Reforma Jorge F. Negrete P.
La capacidad de generar innovación y presionar la aparición de externalidades en la sociedad pertenece a cada generación de tecnología móvil. Hace 12 años estábamos celebrando la llegada de 4G, pero no sabíamos qué efectos tendría en la sociedad y en la economía. Las empresas de telecomunicaciones eran las empresas más grandes del mundo y las más admiradas. Todo mundo quería invertir en ellas y la conectividad se transformó en una preocupación de los Estados. Lo telecom era sexy. En Asia, Europa y América el nombre del juego era conectar a ciudadanos, empresas y gobierno.
Barack Obama entró a la casa Blanca con un Blackberry 3G y en ese instante la mayoría de las plataformas digitales tenían no más de 300 millones de usuarios en sus escritorios fijos. Cuando Obama sale de presidente 8 años después, sale con un dispositivo inteligente Samsung 4G LTE, pero Facebook y todas las plataformas llegaron a más de 2000 millones de usuarios en dispositivos móviles.
Las redes de telecomunicaciones se volvieron mercados y estos mercados se transformaron en globales. Incrementar 100 veces la velocidad de internet, ofrecer una estabilidad de la señal extraordinaria e integrar un servicio a nivel global digitalmente interconectado generó algo que los economistas llaman externalidades. Nace un momento de inevitable y permanente innovación.
Organismos como la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual y el World Economic Forum comenzaron a medir las capacidades de innovación de los países y economías en el planeta. Nuevos modelos de negocio nunca antes vistos se presentaron, particularmente dos conceptos: la era del acceso y la economía colaborativa. Organismos internacionales como la UNCTAD y la CEPAL comenzaron a crear indicadores de una nueva economía, la digital.
Conceptos como propiedad comenzaron a ponerse en duda, los nuevos consumidores ya no quieren la propiedad de las cosas, sino su acceso. Acceso a contenidos intelectuales como videos, películas y música. El florecimiento de plataformas de contenido fue explosivo. Empresas como Netflix, Tidal, Spotify, Disney+, Kindle, Mercado Libre, Amazon, Uber, DiDi, Rappi y decenas más están haciendo crecer una nueva dimensión económica de nuestra sociedad.
Las empresas de conectividad comenzaron a no ser sexys y se les empezó a limitar con sobrerregulación desde muy diversas áreas. Se les sobrereguló en materia de competencia económica, acceso a sus redes, impuestos especiales, incremento de precios del espectro radioeléctrico y protección al consumidor.
Europa lideró un salvaje ataque que dio como resultado una industria de muchos actores regionales, poca consolidación, nula innovación, bajos ingresos y mucho dinero público para subsanar las ineficiencias del mercado. No hay una sola empresa de telecomunicaciones que no haya sido afectada en sus ingresos, flujo de efectivo y modelo de negocio en el planeta. Han desaparecido muchas, unas van en retirada y otras comienzan a consolidarse en diversos mercados.
Las empresas de telecomunicaciones no pueden ser locales, deben jugar en diversos mercados para lograr economías de escala y diversificar riesgos.
En América latina, Entel de Chile se consolida ahí y en Perú. Liberty aterriza en América Latina, Millicom se expande a Centroamérica. Movistar mejoró su perfil de deuda, abandonó territorios y vuelve a invertir. AT&T mejora EBITDA y crecerá en usuarios con Movistar, y nace un gigante regional. América Móvil comienza a generar mejores números después de años de pesadilla y la pérdida de miles de millones de dólares de valor en bolsa. Los operadores de infraestructura fija crecen y son unos gigantes en cada lugar de América latina.
Las externalidades que vendrán con 5G serán de una dimensión mayor a 4G. Sí, me gusta el metaverso, las startups, las Fintech y un sistema de innovación poderoso con ciudades inteligentes, pero esto sólo será posible con la extraordinaria infraestructura de las telecomunicaciones. Las telcos están de vuelta.
Presidente de Digital Policy & Law
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