU ha causado disrupciones importantes en la producción de los chips, así como en los procesos de exportación e importación y en las autorizaciones de uso de los mismos en ciertos equipos. Las restricciones que ha establecido EU, particularmente la legislación denominada Foreign Direct Product Rule, han sido especialmente dañinas. En términos generales, esta legislación prohíbe el uso de componentes tecnológicos americanos por ciertas compañías extranjeras, incluyendo, por ejemplo, Huawei, que requiere dicha tecnología para la producción de chips. Así se ha causado una brecha entre los ecosistemas tecnológicos de dichos países, incluyendo en el tema de fabricación y uso de chips semiconductores.

Ahora bien, regresemos a la tierra de los 500 años de resistencia indígena… Aquí, o nos ponemos las pilas para tener un papel más relevante en la industria de producción y comercialización de chips o lentamente perderemos competitividad e iremos matando a la joya de la corona que es nuestra industria automotriz. Ya múltiples gobiernos de otros países han hecho anuncios públicos de que específicamente reorientarán sus políticas industriales para revitalizar su sector de producción de chips. Aquí cri-cri-cri.

DPL News
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