Telefónica ha anunciado la venta y posterior arrendamiento de un conjunto de cables de cobre como parte de su estrategia de desinvertir en activos fuera del core del negocio en España. Como consecuencia, el operador esperaba noticias de las reglas que le corren por su poder significativo en el mercado, pero la Comisión Nacional de Comunicaciones (CNMC) lo desestimó: se mantienen las obligaciones y no se revisarán, al menos no por esta situación.
El regulador concluyó que la operación “no implica modificación alguna en sus obligaciones vigentes de acceso a la red de cable y tampoco es susceptible de dar lugar a una nueva revisión de los mercados mayoristas relacionados con la red de acceso”. Esto tras una consulta pública abierta a operadores y otros agentes que se desarrolló entre mayo y junio de este año.
La operación consistió en la venta de todos los cables de la red de alimentación de unas centrales determinadas y su inmediato arrendamiento. No se trata de cables en los edificios de los usuarios, puntualizó el ente y amplió que la empresa “sigue disponiendo” de esa infraestructura a través de su arrendamiento. Bajo esos argumentos, las condiciones siguen.
La decisión ya fue notificada a la Comisión Europea, que coincidió en las determinaciones, que incluyen que se apliquen estas mismas valoraciones ante cualquier posible venta posterior de activos de la compañía. Además, Telefónica también seguirá siendo responsable de cumplir los pasos establecidos por la CNMC para el cierre de centrales de cobre.