Digital Trends | Shanghai: la dualidad de la smart city número uno del mundo

Artículo publicado en Digital Trends 6 | Smart Cities para el bienestar digital

Una joven de unos 20 años alza la cabeza y mira atentamente la pantalla digital en la estación del China Art Museum, en el distrito de Pudong, Shanghai. Ahí, un reloj indica que el siguiente autobús llegará en cuatro minutos.

Mientras espera, observa el canal de televisión con celebridades asiáticas que se transmite a un costado. Confiada, no vuelve a observar el reloj. Y exactamente a los cuatro minutos, su autobús llega y la joven aborda parsimoniosamente. 

No saca dinero de su bolsillo sino un smartphone, probablemente 5G, y paga a través de la aplicación Alipay en sólo unos segundos.

El tiempo en la ciudad de Shanghai no es relativo. Entre el bullicioso orden que caracteriza al núcleo financiero de China, casi es seguro que puedes llegar de un punto A a un punto B sin contratiempos.

Para quienes crecimos en un país de Occidente donde el “ahorita” puede significar cuatro minutos, una hora, días o meses ―me refiero a México―, estar en otra nación donde no hay que ir en busca del tiempo perdido es una experiencia futurista.

Visité China en septiembre durante el Huawei Connect 2023, el evento insignia de la gigante de telecomunicaciones en su país natal. Y comprobé que lo que se cuenta de Shanghai acerca de su gran desarrollo digital e inteligente es cierto.

Shanghai es considerada la smart city por excelencia. La firma de investigación Juniper Research la nombró en 2023 como la ciudad inteligente más avanzada del mundo, por segunda vez consecutiva, en su ranking anual.

Una ciudad inteligente es aquella que se sirve de las tecnologías digitales y la conectividad para mejorar su habitabilidad, trabajabilidad y sostenibilidad, de acuerdo con el Smart Cities Council.

Aunque no hay consenso sobre una definición acabada, quienes estudian el tema coinciden en que el núcleo de toda smart city son las personas y sus necesidades.

Esto se observa en Shanghai, porque la tecnología es parte intrínseca de la vida cotidiana. La ciudad no sólo tiene una red de transporte, como muchas otras metrópolis, sino un verdadero sistema de movilidad.

Los autobuses son sólo una modalidad de transporte que se integra y conecta a muchas otras: el metro, las bicicletas compartidas, el taxi, el transporte compartido, el ferry o los vehículos privados.

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Metro en Shanghai

Cada modalidad de transporte monitorea el flujo de los viajes y recopila información que permite mantener un servicio más eficiente, predictivo, seguro y, por supuesto, perfectible. Así se sabe exactamente a qué hora llegará el próximo autobús.

La recopilación y análisis de todos esos datos posibilita también que los vehículos autónomos ya sean una realidad generalizada en China. Ver un tren sin conductor es casi tan común como encontrarse con un vehículo eléctrico —con sus distintivas placas verdes— en la metrópoli.

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Vehículo eléctrico en China

La ciudad de las súper apps

Quizá en Shanghai las personas no te entiendan si quieres hablarles en inglés y mucho menos en español, pero todas comprenderán si dices Alipay o WeChat.

Casi cualquier cosa puede pagarse por medio de estas súper apps, que son ampliamente utilizadas en la ciudad, y en las que puedes realizar diversas acciones: desde enviar mensajes, pedir comida a domicilio, comprar, pagar, hasta descargar otras apps.

Todo desde un mismo lugar. Eso sí: lo complicado para los turistas es que hasta ahora sólo está disponible en chino.

Pero la súper app que le ha valido a Shanghai su campeonato en las smart cities, según Juniper Research, es Suishenban Citizen Cloud. En esta plataforma, la ciudadanía puede tener acceso a más de mil diferentes servicios.

Antes de la pandemia por la Covid-19, que comenzó en Wuhan, a más de 800 kilómetros de Shanghai, la aplicación aún no pasaba de los 10 millones de usuarios. Pero la crisis sanitaria potenció su adopción.

Desde esta app, la población podía obtener su Código Personal de Salud, que indicaba el riesgo epidémico de una persona por medio de un sistema parecido al de los semáforos.

En los tiempos álgidos de la crisis, los hospitales se vieron desbordados, pero la ciudad ya contaba con una base tecnológica, que incluye la amplia implementación de 5G, Inteligencia Artificial, digitalización de la salud y robótica. Y echó mano de ella.

Hoy los rastros de la crisis sanitaria son casi imperceptibles. La gente ya no se tapa la boca al estornudar en la calle.

Lo cierto es que, si se volviera a vivir una pandemia, Shanghai estaría más preparada que muchas otras ciudades, con su amplio uso de la telemedicina, sus hospitales conectados y su avanzado sistema de salud digital.

Productividad 5G

Al llegar a Shanghai, desde el avión, se observa el puerto más grande del país como si fuera una moderna maqueta escolar. Ahí se movilizan millones de contenedores de bienes y mercancías, una tarea que hoy se optimiza con tecnologías de última generación.

El puerto se sirve de la tecnología 5G para automatizar sus operaciones. El complejo está equipado con sensores, grúas conectadas a robots y otras soluciones digitales que lo posicionan como un puerto inteligente.

Aunque un puerto no forma parte de la estructura urbana, da cuenta del desarrollo de las ciudades y son una continuación de ellas. Lo que sucede en una impacta en la otra. Si las embarcaciones contaminan, afectará la calidad del aire en la ciudad.

Por eso, una ciudad no puede ser inteligente si sus puertos, que son parte de su productividad, se mantienen atrás.

Lo mismo pasa con cualquier industria. Las smart cities se caracterizan por integrar tecnologías avanzadas en sus procesos productivos, lo cual puede traducirse en mayor desarrollo económico y bienestar social.

Se proyecta que, para 2025, Shanghai tendrá 200 fábricas inteligentes, de las cuales 20 serían líderes a nivel global, según la Comisión Municipal de Economía e Informatización.

Estas fábricas digitales no sólo serían más eficientes y disminuirían sus costos significativamente, sino que serían más seguras para quienes trabajan en ellas y avanzarían en su descarbonización.

El encanto de una smart city

El término smart city se ha puesto de moda alrededor del mundo. Cada vez, es más común que los gobiernos y empresarios tengan la aspiración, al menos en el discurso, de construir una ciudad inteligente.

De alguna manera, pareciera que el concepto se populariza, pero las ciudades que dicen ya ser una smart city tienen la misma cara y siguen con los mismos problemas estructurales.

Shanghai es una ciudad imponente y majestuosa en su dualidad. Por un lado, observamos altos edificios —algunos de ellos, smart buildings— y estructuras modernas como algunas de las que rodean The Bund.

Al mismo tiempo, aún conserva parte de su arquitectura tradicional, y mientras se avanza en la carretera es posible apreciar las edificaciones que son herencia de las dinastías.

Entre esa dualidad, su encanto y su clave como la mayor ciudad inteligente de todo el mundo tal vez reside en que “lo smart” pasa desapercibido. No a los ojos de una turista que pisa por primera ocasión China, sino a la mirada de sus residentes.

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Robot ayudante en restaurante de Shanghai

Cualquier habitante no se extraña si en el restaurante su comida o su cuenta la trae un robot mesero; si el metro no tiene un conductor; si hay cobertura 5G en todos los rincones; o si el edificio donde trabaja tiene un sistema de Big Data que previene accidentes.

La tecnología y los servicios digitales son una columna vertebral en esta ciudad. Controlan la movilidad, el comercio, los servicios públicos, el entretenimiento, los bancos y, hay que decirlo, también la seguridad.

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Estadio 5G en Shanghai

Que haya una cámara de videovigilancia prácticamente en cualquier esquina no es novedad en Shanghai. Todos y todas lo saben. En la tienda de conveniencia, tú mismo escaneas y pagas tus productos. Nadie desconfía pero te observan.

En el metro, hay que pasar las pertenencias por rayos X y hay reconocimiento facial al entrar. Lo mismo sucede en los aeropuertos. Esta amplia red de vigilancia, potenciada por la Inteligencia Artificial —nos guste o no—, es parte también del ecosistema de smart city de Shanghai y le ha valido su título global.Dar un vistazo a lo que está haciendo esta ciudad puede ser útil para entender realmente a qué se refiere el famoso término smart cities, aunque, como dice el proverbio chino, hay que recordar que “distintas cerraduras se deben abrir con diferentes llaves”.

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