Innovación regulatoria: ¿algunos cambios o realmente innovamos?

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Las telecomunicaciones han evolucionado en América Latina. En un inicio estaban conformadas por empresas privadas y extranjeras, posteriormente pasaron por una etapa de nacionalización y a partir de los años noventa empezó un proceso de apertura del sector. El último de estos procesos de apertura se desarrolló en Costa Rica, hace 10 años. Igualmente, la regulación sectorial ha cambiado desde distintas perspectivas; ahora en una etapa centrada en entender las telecomunicaciones como parte de las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC).

Los procesos más recientes en este sentido fueron llevados a cabo en Colombia durante 2019, cuando se creó una ley centrada en regular las TIC. En República Dominicana, durante 2021, se anunció un proceso que permitirá adaptar la regulación de las telecomunicaciones, un marco legal que tiene más de 20 años de formación. Ambos procesos, centrados en formular un marco legal centrado en las TIC.

Sin embargo, los últimos dos años en el mundo han creado un escenario totalmente distinto en la economía. La forma tradicional de producción ha cambiado y se ha acelerado la economía digital. Para tener una idea del traslado de las transacciones económicas, basta con revisar los ingresos de empresas como Amazon y Mercado Libre en América Latina. Ambas empresas no sólo crecieron en un período donde la mayoría no sólo sufrió pérdidas o retrasos, sino que tuvieron que acelerar su transformación digital para ofrecer productos y servicios digitales.

Las telecomunicaciones, las Tecnologías de Información y Comunicación, las redes sociales y los medios digitales están íntegramente relacionados. Basta con revisar cualquiera de ellas para observar cómo se utilizan para intercambiar productos y servicios. Empresas como Netflix no sólo han cambiado la forma tradicional de ver televisión, desbancando a las empresas de difusión por suscripción; canales de TV de paga como HBO y Disney han cambiado su estrategia para ofrecer su contenido digital. Incluso los tradicionales cines han visto cómo su negocio casi ha desaparecido debido a la pandemia y los medios digitales.

Igualmente ha pasado con los servicios de voz. Es más común en estos momentos tener videollamadas o reuniones virtuales por Zoom, MS Teams o Meet que tener una llamada tradicional usando el móvil, menos aún el teléfono fijo. WhatsApp tuvo que incluir videollamadas en su oferta para no perder parte del mercado, ahora cada vez más digital.

Incluso los operadores móviles tradicionales están cambiando su estrategia, separando sus redes de los servicios para centrarse en desarrollar un nuevo modelo de negocio. Todos estos cambios se han presentado en mayor medida desde la pandemia y no se detendrán, como tampoco lo ha hecho hasta ahora la pandemia generada por la Covid-19, la cual también ha evolucionado en distintas cepas más rápido que incluso las vacunas.

Desde mi punto de vista, estamos viviendo una época en la cual los cambios tecnológicos se han acelerado de forma abismal. En este sentido, la regulación debe acelerar su velocidad, ya que es necesario enfrentar este nuevo ambiente con políticas, decisiones y acciones concretas totalmente distintas a las implementadas hasta ahora. Es necesario cambiar el enfoque desde las TIC a un enfoque centrado en la economía digital.

Especialmente, en América Latina, donde la informalidad y el trabajo manual cada vez irán perdiendo valor en el mercado. Existen nuevos actores en el ecosistema digital que hacen necesario promover acciones concretas para permitir su desarrollo. Incluso en la región existen nuevas empresas de la economía digital que han retado a los reguladores a cambiar su enfoque, basta con revisar las empresas que se dedican a la movilidad. Éstas han utilizado un cambio de enfoque en los procesos de contratación de personal, facilitando la formación de emprendedores y no utilizando trabajadores, quienes enfrentan retos importantes porque muchos gobiernos no comprenden las ventajas que ofrecen.

Hace falta un cambio importante en la necesidad de crear emprendedores capaces no sólo de ofrecer sus servicios y habilidades a través de medios digitales, también un cambio en los procesos de seguridad social. Aunque muchos no lo crean, este cambio impacta en los servicios de telecomunicaciones y las TIC. 

No se trata de descuidar los contratos de interconexión entre los operadores móviles y fijos, o los derechos de los usuarios de telecomunicaciones. Sino de entender que ese usuario de telecomunicaciones ahora también es usuario de plataformas digitales, nacionales y transnacionales, las cuales le ofrecen servicios.

Es necesario empoderar al usuario para fortalecer su rol dentro del mercado con mayor poder de seleccionar su prestador de servicios digitales. Especialmente, definir los elementos de privacidad sobre los servicios digitales. Garantizar la privacidad y resguardo de la información recopilada por las plataformas digitales. Así como fortalecer la capacidad de expresión en los medios digitales.

Adicionalmente, centrar la política regulatoria en un cambio de enfoque, partiendo de un modelo tradicional o ex ante hacia la implementación de enfoques ex post. Incorporando acciones proactivas o vigilantes para permitir el desarrollo de nuevos modelos de negocios. Permitiendo la incorporación de los enfoques regulatorios que permitan implementar la innovación en los modelos de negocios, facilitando y ampliando la capacidad del regulador de utilizarlo, adaptado a los cambios constantes en el mercado de servicios digitales, incluido telecomunicaciones.

Es necesario establecer en el marco legal la capacidad de utilizar enfoques regulatorios innovadores, no sólo los sandbox regulatorios implementados en algunos mercados. Enfoques como “espera y veraz”, “prueba y aprende”, “centros de innovación y Reg-Tech” pueden traer enormes ventajas que permitan la aparición de nuevos modelos de negocios.

La mesa está servida. En estos momentos están dadas las condiciones para que los reguladores en telecomunicaciones o servicios TIC asuman la innovación como parte integral de su gestión. Configurando un nuevo marco legal, una nueva institucionalidad y el fortalecimiento de las habilidades digitales y empoderamiento de los usuarios de los servicios digitales, para aprovechar los cambios en la economía que sólo han iniciado su profundidad a partir de la pandemia.