Gran descubrimiento: cables submarinos de fibra óptica pueden ser usados como sismógrafos

Los investigadores emplearon un cable submarino de 20 kilómetros para detectar un terremoto de magnitud 3.5.

Los investigadores de la Universidad de California, en Berkeley, descubrieron que los cables submarinos de fibra óptica existentes en el mundo podrían convertirse en una red de sismógrafos para identificar los movimientos tectónicos de la Tierra que se producen en el océano.

Normalmente, los sismólogos obtienen la mayoría de sus datos a través de instrumentos ubicados en tierra, por lo que nuestro conocimiento sobre la actividad sísmica se reduce a un tercio de la superficie total del planeta.

“Existe una gran necesidad de sismología del fondo marino. Cualquier herramienta que salga al océano, incluso si es sólo durante los primeros 50 kilómetros de la costa, será muy útil”, dijo Nate Lindsey, un estudiante graduado de UC Berkeley y autor principal de la investigación.

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El método que usaron los investigadores es denominada como detección acústica distribuida, que utiliza un dispositivo fotónico para enviar pulsos cortos de luz láser por el cable y detectar la retrodispersión creada por la tensión.

Los cables de fibra óptica utilizan la luz para transportar datos por largas distancias; la luz se puede dispersar y distorsionar si el cable cambia de posición. Al monitorear la retrodispersión, se puede ver exactamente dónde se dobla el cable y en qué medida lo hace.

Esto significa que el cable de fibra óptica es utilizado como si fuera una serie de miles de sensores de movimiento individuales, capaces de detectar la fuente de la actividad sísmica con un alto nivel de precisión.

Las pruebas se realizaron con un cable de 20 kilómetros, propiedad del Instituto de Investigación del Acuario de la Bahía de Monterey. Esta cable se dividió en unos 10 mil segmentos que pueden detectar el más mínimo movimiento de la superficie en la que se encuentra.

Durante la prueba submarina, pudieron medir un amplio rango de ondas sísmicas de un terremoto de magnitud 3.4 que ocurrió a 45 kilómetros cerca de Gilroy, California, y mapear múltiples zonas de fallas submarinas que forman parte de la falla de San Gregorio.

Los resultados de la investigación fueron publicados en la revista Science.