Si crees que la adquisición de Warner Bros. Discovery por parte de Netflix (o la contraoferta de Paramount que ya rechazó Warner) resultará en una utopía de entretenimiento donde todo estará en un solo lugar por un precio módico, tengo una mala noticia: la fiesta del streaming accesible y a la carta se acabó.
Esta transacción no se trata de mejorar tu experiencia de usuario; se trata de monopolio, apalancamiento y, sobre todo, de obligarte a pagar la factura de sus deudas millonarias. El consumidor no va a ganar nada con esto; al contrario, estamos presenciando el regreso de la televisión por cable, sólo que con una interfaz diferente.
¿Recuerdan la promesa original de Netflix? “Mira lo que quieras, cuando quieras y como quieras”. El binge–watching (ver maratones) fue la bandera de la revolución. Nos liberaron de la tiranía de los horarios de televisión lineal.
Sin embargo, poco a poco, las plataformas nos han ido “reeducando” para volver al pasado. Ya no somos dueños de nuestro tiempo; volvemos a ser esclavos del engagement.
Para evitar que te suscribas, veas una serie en un fin de semana y te des de baja (el temido churn), las plataformas han vuelto al modelo lineal, o lo que es conocido como la trampa de los 8 días.
HBO (Max), Disney+ y Prime Video ya estandarizaron el estreno semanal. Incluso Netflix ha empezado a partir temporadas en dos “volúmenes” con meses de diferencia. Hemos vuelto a esperar 8 días para ver un capítulo, igual que en la televisión abierta de hace 30 años, sólo para que ellos puedan mantenerte pagando dos o tres meses de suscripción en lugar de uno.
La compra de Warner por cifras astronómicas, que rondan los 83,000 millones de dólares, tiene un efecto secundario inevitable: alguien tiene que pagar esa factura. Y ese alguien eres tú.
Hace cinco años, tener Netflix era más asequible; hoy, tener un servicio Premium sin anuncios cuesta 48% más. Para recuperar la inversión de comprar Warner, Netflix no tendrá otra opción que subir los precios nuevamente.
La consolidación elimina la competencia; si sólo quedan dos o tres gigantes, no tienen incentivos para bajar precios.
Y sí, antes huimos de la TV por cable por la cantidad abusiva de comerciales. Ahora, todas las plataformas (Netflix, Max, Disney+) han introducido planes con publicidad, y constantemente suben el precio de los planes sin publicidad para empujarte a ver anuncios. Hemos cerrado el círculo: pagamos por ver televisión con comerciales.
Podría pensarse que si Netflix compra Warner, tendremos “menos aplicaciones” qué pagar. Falso. La realidad del mercado actual es una hidra de mil cabezas.
Aunque haya fusiones, el mercado sigue fragmentado en nichos deportivos, canales especializados y plataformas regionales. Antes pagabas un solo recibo de cable que incluía todo. Ahora, el usuario promedio necesita una app de películas, otra para deportes, una de música, otra más para contenido infantil, y mucho más.
La suma total de estas suscripciones mensuales ya supera con creces lo que costaba el paquete de cable básico hace una década. Y con la fusión, el poder de negociación del consumidor desaparece.
Si Netflix es dueño de Harry Potter, DC, Friends y El Señor de los Anillos, pueden poner el precio que quieran. ¿A dónde vas a ir?