Excélsior Paul Lara
Cuando uno pasea por las calles de la capital de Israel es importante mirar que por todos lados hay construcciones. Los edificios más antiguos de la zona centro y la de Jaffa están siendo derribados para edificar otros más modernos y de vanguardia, por empresas de alta tecnología que están llegando a impulsar sus desarrollos y la economía de este país asiático o de Oriente Medio, como gusten verlo.
Para nadie es ajeno que Israel es un aliado clave de Estados Unidos, y aunque vende parte de su producción tecnológica a China, el problema que está dejando en el mundo la producción de semiconductores, que vienen principalmente de Taiwán, busca ser resuelto por empresas como Intel, que, además de anunciar a principios de año dos fábricas en Estados Unidos y una en Alemania, ahora suma a esta nación asiática a su cadena logística de producción.
En medio de la guerra entre Rusia y Ucrania, Estados Unidos ha puesto sus ojos firmemente en la potencia de semiconductores de Taiwán, que China amenaza con apoderarse por la fuerza. Sin embargo, dominar parte del mundo tecnológico es una preocupación más para los estadunidenses, que buscan desplegar sus empresas en otros lados del mundo para seguir teniendo jerarquía en Asia, Europa y América.
Uno de los grandes campos de batalla de la guerra de Ucrania y la creciente cercanía de la amistad entre China y Rusia ha sido el espacio de alta tecnología que controlan los chinos y Taiwán.
En la cumbre del G20 en Roma, en 2021, los líderes discutieron la resiliencia de la cadena de suministro de los chips y otros componentes tecnológicos. Han sonado las alarmas en todas las capitales democráticas del mundo, pero especialmente en Washington DC, Nueva Delhi y París, sobre un mañana en el que el crecimiento económico e industrial más moderno puede ser rehén del dominio de China en la industria de los semiconductores.
Israel se va transformado en un actor político clave donde su destreza tecnológica lo convierte en un líder del mundo libre. La compra de Intel de Israeli Tower Semiconductor por cinco mil 400 millones de dólares es un ejemplo clave de la mayoría de edad de la industria israelí de semiconductores.
El 2% de los semiconductores de vanguardia del mundo, de sólo 10 nanómetros de tamaño o menos, se produce en Taiwán. Ésta es una razón por la que la compañía TSMC permanece fuera del radar en la fabricación de obleas de silicio.
Esta firma asiática se especializa en suministrar a empresas que subcontratan su producción, las llamadas empresas de semiconductores sin fábrica. Los chips TSMC están integrados en productos de marca de consumo, como un procesador de gráficos Nvidia o un chip lógico Qualcomm en un teléfono inteligente. El mes pasado, la empresa de tecnología estadunidense Nvidia dijo que la administración de Joe Biden impuso restricciones a la venta de una serie de chips de computadoras de alta tecnología a Rusia y China, ya que pueden usarse con fines militares.
El mismo presidente de EU firmó después una orden ejecutiva para implementar la Ley de Ciencia y Chips por 280 mil millones de dólares para ese año. Esto incluye más de 52 mmdd en subsidios para los fabricantes de semiconductores de EU, en un esfuerzo por contrarrestar la creciente influencia tecnológica de China. Aquí es donde entra Israel.
El esfuerzo de Estados Unidos para desacelerar el ritmo del progreso tecnológico de China va más allá de la inversión en manufactura nacional e I+D y las prohibiciones a las exportaciones por parte de los fabricantes estadunidenses.
La industria de los semiconductores es un ecosistema global complejo. EU domina el diseño de chips avanzados y el equipo que fabrica y la propiedad intelectual que los respalda, pero la fabricación está dominada por Taiwán.
China se ha opuesto a la nueva ley de chips de EU, que tiene como objetivo apoyar a los productores locales de semiconductores. El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Wang Wenbin, dijo que la nueva Ley de Ciencia y Chips adoptada por EU interrumpirá las cadenas de suministro globales y obstaculiza el comercio internacional.
Estados Unidos declaró que la ley tiene como objetivo aumentar la competitividad de las tecnologías estadunidenses y la producción de semiconductores. Sin embargo, esta ley otorga enormes subsidios a las empresas estadunidenses que producen chips e introduce una política diferenciada de apoyo a la industria, algunas de las cuales comienzan a expandirse a otros países de Asia, como Israel, para ganar terreno y protegerse en caso de que China actúe severamente y ponga el riesgo los acuerdos de EU y Taiwán.